Literatura Imposible 3: El topo

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Óscar González

Tres metros bajo tierra todo es espejismo.

tres metros allá abajo ¿cómo bostezar sin tragar tierra..?

¿Cómo rescatar esos cuerpos que ya se han fundido con el pavimento?

¿Cómo sacar fuerzas cuando se llevan tres días sin comer?

Y uno se afana, se afana más allá del grito de su propio cuerpo. Se afana como si ese montón de carne rota fueran los propios hijos de uno medio enterrados. Y este pensamiento le pega a uno como el cascajo y entonces uno saca fuerzas de donde sea. Y busca en sus entrañas cosas que duelan para despertar, para no dejarse cerrar los ojos llenos de sueño. Y recuerda a su esposa embarazada, a sus niños flacos y lombricientos mirándolo a uno con la misma cara de uno. Y entonces se siente la rabia y uno jala y jala hasta que cree que se le van a desprender los brazos, hasta que deja de sentir las manos entumecidas de tanto escarbar. Y entonces el cemento afloja y uno saca un cuerpo y sonríe, y luego ve los rostros de los compañeros y en sus ojos se da cuenta que no hay esperanza, que ese cuerpo ya no tiene esperanza, que ya nomás es un cuerpo. Y entonces uno siente un nudo en la garganta y hartas ganas de moquear, casi como si se hubiera perdido un hijo de uno. Pero ahí no se puede llorar, uno no se puede dar el lujo de gastar esas fuerzas y vuelve a mirar los rostros de los otros y se da cuenta de que son el mismo rostro de uno. Y entonces se vuelve a sentir la rabia y uno se vuelve a meter en el vientre de la tierra y se olvida del cansancio y del hambre. Y se concentra en ese espejismo de rescatar siquiera una vida, porque entonces esa vida le dará sentido a su propia vida, porque entonces esa vida será la que rescate la vida de uno…