El caso Paulette, el pico del iceberg de la impunidad en México

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Armando Hernández

Pasaron ya 10 años de la muerte de la niña Paulette Gebara Farah. Se trató de un caso que cimbró en los medios de comunicación a nivel nacional, a la clase política y al sistema se justicia, por lo menos en el Estado México.

La noche del 21 de Marzo de 2010, después de un fin de semana en Valle de Bravo, Paulette fue llevada a su recámara, fue la última vez que se le vio con vida, de ahí, se desató todo un caso que dejó un capítulo inverosímil de la justicia en México.

En entrevista con La Crisis, el periodista y escritor Martín Moreno, autor del libro Paulette, lo que no se dijo, revivió aquel momento e hizo una retrospectiva del suceso, al tiempo de evaluar cuánto ha cambiado el entorno político y de seguridad en nuestro país.

Martín Moreno

Impunidad, la misma de hace una década

“Lo primero que pasa por mi cabeza es la palabra impunidad, fue un caso muy doloroso y mediático por la forma de cómo se dio. Yo saqué este libro (Paulette, lo que no se dijo) en base de averiguaciones previas, donde se revela y se exhibe la confesión de los padres, pero la investigación no tomó ese rumbo”, narró.

De acuerdo a Moreno, las declaraciones de los padres de la niña de cuatro años fueron muy explícitas y los inculpaban, “Mauricio Gebara (padre de la menor) decía que él sabía dónde estaba su hija, pero que necesitaba ayuda judicial, mientras que Lisette Farah (madre) también conocía el paradero de la menor, pero decía que la culpa era de su esposo y que él había planeado todo”.

Incluso, en las declaraciones de los policías ministeriales a cargo del caso, se indicó que durante las conversaciones Mauricio manifestó «de manera desesperada que él sabía dónde se encontraba la menor y que para decirnos donde se encontraba solicitaba que le dieran garantías ya que temía verse involucrado con un problema”.

Al final, la explicación oficial fue que la menor por sus propios medios se desplazó sobre la cama y cayó accidentalmente de cabeza entre un espacio que había a los pies de su cama, donde murió asfixiada y donde permaneció nueve días sin que lo notaran las numerosas personas que revisaron la estancia. De acuerdo con los resultados de la necropsia, la menor falleció por las alteraciones viscerales y tisulares producidas por asfixia mecánica por sofocación en su modalidad de obstrucción de orificios de respiración y compresión torácica.

Cauteloso, pero directo, Martín Moreno deja ver que el final de este caso desnudó una red corrupción e intereses, “Hubo una red de complicidades, es vidente que había una protección hacia Mauricio, el entonces procurador Alberto Bazbaz siempre se aferró a culpar a Lisette”.

“Según mi investigación, siempre hubo una inclinación de culpar a ella y exculpar al padre. Mucho se habla de los posibles relaciones políticas de Mauricio, de su familia, con los Del Mazo, Montiel, pero en ese momento, no me centré en eso, porque era desviar la atención del verdadero caso, la desaparición y muerte de una niña de 4 años d edad”, detalla.

“No sabemos si fue por dinero, por vergüenza, por nexos familiares. El gran problema es que fueron ellos (los padres), quienes escondieron a la niña. A pesar de esas confesiones, no se hizo nada, no se les abrió ninguna investigación y siguen libres a pesar de todo. Yo no sé cómo pueden vivir, sabiendo que desaparecieron a su propia hija”, continuó.

Las amenazas de la familia y el buscapiés de Castillo

En su momento, tras la publicación del libro Paulette, lo que no se dijo, y principalmente por ser ‘incómodo’ a la versión oficial, Martín Moreno confiesa que intentaron desacreditarlo y a 10 años del caso, aún recuerda esos pasajes que experimentó, “Quisieron desmentir el libro, no lo pudieron hacer porque está bien documentado, no había espacio para una demanda”.

Además, relata que hubo hostigamiento muy fuerte de la familia de Lisette Farah, “diario me mandaban mensajes, jamás contestaba, por recomendación de mis abogados, hasta que una vez sí abusaron y respondí que a mí no tenían nada que decir, sólo hice una investigación, a quienes tenían que reclamar es a Mauricio y a Lisette, porque ellos desaparecieron a la niña”.

“En otra ocasión, el ya procurador Alfredo Castillo me mandó un mensaje, quería comer domingo, pero quería que fuera a Toluca y no, imagínate, voy en la carretera y se me cierra un tráiler. Sólo respondí que si quería reunirse conmigo sería en la Ciudad de México, en un lugar público y con un testigo en la mesa… nunca se dio la reunión”, relató.

Alfredo Castillo Cervantes fue la mano derecha de Alberto Bazbaz, titular de la Procuraduría General de Justicia estatal (PGJEM) en ese momento y fue el agente encargado de la investigación de Paulette. Tras la renuncia de su superior, se convirtió en el titular de la dependencia y quien puso fin al caso con la conclusión del ‘accidente’.

 

El caso Paulette y la cara factura que pagó el PRI

De acuerdo a versiones periodísticas, la investigación de la niña Paulette incluyó 100 agentes de la Policía Judicial y de la Ministerial, 23 peritajes en distintas especialidades, 6 exámenes de poligrafía, se analizaron 16 cámaras de video, se practicaron 32 entrevistas y se hicieron 66 inspecciones ministeriales, el resultado… todo fue un accidente.

A 10 años de ese veredicto, Moreno aún muestra su descontento y arremete con el sistema de justicia, “Es evidente que (los padres) pudieron evadir la justicia gracias a esa red de complicidades y contactos con la clase política mexiquense y sabemos que dentro del mosaico del priismo… ha sido la más corrupta, la más nociva y abusiva del país. Entonces esta clase política pudo haber intervenido para proteger a Mauricio y para que no se siguieran las investigaciones”.

Sobre el papel de Enrique Peña Nieto, gobernador del Estado de México en ese momento, el escritor menciona que indirectamente también fue parte de ese encubrimiento, “porque había una confesión y esa pirámide política era imposible que no se enterara; sin embargo, hubo un control de daños, supieron manejarlo, a pesar del caso Paulette, los feminicidios y la corrupción, Peña fue un producto de la TV que pudo llegar a la presidencia”.

De acuerdo a datos del semanario Proceso, en el sexenio en que Enrique Peña Nieto ejerció como gobernador del Estado de México (2005-2011), existen averiguaciones por mil 997 mujeres asesinadas, mientras que de 1990 y 2011, la entidad ocupó el primer sitio en tasa de mortalidad por agresiones a mujeres, por encima de Chihuahua, con Ciudad Juárez como principal referencia.

Sin embargo, Martín Moreno asegura que la factura la pagó tarde o temprano el Partido Revolucionario Institucional (PRI), como sucedió en 2018 en Atlacomulco, cuando el candidato de la coalición “Juntos Haremos Historia”, José Martín Roberto Téllez Monroy, le arrebato el bastión político del PRI a Joel Huitrón Colín.

Atlacomulco de Fabela es considerado como epicentro del priismo en la entidad y a nivel nacional, ya que de este municipio mexiquense han emanado gobernadores del Estado de México, con nombres como Alfredo del Mazo Vélez, Arturo Montiel Rojas y Enrique Peña Nieto.

10 años después, la corrupción, como en el caso Paulette, sigue y… seguirá

Si bien reconoce que el caso Paulette fue un ejemplo de un ajuste de cuentas en el ámbito político, donde han pagado tanto los partidos, como sus candidatos, Martín Moreno asegura que México está lejos de cortar ese hilo de corrupción, mismo que dejó sin castigo a los asesinos de Paulette.

“He visto mucha saliva, mucha verborrea, muchos ataques, muchos disparates desde Palacio Nacional, sigo viendo la misma corrupción que cuando investigué el caso Paulette, no le veo diferencia de fondo, son diferentes estilos, pero el resultados es el mismo”, asegura.

“Hay mucha impunidad, las estructuras en el poder que son cómplices, por ejemplo, en este gobierno (de Andrés Manuel López Obrador) se han dado más licitaciones directas que en sexenio de Peña, entonces para qué tanto discurso y terminarás haciendo exactamente lo mismo”, prosiguió con un dejo de molestia.

Para el periodista, la clave una mayor y efectiva voluntad política para ir a fondo, para terminar la corrupción, acotar la impunidad, la injusticia, la inseguridad, la violencia. “Hoy se piensa que con bajar sueldos a políticos se acaba la corrupción, pero ya vieron que no”.

“Al inicio de esta administración hubo una lamentable declaración, que ‘no es tarea del gobierno atrapar a los capos’, ¿Entonces de quién es tarea? ¡Claro que su tarea!, es parte de la lucha contra el crimen organizado que se tiene que hacer”, argumenta.

“No veo cambios, veo un retroceso, los cifras lo dicen, hemos vividos los días más violentos de la historia. Nuestro Presidente podría decir misa, pero los números dicen otra cosa. En 18 meses de gobierno, la violencia está por encima no sólo de la administración de Peña Nieto, sino de la Felipe Calderón”, detalla.

Según datos oficiales, durante el primer año de la administración de Andrés Manuel López Obrador fueron asesinadas 34 mil 579 personas; esta cifra es superior a los 33 mil 743 homicidios dolosos que se registraron en 2018 con Enrique Peña Nieto y los 27 mil 213 asesinatos que ocurrieron en 2011, el año más mortífero de Felipe Calderón, en la llamada “guerra contra el narcotráfico”.

“Tenemos un presidente ciego, sordo y mucho, que no quiere ver la criminalidad, prefiere saludar de mano a la mamá del Chapo Guzmán, que es una ofensa, un agravio a todos los civiles que han muerto como daño colateral de la violencia”.

“López Obrador ha dicho que los pobres son delincuentes porque tienen necesidad, no tiene idea de lo que está diciendo, lo que mueve al crimen organizado es la conquista de territorios, el dinero, el poder, no es una lucha de pobres o ricos. En materia de seguridad, este sexenio francamente yo veo que será el peor, todavía en comparación que los anteriores…” concluyó.

@soyharmando