Monsiváis y la izquierda y el debate que perdió con Octavio Paz

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A diez años de su muerte, las redes reventaron con mensajes parecidos en torno a una frase: qué diría Carlos Monsiváis de lo que hoy ocurre. El sentimiento afectivo por el escritor ha llevado a ciertos grupos a buscar en el pasado lo que no pueden encontraste en el presente.

Monsiváis diría lo que ya sabemos que diría: algún chiste con sesgo político, alguna salida ingeniosa, una frase para salir del atolladero de la toma de posiciones, tal vez una insidia contra algún funcionario. Pero nada más. Monsiváis no fue un pensador político, fue un crítico del poder desde la burla.

Si se quiere ser ingenioso podría calificarse a Monsiváis como un escritor del género del modelo La Cucaracha. Es decir, un intelectual-cucaracha. Pero no usando la palabracomo defenestración, sino para tipificar su propuesta de periodismo de crónica crítica, En la película La Cucarachaaparece María Félix como una jefa revolucionaria en un combate contra los federales y de pronto su tropa le grita que ya no hay municiones y que qué deben hacer, y ella les responde, con su voz bronca y ronca: “¡pues miéntenles la madre que también les duele!”

Las crónicas de Monsiváis, sus columnas Por mi madre, bohemios y El consultorio de la Dra. Ilustración era justamente eso: no una crítica destructiva del adversario, sino una mentada de madre de ésas que duelen. Y eran tan divertidas esas burlas, que, lo cuenta el propio Monsiváis, los burlados le hablaban para felicitarlo.

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Monsiváis no fue un intelectual tradicional, es decir, un ensayista, un articulista formal. Por eso extrañó que en diciembre de 1997 retara a un debate a Octavio Paz, entonces ya la figura número uno del pensamiento cultural mexicano y uno de los más severos críticos del socialismo autoritario soviético-cubano. A propósito de su Premio Nacional de Letras, el máximo galardón intelectual que otorga México, Paz le dio una entrevista al director de Proceso, Julio Scherer García, y ahí todo tres temas fundamentales:

–El intelectual puede colaborar con el gobierno, “a condición de guardar las distancias del Príncipe”.

–La izquierda en México no existía como posicionamiento ideológico porque dependía del dominio ideológico del Partido Comunista de la Unión Soviética.

–El socialismo es quizá la única salida racional que tiene la crisis de Occidente.

Monsiváis contestó a Paz con un artículo y se armó una breve polémica: dos artículos de respuesta de Paz y tres de Monsiváis, pero de manera lamentable Monsiváis, sin formación teórica en el pensamiento político, se ahogó en acusaciones contra Paz que carecían de sustento real. Más que una polémica de ideas y de posicionamientos sobre el socialismo, Monsiváis quiso hundir a Paz en el pensamiento de derecha, pero Paz se salió con su afirmación de su fe en el socialismo, aunque con tres condiciones: inseparable de las libertades individuales, de pluralismo democrático y del respeto a las minorías y los disidentes.

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El debate Paz-Monsiváis quedó en el olvido, a pesar de que, con todo y los resentimientos personales de ambos, sí hubo tela de donde cortar. Paz insistió mucho en el fracaso de la izquierda mexicana y Monsiváis salió con el modelo argumentativo de Jean-Paul Sartre en El fantasma de Stalin de 1947: el socialismo y sus ideales puede aguantar una represión autoritaria de Stalin. Así en México: habría que reconocer el sacrificio de muchos militantes de la izquierda como para mirar a otro lado que no fuera Cuba y la URSS y sus disidentes encarcelados.

El gran debate de la izquierda socialista-priísta-intelectual-estalinista con Octavio Paz fue la relación socialismo-izquierda. Y Paz no sólo fue excluido del paraíso socialista, sino que lo enviaron, sin merecerlo, al infierno derechista conservador, reaccionario, liberal.

Por alguna razón, quizá por la vergüenza de la izquierda acerca de sus propios pecados, un texto de Monsiváis en 1999, dos años después del fallecimiento de Paz, que publicó la revista Letras Libres(https://www.letraslibres.com/mexico/octavio-paz-y-la-izquierda) ha pasado desapercibido para intentar un corte de caja sobre el pensamiento político de Octavio Paz: la izquierda ya no se asume de derecha, sino que le reconoce sus avances en la reflexión ideológica. El ensayo de Monsiváis debiera ser leído vis a vis su debate con Paz en Proceso en diciembre de 1977 y enero de 1978.

Ya sin Paz como interlocutor y debatiente, el texto de 1999 de Monsiváis puede caracterizarse como un autodiálogo a una sola voz. Luego del debate en 1978, sin el padrinazgo de Echevarría, los intelectuales del sistema político priísta simpatizantes del nacionalismo revolucionario quedaron en el vacío institucional: Echeverría los usó, López Portillo los desdeñó y el país se fue por la ruta del ilusionismo petrolero del cual, por cierto, Paz había advertido, como López Velarde en Suave Patria y los veneros de petróleo que nos había escriturado el diablo. Paz le dijo a Scherer en 1978: “cierto, tenemos el petróleo. Puede aliviar nuestros males, no curarlos. Agotado, la recaída será peor”.

López Portillo metió al país a la zona de industrializaron desordenada y de petrolización del gasto, los intelectuales pasaron a segundo pensamiento y entraron los políticos como Heberto Castillo Martínez y el Partido Comunista Mexicano con intelectuales y economistas no preparados para el debate parlamentario.

Pasó López Portillo.

Pasó De la Madrid.

Llegó Salinas y su seducción a los intelectuales.

El país entró en una larga crisis económica 1973-1994, el modelo del nacionalismo revolucionario populista derrotado en el relevo en las élites, la ola neoliberal De la Madrid-Salinas llegó como huracán sin control, la izquierda reapareció como fantasma en el EZLN armado del subcomandante Marcos y no cayó en esa trampa guerrillera. El mundo cambió en 1989-1991 con el desmoronamiento del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética como patria universal del marxismo. La secuela en México dejó otra polémica: en 1991 Octavio Paz organizó un Encuentro en la Libertad para debatir el mundo después del comunismo soviético y en 1992 la revista Nexos como heredera de La Cultura en México preparó el Coloquio de Invierno con recursos públicos y la lista de invitados depuró disidencias incómodas. Paz contestó con el texto “La conjura de los letrados” y el debate opacó el contenido del Coloquio, por demás depresivo por la falta de la idea socialista y por el (auto) lucimiento de las figuras invitadas, con una temática sin ideas-fuerza.

Paz murió en 1998. Monsiváis rompió con Aguilar Camín y la revista Nexos y apareció, toda dialéctica es redonda, en Letras Libres de Enrique Krauze, hija de Vuelta y nieta de Plural. En la edición de abril de 1999, Letras Libres dedicó la parte central a recordar a Paz bajo el título de “El futuro de Octavio Paz”. Y ahí apareció un texto de Monsiváis, entre los de algunos de sus viejos adversarios ideológicos. Pero así es la cultura… y la política cultural. El texto de Monsiváis, “Octavio Paz y la izquierda”, nada menos, pero nada más, se puede resumir a una frase del propio Monsiváis: “la caída del muro de Berlín le da la razón a Paz y permite reconstruir el proceso de la aspereza, las reconvenciones o los brotes de intolerancia respecto a él”.

O sea: Paz tuvo razón en la polémica con Monsiváis de diciembre de 1977, pero con un reconocimiento doblemente tardío: porque no se le reconoció en 1989 cuando se derrumbó el Muro ni tampoco en su muerte en 1998. 1999 quedó demasiado lejos.

¿Valen de algo los reconocimientos post mortem? Sólo para el investigador minucioso en la soledad de su escritorio lleno de papeles subrayados. El texto de Monsiváis en abril de 1999 en la revista Letras Libres, a boca del cambio y la alternancia del régimen priísta que había cobijado a los intelectuales, fue un –en el estilo Monsiváis–, “chin, la verdad que al final tuviste razón, ni modo”. Que quede pues para la historia de las minucias intelectuales.

En su texto en Letras Libres, Monsiváis enumera cuando menos diez –sí, diez, ¿son muchas?, o pocas, diez, contaditas, una por una– reconocimientos a que Paz tuvo razón. Ya para qué: Paz estaba muerto, el Muro de Berlín había sido demolido con picos y palas de las frustraciones, venganzas y sentimientos de los encerrados en el Este alemán, en 1991 había desaparecido la URSS, el debate capitalismo-socialismo estaba liquidado, la izquierda en todas partes no sabía donde esconderse por el papelón que hicieron convirtiendo a Moscú en la Catedral del comunismo. Pero bueno, en fin, algo es algo.

La lista monsivaisiana:

1.- Por el debate en torno a Gide por su Retorno de la URSS, Paz se va distanciando de la izquierda estalinista.

2.- A Paz lo determina en alto grado su observación de esta izquierda, y mucho tiempo después seguirá reconociendo en los grupos progresistas los rasgos del letargo estalinista.

3.- Paz fue el “único funcionario que discrepa abiertamente de la impunidad homicida del régimen”. Y Paz niega ser líder moral, aunque aboga por la democracia.

4.- Paz es la figura más relevante, entre otras, cosas, por la solidez de su examen del socialismo real.

5.- La caída del Muro de Berlín le da la razón a Paz.

6.- Su puntual seguimiento de las tribulaciones de la izquierda es, con frecuencia, exacto y devastador.

7.- Paz es exacto en su diagnóstico: “la regeneración intelectual de la izquierda sólo será posible si pone entre paréntesis muchas de sus fórmulas y oye con humildad lo que dice realmente México, lo que dicen nuestra historia y nuestro presente. Entonces recobrará imaginación política”.

8.- La imaginación se le exige a la izquierda debido a una insistencia primordial en Paz: la relación entre política y moral. Si la izquierda se olvida de sus planteamientos éticos se olvida de su razón de ser.

9.- Paz es irrefutable al criticar a los intelectuales que no alcanzan a creer que el socialismo puede inspirar el terrorismo y culpan a la CIA de secuestros y crímenes.

10.- Paz critica al PRD y al EZLN y el subcomandante Marcos. Pero así la izquierda discrepe de sus tesis, las comparta a medias o maneje otros elementos de juicio, en los años últimos la confrontación viene muy a menos. Es vastísimo el aprecio a la obra de Paz y sus aportaciones a la democracia, y las discrepancias, por numerosas y significativas que sean, no impiden la continuidad ya sin fracturas del diálogo, abierto entre sus páginas.

Paz fue la primera reconsideración de Monsiváis. Luego vendría su crítica a Fidel Castro en términos analíticos de Octavio Paz: si, sí fue una dictadura, o qué, al fin ya no la apoyo.

Hasta aquí llegamos. Esta nota refiere la polémica Paz-Monsiváis de diciembre de 1977 y enero de 1978, una historia de la historia de los intelectuales mexicanos.

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