No son las causas, sino cómo las enarbolamos

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A menudo, la diferencia entre el éxito y el fracaso en una gestión política radica en la forma que se comunica y, especialmente, la capacidad de anticipar los argumentos de la otra parte y saber atajarlos. Lo anterior es central a toda estrategia política, especialmente sabiendo que la gran mayoría de las afirmaciones que se hacen son eslogan o propaganda antes que comentarios técnicos o con sustento alguno.

Tomemos el caso del reclamo de diversos gobernadores de oposición para revisar el pacto fiscal, pues dicen no recibir de la federación los ingresos correspondientes a su actividad económica. Como afirman, es urgente contar con recursos para enfrentar la pandemia y ellos actúan en el mejor interés de la población.

Asumamos que tienen razón en su argumento, pero ¿qué tan defendible sería si se pone sobre la mesa el hecho, también indiscutible, que apenas cobran los impuestos que les corresponde según el mismo pacto fiscal? ¿O que años antes los estados competían por eliminar impuestos de su competencia, como la tenencia vehicular?

Demos un paso más: si quieren más recursos, ¿por qué se les deberían dar a ellos en vez de a la federación? ¿Son más eficientes sus estructuras administrativas? ¿Hay mejores condiciones de transparencia y rendición de cuentas, de tal forma que el ciudadano cuenta con mayor certeza sobre el destino de sus impuestos? ¿O sólo es porque ellos sólo quieren usar el dinero para fines electorales, como dice el presidente?

La argumentación del párrafo anterior no tomó en cuenta el hecho de que sus institutos políticos, si no ellos mismos, se encuentran hundidos en el descrédito ante un sector importante de la población. Por lo tanto, si de verdad desean posicionar una causa, necesitan asumir una posición de autocrítica: la apuesta es la calibración de cara al deterioro.

El mismo caso aplica para el anuncio que hizo la semana pasada el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, sobre la creación de los impuestos a la economía digital. A nadie nos gusta pagar impuestos, pero, ¿qué hacer si el argumento usado para presentarlos fue la equidad? Cualquier reacción será descalificada de entrada por los simpatizantes del gobierno como un intento de los “fifís” por proteger sus mal habidos privilegios. Además, un sector importante de la población considera necesario ampliar la base tributaria para negocios establecidos, o incluso actividades que antes no estaban normadas y, por ello, se encontraban en la informalidad.

¿Qué hacer? Hablar claro: contribuir al Estado nos empodera también a exigir. ¿Se puede cambiar el enojo por reclamo? Si se centra en el bienestar de todos,en lugar de hacerse como una queja de un grupo en particular, sí. Por ejemplo, ¿se recabarán 100 mil millones de pesos si no sabemos cómo se ejercerán? ¿Si el ejecutivo puede gastarlos a conveniencia? ¿Si se usarán en programas sin controles? ¿En el momento que se están perdiendo estándares en transparencia?

¿Qué tal si se comienza presionando a los diputados y senadores que aprobaránlas medidas de Hacienda en el paquete económico de 2021? Recuerden: por primera vez en 80 años los diputados competirán para quedarse, lo cual cambia las reglas del juego.

La política es un juego de conocimiento y estrategia, que se juega con la cabeza fría. Calculen sus golpes y palabras.