El clima social en EU

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La visita del presidente de México a Washington ocurre en un ambiente de discordia sin precedente en EU. En un extremo, está el aspirante a tirano Donald Trump y sus aliados, fascistas instintivos pero ineptos al fallar en cimentar la autocracia que anhelan pues las instituciones los frenaron.

En el otro extremo, una izquierda intolerante, sin el arrojo para defender sus convicciones liberales; los autollamados “progresistas” con doctrinas que nunca fueron liberales; los burócratas de universidades, empresas y ONGs, de creencias blandengues y con pavor de caer en el lado erróneo de la polémica.

Las actitudes de este segmento de la población se ilustran con el cese del editor del Journal of Political Economy por criticar la propuesta del movimiento Black Lives Matter de desfondar a las policías del país, reseñado en esta columna,[1] y la cancelación a muchos oradores con otras opiniones.

Estas historias son importantes porque muestran que un principio toral en una sociedad libre está en peligro: cuando no se puede hablar con libertad no se puede pensar con claridad, y ninguna sociedad puede florecer cuando quienes piensan diferente a la masa tiránica se les acusa de herejes.

Los defensores habituales de la libertad de expresión capitulan ante la masa intolerante que exige para sí el monopolio de ese privilegio pero lo niega a quienes piensan distinto; que rechaza el orden existente para abrirlo a nuevas “jerarquías transversales,” reescribiendo la historia y exigiendo disculpas por los pecados cometidos, cuya lista aumenta con su mayor radicalismo.

George Orwell presagió con tino lo que ocurre hoy con la profanación de monumentos y con las exigencias de los fanáticos, en su gran obra 1984: “Cada libro ha sido reescrito; cada fotografía y pintura han sido retocados; cada calle, edificio y estatua han cambiado de nombre; todas las fechas han sido alteradas.”

Orwell fue enemigo del totalitarismo soviético pero más aún de sus aliados intelectuales en occidente justificando la represión a la libertad, pues mientras admiraban los avances técnicos soviéticos, ignoraban la persecución de Stalin de pensadores y científicos no afines al régimen.

En estos tiempos el furor en las redes sociales, las agrias denuncias de lo que se publica, la cancelación de discursos, las batallas semánticas sobre qué palabras tienen que escribirse en qué género y cuáles con mayúsculas, parecen frívolas ante temas urgentes como el colapso económico, la pandemia y el abuso policial.

Eso es un grave error. Cuando se pierde la libertad en todos los ámbitos, la sociedad se esclaviza y la economía, bajo el férreo control de una burocracia necia, nutrida de una lealtad dogmática y fanática, acaban no solo con la democracia sino con la esencia misma de una sociedad digna y culta.

El martes, 135 distinguidos intelectuales acusaron el “clima de intolerancia emergente.”[2] El drama es que tanto EU como México van hoy por igual camino y la duda es si sus sociedades impedirán la debacle que viene.

[1] Corrección política deschavetada, Junio 25, 2020. Posteriormente, la Universidad de Chicago no encontró méritos en la acusación y reinstaló a Uhlig como editor del JPE.

[2] https://harpers.org/a-letter-on-justice-and-open-debate/