Los Frutos del Árbol

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Nos lo dice Mateo (7) con claridad absoluta: “Por sus frutos los conoceréis”.

Y es verdad pues no da peras el olmo, ni papayas el manzano. No tiene agua la piedra; no se logra virtud en los pecados, ni domina el amor en la discordia. Vale mucho la obra y poco la maniobra, eso es cierto.

Pero en ocasiones lo olvidamos, o lo olvidan los hombres del poder quienes empecinados en atender embelesados su propia melodía no atienden ni siquiera el dictado de la realidad y se empecinan, entercan, en sus ideas como si estas ofrecieran los resultados invisibles para la realidad.

–¿Cuál es hasta hoy el saldo de la estrategia, por llamarla de algún modo, en la seguridad pública de México?

En lo jurídico, la fractura de la tradición constitucional civilista y el regreso a la hegemonía castrense en materias ajenas a la carrera de las armas.

La creación de la Guardia Nacional con perfil absolutamente militar; fue el primer paso; el decreto ahora impugnado por la presidencia de la Cámara de los Diputados, el segundo y más grave por cuanto normaliza y prolonga lo excepcional.

Hoy lo excepcional es el mando civil.

En lo político, la estrategia de seguridad pone el capricho por encima de la lógica: a la violencia de hoy no se le puede combatir con las esperanzas del futuro. Mientras los jóvenes a quienes se quiere alejar de la violencia están aprendiendo un oficio o sembrando vida, los delincuentes están sembrando muerte.

Las cifras son espantosas: casi 54 mil muertes violentas en 18 meses. Toda una prenda de orgullo para un gobierno cuya autodefinición es el humanismo honesto y veraz.

Esos son los frutos y ese el conocimiento.

La estrategia actual, por llamar de alguna manera a un compendio abstruso de frases y ripios (abrazos, no balazos; becarios no sicarios, etc), tiene un fruto visible: no ha contenido al crimen organizado cuyas actividades son más amplias, más crueles y más dañinas de cuando en el trono se instaló su majestad la esperanza.

Frente a estos señalamientos es lo más fácil, en lugar de resolver las cosas, echar a la hoguera de la venganza a los medios, a los críticos. Ellos no defienden la verdad, defienden sus extintos privilegios. Además de falso es inútil: el problema no está en las páginas de los diarios ni en los dichos de los descreídos. El problema está en la actividad del crimen organizado.

Se puede romper un espejo, pero el objeto reflejado seguirá ahí.

Y así sucede también con la sanidad y la economía, para cuyo análisis haría falta más espacio. Los cálculos alegres, en materia de salud, la estadística por encima de la terapéutica, los datos etéreos del “Centinela” (abandonados con la misma ligereza de cuando se presentaron); las fallas y los maratones verbales de los ineficientes responsables de la atención, tienen también sus frutos: casi 28 mil muertos hasta el sábado. Hoy son más.

Sumemos los muertos por una causa y por la otra y hallaremos en este país una enorme cifra de defunciones, algunas de las cuales debieron evitarse. Nadie sabe cuántas, pero muchas.

En pocas horas comienza la segunda mitad de este desastroso año. Nos llega con intentos criminales dirigidos a los altos mandos policiacos o de la judicatura. Nos sorprende con las peores cifras del desempleo y la más baja expectativa de crecimiento (o desarrollo) económico.

Violencia, enfermedad, pobreza, escasez. Esos son nuestros jinetes y cada día nos llevan a la lectura de nuestro Apocalipsis.

Pero lo peor, quizá, es la incapacidad para rectificar, buscar nuevos caminos, ensayar fórmulas distintas. Persistir en el error se llama contumacia; elevarlo a categoría moral, se llama soberbia.

Y al parecer esa es la enfermedad del gobierno: una infinita soberbia.

“(LJ). – …No nos vamos a dejar intimidar ni vamos a hacer acuerdos con la delincuencia organizada, como era antes, aseguró el presidente Andrés Manuel López Obrador.

“Y es muy importante que quede claro, agregó: Nosotros no vamos a declararle la guerra a nadie, no vamos a usar esas balandronadas; tampoco vamos a violar derechos humanos y no se van a permitir masacres, pero sí vamos a actuar y a evitar que se cometan estos atentados…”

Pues por lo pronto el atentado contra Omar García ocurrió sin nadie para evitarlo.

Y sucedió en la vecindad de la Secretaría de la Defensa Nacional y la antigua residencia de Los Pinos donde aún quedan los cuarteles de la guardia presidencial.

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