Y mientras…

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Vivimos en un sexenio en el que el sentido común deja de tener validez. Los temas que deberían ser importantes son reemplazados por otros que no tienen tanta importancia, pero que son útiles para el gobierno en turno. Mientras, las maromas están a la orden del día y vemos como se intenta disfrazar la realidad con cualquier asunto que se le ocurra al presidente.

 

La propaganda nuestra de cada día

Si algo hemos aprendido en el actual sexenio, es que no todos los temas que se presentan en la mañanera son los que se deben discutir en la agenda pública, o no son los que nos interesaría como ciudadanos que se abordarán de esta manera.

Así, mientras la realidad nos muestra su peor cara con inseguridad, virus, desempleo, nulo crecimiento económico y otros asuntos que se suman, en Palacio Nacional buscan difundir los temas de una presidente a quien no le gusta dar malas noticias.

Así…

Mientras se monta un circo con el caso Lozoya Austin y el presidente adelanta algo de la información que el ahora testigo protegido podría aportar y en contra de quien, sin ser autoridad judicial y posiblemente afectando el debido proceso, se denuncia la falta de medicinas en hospitales del ISSSTE, así como antes se hizo para niños con cáncer.

Mientras Donald Trump aceptó que es necesario usar cubrebocas, al tiempo que el Secretario de Hacienda dijo que era parte de la reactivación económica que tanto necesita el país, el presidente dice que no es necesario, dejando en ridículo al miembro de su gabinete, y sigue sin dar el ejemplo en un tema que podría salvar vidas.

Mientras el avión presidencial vuelve al país, luego de millones de dólares desperdiciados en tenerlo en un hangar en Estados Unidos, la cancillería gasta más dólares en rentar aviones del mismo modelo a una línea aérea mexicana, en lugar de utilizar dicho aparato para traer suministros médicos de China.

Mientras un cártel del narcotráfico presume en redes sociales su poderío, amenazando a sus rivales, y las más de 50 mil muertes asociadas a la violencia del crimen organizado, el presidente sólo atina a decir que no caerá en provocaciones, dejando que los delincuentes hagan de la suya.

Mientras su anuncia que se siguen perdiendo miles de empleos formales por la doble crisis de salud y económica, y en contra de opiniones como la de Cuauhtémoc Cárdenas, en el sentido de posponer obras como en tren Maya o el aeropuerto de Santa Lucía, el presidente no sólo no recorta el presupuesto para sus proyectos, sino que se da a conocer que en salud sí hubo disminución de recursos.

Mientras el presidente se regodea pidiendo a quienes firmaron un desplegado en el marco de las elecciones del año entrante que se quiten las máscaras y pontificando que lo que se busca es regresar al pasado de corrupción y privilegios, no se conoce un solo proceso judicial en contra de personas o empresas supuestamente involucradas en la corrupción que presuntamente se daba en el proyecto del aeropuerto en Texcoco, tema que se usó de pretexto para su cancelación.

Mientras el Ejército y la Armada se vuelven pieza clave en la seguridad pública, además de construir aeropuertos y administrar puertos y aduanas, no se conocen los resultados de los programas sociales que, en teoría, iban a incidir en la reducción de la violencia asociada a la delincuencia.

Mientras siguen las denuncias por el aumento de casos de violencia en contra de mujeres o los feminicidios van a la alza, el presidente insiste en asegurar que se respetan los derechos humanos, pero los recursos a INMUJERES o a refugios se recortan.

Mientras se incrementan los pronósticos negativos respecto a la economía nacional, en medio de denuncias de falta de apoyo a empresarios micro, pequeños y medianos, el presidente presume una iniciativa de reforma al sistema de pensiones que obligará a aportar más recursos a los patrones, no al gobierno, en una ceremonia en la que no había una sola mujer.

Mientras salen a la luz pública casos de nepotismo en la administración federal, así como irregularidades en Conade o Notimex, el presidente deja de hablar de esos temas y en lugar de dar el ejemplo de que no tolerará semejantes prácticas, respalda a los señalados.

Mientras se presume que hay un cambio de régimen, una transformación que se anunció y que no debe sorprender, como aseguró Ricardo Monreal, se vuelve al pasado en el cual la única voluntad que importaba era la del presidente, a quien se le tiene que rendir homenaje como el gran guía del país en discursos o declaraciones, como lo han hecho Miguel Barbosa o Mario Delgado.

Mientras aumentan las protestas en giras del presidente, con reclamos cada vez más agresivos, el presidente no deja de hablar de conservadores o liberales, como si estuviéramos aún en pleno siglo XXI, época en la que no hacían falta computadoras o pensar en términos globales.

Y mientras todos esos temas hacen que la preocupación de los mexicanos aumenten por la incertidumbre acerca de lo que pasará en el futuro cercano, muchos tuiteros prefieren exigir el listado de publicaciones de quienes critican esta crisis, pero sin reconocer que no han escrito en sus redes algo del desabasto de medicinas, de los desempleados, de los muertos por el Covid-19 o de la inseguridad que vivimos a diario.

@AReyesVigueras