Cuaderno de apuntes

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Juan José Vijuesca

El anterior fin del mundo me lo perdí. Recuerdo que ese día lo cogí de asuntos propios y me pilló en un pueblo de Ávila resolviendo cosas que se van dejando. Ahora los mayas nos tenían preparado otra de esas predicciones apocalípticas, esta vez anunciada para el recién pasado domingo 21 de junio de 2020. Me asomé a la ventana con el propósito de presenciar lo nunca visto y allí quedé expuesto haciendo cábalas acerca de las ventajas que tiene lo de vivir en una ciudad como Madrid en donde todos los días son fiesta.

Los mayas fueron muy hacendosos en cuestión de cultura, de hecho crearon su propio y no menos famoso calendario, el mismo que a día de hoy todavía sirve para anunciarnos los fines del mundo. Es de agradecer que estos eventos se conozcan con antelación para coger buen sitio, en casa somos muy de quedar para celebraciones. Mientras llegaba lo anunciado me dediqué a extraer de mi cuaderno de apuntes las múltiples anotaciones sobre el confinamiento. Han sido casi 100 días de sumiso encierro y eso deja argumentos sobrados.

Primero alguien tocó a rebato y el papel higiénico fue la gran revelación. Sobre la psicosis por los rollos de doble capa y suave textura nada que objetar salvo en caso de turbulencias intestinales de fuerza cuatro y gran tropel. Desconozco quien fue el impulsor de esta barbarie, quizás un mal entendido al creer que nos llegaba un global desarreglo estomacal en lugar de un virus irracional. Lo cierto es que el misterio que rodea tal acaparamiento aún está por resolver o al menos ninguna voz autorizada ha sido capaz de pronunciarse al respecto. Yo, por mi cuenta y riesgo, voy a pedir que el papel higiénico sea declarado bien de interés general, y no me atrevo a hacerlo con el premio Princesa de Asturias por una razonable cuestión de higiene mental.

Más tarde, y según mi cuaderno, nos dijeron que el COVID-19 era como una gripe, pero mucho más grave. Que la mayoría lo pasaría sin síntomas, pero que era una amenaza mortal y que no deberíamos temer aunque hubiera miles de muertos. “Lo estamos manejando muy bien -nos decían-, pero no hay que salir de casa, aunque los trabajadores si pueden hacerlo”. Y para comprar no importaba juntarse muchos pero nunca haciéndolo a menos de metro y medio, que luego serían dos los metros para después prohibirnos salir a la calle cuando se tratara de un solo artículo, excepto que fuera el periódico o el tabaco. Prohibido salir a hacer deporte aunque lo practicaras en solitario y tampoco a caminar ni a tomar el sol. En caso de tener perro la cosa cambiaba, se podía salir a la calle tantas veces como el dueño quisiera, aún en contra de la voluntad del perro. Los médicos también podían salir para curarnos y los aplaudimos por su condición de héroes, pero eso sí, increpándoles para que se fueran lejos del edificio en donde vivían. También podías dormir en la misma cama que tu pareja, pero no estaba permitido ir por la calle cogidos de la mano ni entrar juntos a comprar, pero sí estaba autorizado regresar con ella a tu casa, lavarte las manos, y de nuevo compartir la misma cama e incluso practicar el Kama-sutra.

Las mascarillas no sirven, bueno si estás contagiado sí, pero puede ser peor usarlas si no estás contagiado, pero como no sabes si lo estás es mejor no usarlas, pero son obligatorias. Y cuidado que no todas las mascarillas valen, pero mucha precaución al quitártela que te infectas o puedes contagiar a los demás. Hay que parar el contagio, pero no importa porque el 70% nos contagiaremos al final, pero no hay que dejar que crezca la curva aunque ya el virus estaba entre nosotros desde meses atrás y la mayoría lo hemos pasado y aquellos que lo pasaron son inmunes, pero hay casos que vuelven a dar síntomas y además regresaron a la cuarentena.

Se insiste sobre la prioridad de no acudir al hospital si no es urgente porque están colapsados, pero si tienes síntomas debes ir pero lo más probable es que en casa lo pases sin problema y sea peor ir al hospital, pero mejor llama para confirmar y te dirán que no vayas que ya te avisarán, pero que si no vas te puedes morir. No visites a los parientes mayores porque es peligroso para ellos, pero ve a hacerles la compra a los vecinos mayores porque ellos los pobrecitos no pueden recurrir a sus familiares dado que éstos tienen prohibidas las visitas. Eso sí, ayúdales como buen vecino pero cuando vayas al supermercado con la lista de tu vecina no olvides que es un sitio muy peligroso y lo mismo te contagias y luego infectas a toda la comunidad de vecinos. Tú verás porque hay que ser responsables con los demás.

Ha vuelto el fútbol como elemento de máxima necesidad, eso sí, con los campos vacíos de espectadores para evitar la propagación del virus. Son muchas las euforias contenidas y las gradas podrían convertirse en zonas demasiado calientes, sin embargo los jugadores si pueden abrazarse entre ellos, incluso escupir al césped como aliviadero vírico. Mientras tanto don Pedro Sánchez dice que gracias a él y a su estado de alarma se han salvado en nuestro país 450.000 personas, lo que demuestra que parece más fácil contar los que no, que los que sí. Y si no que se lo digan al ministro de Sanidad Salvador Illa, que aporta hasta con decimales la evolución del tabaquismo durante la pandemia del coronavirus. Un 6,37 por ciento han dejado de fumar, mientras que un 5,98 por ciento redujeron el consumo –ha dicho. Curiosa réplica en las redes: <<No sabéis ni los que han muerto y vais a saber los que han dejado de fumar>>

Ahora mismo son las 0,00 horas del día 22 de junio y todo sigue tal cual. Está claro que lo del fin del mundo también es mentira. Para mí que los mayas se lo tenían un poco creído y que lo de mentir es algo que viene de antiguo. Eso sí, fin del estado de alarma. Algo es algo.

Escritor español.

Publicado originalmente en elimparcial.es