COVID-19: Contradicciones

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Los opositores a López Obrador se han comprado, entre otros insultos, el de llamarlo mesías. Es interesante el calificativo porque no casa con que pretenden aplicarlo junto a los números de escándalo alcanzados por el COVID-19. Números que cualquiera sabe que provienen de no guardarse en casa y negarse a atender las advertencias gubernamentales, antes que de otras causas directas. No puede concebirse que si el virus incuba en 14 días, la curva crezca si no es porque la gente no se recluye. En los guateques no se ha visto a López Obrador. Culparlo y a López-Gatell es de locos y desde luego, algo enteramente desvergonzado y deshonestamente irresponsable. No son obra de ningún mesías.

Hay quien acusando a López de no ser mesías, porque también hay quien no lo ve así al oponérsele, le atribuye poderes que serían propios, al menos por incitarlos, de un mesías. Por ejemplo: (sin ser mesías) dicen que la gente no se guarda porque ven a López Obrador sin cubrebocas. Hay quien afirma que lo hacen por verlo como mesías. Amén de que uno desconozca a persona alguna que piense con semejante lógica planteada por la parte opositora, lógica por llamarla de alguna manera, es verdad que resulta que son los opositores los que le atribuyen los poderes que ellos mismos describen, aunque no se vean por ningún lado (es decir, pura propaganda) y que lejos están de convertirlo justo en lo que aducen: ser un mesías.

Si lo dicen por eso parecerles, entonces es rebatible y subjetiva su postura. En efecto, las cifras de fallecidos por el COVID-19 son inadmisibles, pero es verdad que hay que mirarlo con más detenimiento. No son atribuibles al mesías y mucho menos podría impedirlas. No nos engañemos. Las fotos de playas llenas, de La Marquesa a tope, de gente abarrotando el centro histórico de la CDMX, solo se pueden explicar por la irresponsabilidad colectiva. Pero asumir en este país no nos gusta. Es un problema cultural y una carencia de valor civil que desemboca en mejor culpar a López. Total ¿qué más da?

Es complicado el pueblo mexicano, así como ver el nexo entre “hagan una vida normal”  y “salgan todos en tropel” que nadie ha pedido. El nexo nadie lo ha probado. Máxime cuando al mismo tiempo se reclama el “quédate en casa” si no tiene que salir y la gente reconoce que ya le urge salir. Y que desde antes, ha sido omisa.  ¿Culpa de López Obrador? Seamos honestos: no.  No se han privado de miles de cumpleaños, encuentros sociales, salir a correr (y tantos sin protección), abarrotar espacios públicos, comerciales y sin cubrebocas. ¿Es que la culpa es de López? Es evidente que no. Decir que sí es un acto de deshonestidad absoluta. ¿Qué? ¿lo quieren a López en las puertas de sus casas, entregándoles la mascarilla que se dejan dentro? No es pilmama de nadie, por cierto.

A esta sociedad le estallará en la cara culpar a López Obrador del incremento de muertos. Si incuba el virus en 14 días, ¿qué ha hecho un amplio sector por 3 meses y medio? Sería mendaz y muy mezquino que la oposición, con o sin partido, se los cuelgue. Irresponsables, pues  ya saben quienes son los verdaderos culpables de estos desastrosos resultados. Sí, no somos Italia ni España, y el incremento de muertos nos debiera de advertir justo acerca de lo que no estamos haciendo como sociedad. Esa es la lectura adecuada de las cifras, no si tenemos comparativos o carecemos de ellos.

Es exasperante ver tanta indolencia en la gente. Ya se comentaba en semanas anteriores la postura sorda de decir: nadie del gobierno avisó. Esta sociedad diría una mentira si dijera que los muertos y contagiados son por culpa del gobierno. Cuando uno ve al ciudadano desprovisto, boqueando sin cubrebocas, saliendo en bola al trámite bancario donde debería de estar solo el interesado sin más o al súper en bola, o abarrotando tianguis y plazas, solo evidencian una irresponsabilidad colectiva que contrasta con quienes se resguardan pudiendo hacerlo, también. ¿El presidente es culpable? No. Los que se abstienen de salir en bola, así lo demuestran. Es un tema también de responsabilidad personal. Pero en cambio hay una sociedad que por razones de taras culturales no suele asumir su responsabilidad y la dirige a otros.

En las fotos de multitudes no se ve a López-Gatell. Un “Búscate a López-Gatell” es necesario antes de culpar al sujeto por que tú no te recluyes en casa. Al sujeto se le oye más decir ‘quédate en casa’ antes que decir ‘abarrota las calles’. Que no se les olvide a quienes las abarrotan sin necesidad, cuando busquen los culpables que les encantan para no asumir su responsabilidad y cuando sus dedos no apunten primero a ellos mismos.

Es una lástima que no haya un estudio que revele en qué andaban los fallecidos. Sí, contagiados de COVID-19 y posiblemente por varias vías. Lo que sería muy oportuno saber es si anduvieron en fiestas o salieron en bola en vez de ir en solitario. Eso daría una mejor dimensión del problema y evidenciaría al simple vociferante que culpa al gobierno o pide la renuncia de López-Gatell antes de apuntar a sus conciudadanos.

La postura de “nos dejaron salir en plena pandemia” es inexacta por tres cosas: a) ¿nos dejaron? Puede ser que se permite, pero no se obliga.  B) Sí y con todas las precauciones. Incluso la de no salir. Hay que molestarse tantito en asumirlas. Cuando uno ve a tanta gente sin cubrebocas, es imposible culpar a un gobierno. C) Hay una actitud también valemadrista. Vecinos que hacen fiestas infantiles que no eran de primera necesidad, salvo por el capricho del niño o la irresponsabilidad de sus padres, los adultos que deberían de ser conscientes. Lo fácil es decir y culpar a otro.

A estas alturas del partido y dado que en efecto, como en todo mundo, aquí las reaperturas pueden hacernos retroceder si se valorara necesario, es que nos arriesgamos a cuarentenas más severas con toque de queda incluido por no respetar las medidas de prevención, cosa que este gobierno ya debería plantearse si no se frena el contagiadero, como no se está frenando. Dejarse de falsos pudores. La clave sigue siendo la misma: evitar contacto, evitar aglomeraciones. La vida no puede quedar sujeta a inacción gubernamental permanentemente, así sea en el nombre de los Derechos Humanos, para justificar no implantar medidas de golpe más severas. Severidad ha faltado y conciencia colectiva, también.

Dejar las cosas en medidas optativas, no es plan. No es provechoso y no es seguridad garantizada para nadie. Y no es científico.

Resulta fastidioso el meme fácil, la vociferación irresponsable culpando a un gobierno de lo mucho que los ciudadanos se han negado a seguir. El modito tampoco agrada proviniendo de tales. Cómo se ve que como anillo al dedo también les ha venido esta pandemia, para lucrar con ella y sacar raja. Lo saben bien, también. Tenemos una sociedad muy irresponsable.