OMT advierte de panorama gris

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Pero las cosas han cambiado… con la idea latente flotando en el aire de un posible reconfinamiento, de cara a otoño, la gente ha dejado de lado su tradicional forma de viajar y de hacer turismo porque sin una vacuna para el SARS-CoV-2,  implica reorganizar de otra forma sus costumbres y hábitos de vida.  Este año, el turismo internacional cumpliría una década de crecimientos sostenidos incluso en algunos episodios creciendo por encima del PIB mundial.

En pleno julio el panorama es demasiado gris y la OMT lo informa: “El turismo internacional se contrajo un 22% en el primer trimestre y podría colapsarse entre un  60% a  un 80% en el conjunto del año; se trata de 67 millones de turistas internacionales menos y  una pérdida de 80 mil millones de dólares”.

“El mundo afronta una crisis sanitaria y económica sin precedentes. El turismo ha recibido un duro golpe y son millones los puestos de trabajo que se encuentran en peligro en uno de los sectores de la economía que más mano de obra emplea”, asevera la OMT.

El propio Pololikashvili maneja tres escenarios:  1) Una caída del 58% del turismo mundial basado en la apertura gradual de las fronteras internacionales y la relajación de las restricciones de viaje a principios de julio; eso significaría una pérdida de entre 850 y 1 mil 100 millones de turistas internacionales; 2) una caída del 70% con una apertura gradual de las fronteras pero a principios de septiembre, se traduciría en una pérdida de entre 910 mil y 1.2 billones de dólares: 3) una caída del 78% con una apertura de las fronteras a principios de diciembre, se verían amenazados entre 100 y 120 millones de puestos de trabajo en empleo directo de turismo.

“Esta es con mucho la peor crisis que el turismo internacional ha afrontado desde que hay registros en 1950. El impacto se sentirá en diversos grados en las distintas regiones y en momentos superpuestos, siendo la región de Asia y el Pacífico la que se prevé que empezará a recuperarse antes”, afirma Pololikashvili.

Las esperanzas están puestas entonces en 2021 y es que el coronavirus  ha llegado para trastocarlo todo convertido además en un enigma acerca de cuánto tiempo deberá la gente  convivir con  él y sin contar con la vacuna, porque si bien podría estar vigente el próximo otoño -una vez sea comprobada su efectividad- sin embargo, pasará tiempo para que todas las personas puedan contar con la dosis aplicada.

A COLACIÓN

Grecia  fue uno de los primeros países en levantar su cuarentena y abrir sus fronteras, es desolador el panorama de las islas helénicas de casitas blancas y azules con apenas unos visitantes.  

Pero ni los drones, el cubrebocas, las playas con las restricciones de dos metros de seguridad, entre bañista y bañista, ni todas las tiendas con gel hidroalcoholico, ni la limpieza impecable en los baños públicos da una confianza a la gran mayoría.

Italia ha sido incluso más agresiva en su campaña para captar viajeros con regiones como Sicilia que ofrecen vuelos de avión gratis y descuentos superiores al 50% en las noches de hotel.

Diversos mandatarios europeos están implementando una serie de estrategias para darle un balón de oxígeno, tanto a la hostelería, como a la infraestructura hotelera.

Hace unos días, el primer ministro británico, Boris Johnson, anunció que reducirá el IVA del 20% al 5% en comidas y bebidas, alojamiento hotelero y atracciones turísticas.

“El Ejecutivo pagará de lunes a miércoles, la mitad del precio de cualquier consumición en bares y restaurantes sin incluir bebidas alcohólicas y hasta un límite de 11 euros por comensal”.

La canciller germana, Angela Merkel, fue la primera en anunciar incentivos fiscales para impulsar el consumo en bares y restaurantes; en mayo pasado dio a conocer una rebaja en el IVA de las comidas del 19% al 7 por ciento.

Por su parte, el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, puso en marcha un paquete de estímulos que incluye “incentivos en forma de bonos” por valor de 500 euros para que las familias con bajos ingresos puedan gastar en estancias vacacionales; en el caso de España, los hoteleros siguen esperando una rebaja fiscal, pero en la Moncloa están más bien pensando en cómo subir impuestos.