Análisis semanal: 29 de junio

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Uno de los efectos de la pandemia que azota al mundo, es la pérdida de millones de empleos, uno de los signos más claros de la crisis que vivimos. Si bien se trata de un efecto difícil de contrarrestar, el asunto se torna más grave al considerar que en algunos países el apoyo a los trabajadores y empresas fue nulo.

Es el caso de México, en donde por razones más de índole ideológica se negó el apoyo para las empresas –del tamaño que sea– y para trabajadores, algo que va con la línea marcada de despidos previos de muchos empleados de gobierno federal y una austeridad que cada vez se vuelve más criminal al reducir todo lo que se pueda.

Detrás, la ideología por sobre la razón, pues el mandatario actual antepone sus creencias –odio hacia los empresarios y una concepción caduca del mundo en general– por sobre su responsabilidad como jefe del Estado mexicano.

Así, son millones los que han perdido sus empleos y que se quedan sin el apoyo necesario para mantenerse, así como a sus familias, en este época de crisis.

Se argumentará que sí hay programas y apoyos, que se han anunciado desde Palacio Nacional, pero no son suficientes para la gravedad y ya se presentan quejas sobre la posibilidad de adherirse a ellos.

Con todo, la visión ideologizada del presidente hace que la crisis que vivimos sea más grave que las anteriores, a pesar de su desbordado optimismo, sus otros datos y de la burbuja en la que vive.

El meme de la semana

La imagen de la semana

Así en Durango con este tipo de fenómenos.

Conspiracy Theory

Algo curioso sucede en torno a Morena. Yeidckol Polenvsky es denunciada por manejos irregulares del presupuesto del partido, Alejandro Rojas Díaz Durán es suspendido de sus derechos partidistas por seis meses, Ricardo Monreal sufre el embate del doctor Ackerman, quien pide que sea destituido de la coordinación de senadores morenistas; en Puebla, el presidente ningunea al gobernador Barbosa y se difunde una denuncia de malos manejos en Morena de la entidad.

Y no contamos la revelación de las propiedades inmobiliarias de la pareja Ackerman-Sandoval o la denuncia por la manera en que han aumentado los ingresos, por actividades en el sector privado, de Olga Sánchez Cordero y Alfonso Durazo, ni la denuncia de las casas de Bartlett o las dudas acerca de cómo consiguieron el dinero para volverse empresarios cerveceros los hijos del presidente o lo de Carlos Lomelí y sus empresas.

Total, que los que prometieron ser diferentes han resultado similares a los que estuvieron antes, pero eso sí, de piel más sensible ante la crítica.

@CronicadelPoder