Manuel Camacho, intelectual orgánico Entre Maquiavelo y Gramsci Segunda parte

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Las batallas democráticas

Camacho no fue un funcionario complaciente. Como hombre de Estado, de política y de poder, se fijó el objetivo de construir un régimen democrático con desarrollo económico y bienestar social. En el gobierno de Miguel de la Madrid operó negociaciones clave (con los damnificados de los terremotos y con la oposición para validar las elecciones de 1988) y en el gobierno de Salinas de Gortari tranquilizó la capital de la república y le volvió a dar al PRI la mayoría electoral.

La batalla definitiva de Camacho ocurrió en el gabinete entre el bloque económico neoliberal comandado por el superasesor Joseph-Marie Córdoba Montoya y el bloque solitario —sólo Camacho— que apelaba a la distensión política ante el autoritarismo excluyente de la propuesta de mercado. Al final, en una explicación de que por qué Camacho no había sido el candidato escogido, Salinas de Gortari afirmó que Camacho se había aislado en el gabinete y estaba enfrentado con todos los demás.

En efecto, así hacía sido, Sin embargo, la esencia no era el conflicto en sí, sino los enfoques de opciones. Camacho no negaba la funcionalidad del mercado, pero decía que había que ofrecer un espacio de mayor democratización política. Los neoliberales de mercado no querían democracia porque suponían que la democracia detendría la construcción del modelo de mercado. El espacio capitalino de Camacho era muy estrecho para fijar líneas estratégicas y Salinas estaba convencido que la segunda etapa del modelo neoliberal, después de la primera con De la Madrid, tenía poco tiempo para instaurarse.

Colosio se cocinaba aparte. Salinas lo había venido construyendo en áreas clave: la campaña de 1988, la presidencia del PRI para liquidar el concepto de Revolución Mexicana en 1992, la creada —para él— Secretaría de Desarrollo Social y la candidatura. Salinas de Gortari tenía muy clara las tres líneas tácticas de su sucesión: personal, de grupo y de proyecto económico. Colosio fue cincelado para ser un político priísta, pero con perspectiva neoliberal. Por su aislamiento en el gabinete y sus comportamientos a veces de superioridad con el presidente, Camacho estaba descartado para la presidencia, pero siempre mantuvo las expectativas positivas. Colosio fue hecho candidato en noviembre de 1993, días antes de la visita del vicepresidente Al Gore, y Camacho se negó a cumplir con el ritual del besamanos del gabinete. Luego de una conversación dura y amenazante, Salinas obligó a Camacho a quedarse en el gabinete y lo designó secretario de Relaciones Exteriores. En enero estalló el alzamiento zapatista en Chiapas, el 10 de enero Salinas optó por la salida de pacificación de Camacho y no por la opción militar de Córdoba.

Durante más de dos meses, Camacho centró la atención pública —en un movimiento maquiaveliano— en su negociación, mientras la campaña de Colosio naufragaba en la mediocridad. Con astucia, Colosio negoció con Camacho y al final lo convenció de una alianza sustentaba en un eje: construir desde la presidencia de Colosio la transición de México a la democracia real. Horas antes del asesinato del candidato Camacho había aceptado el ofrecimiento de Colosio de la Secretaría de Gobernación. Ese acuerdo trastocó el modelo sucesorio de Salinas: personal, de grupo y de proyecto. Colosio pasaba el modelo económico a segundo plano y focalizaba su propuesta en la política, tal como lo dibujó sin disfraces en el discurso del 6 de marzo. El bloque neoliberal quedaría fuera del gabinete.

El asesinato de Colosio volvió a central la sucesión de 1994 en el proyecto económico. Camacho había logrado que el subcomandante Marcos aceptara una paz negociada en una agenda social indígena y excluyera su exigencia de renuncia de Salinas, pero el enfoque analítico de Marcos supuso que el asesinato de Colosio representaba la muerte del sistema político priísta y desaprobó el acuerdo aprobado. Zedillo maniobró para culpar a Camacho y lo sacó de Chiapas. Como forma de inmovilizar a Camacho se le culpó de crear el clima en que se dio el asesinato del candidato priísta.

Camacho terminó su trabajo político en el PRI iniciado en 1969 y renunció para buscar los caminos de la oposición.

 

Tiempos maquiavelianos

La crisis política desde 1970 —analizada a fondo por Camacho en sus ensayos como politólogo de El Colegio de México— metió al país en una zona de incertidumbre, jaloneos y recomposiciones de alianzas. Camacho abandonó el PRI en 1995 y buscó una salida en función de su análisis estratégico: un partido que pudiera operar como pivote de la dinámica política. En su nombre llevó la intención: Partido del Centro Democrático. Sin embargo, se topó con una grave realidad que decepcionaría a Gramsci: la ausencia de una sociedad civil real y de una sociedad política funcional.

Los setenta años del PRI habían destruido las clases sociales, habían lobotomizado a la sociedad y habían creado un sistema político de componendas despolitizadoras. En sus ensayos Camacho había hecho recomendaciones para construir príncipes y principados y crear condiciones para el trabajo político, además de fijar siempre el objetivo de transitar del sistema priísta cerrado a un sistema con pesos y contrapesos democratizadores. El sistema de partidos de partido único y luego de oposición comunista había sido diseñado para acotar las democratizaciones, no para impulsarlas.

Sin un bloque de poder, el partido de Camacho fracasó. En el 2003 logró un acuerdo político con el PRD para llegar a la Cámara de Diputados, pero ya ese partido estaba cooptado por la figura dominante personal de Andrés Manuel López Obrador y en declinación la figura política de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Además, el PRD había perdido la batalla de la alternancia: durante años la lucha contra el Leviatán priísta se había dado desde la izquierda comunista y desde la izquierda priísta, pero en el 2000 el beneficiario de la alternancia había sido el PAN conservador y la figura molusca de Vicente Fox Quezada.

En el 2006 llegó la ruptura al PRD con la candidatura presidencial de López Obrador como nuevo inicio político del partido y la propuesta ideológica neocardenista del PRD fue disuelta. Del 2003 al 2012 Camacho luchó por construir un modelo de la uruguaya de un Frente Amplio, pero se encontró sólo con una estructura tribal del PRD y una figura caudillista de López Obrador, sin partidos reales de oposición. EN el 2006 López Obrador se lanzó a la ruptura institucional y perdió y en el 2012 perdió por seis puntos porcentuales ante el priísta Enrique Peña Nieto. El Frente Amplio implicaba partidos fuertes y liderazgos sólidos, pero el abanico de fuerzas de la izquierda estaba disperso y debilitado.

La voz de Camacho de un Frente Amplio y un gran Acuerdo Nacional clamaba en el desierto. La figura de liderazgo personal de López Obrador dominaba el amplio espectro opositor. En el 2012 fue llevado al senado por el PRD, pero ahí también careció de espacio político, intelectual y partidista.

 

8.- El legado

Camacho no escribió ni actuó para dejar herencias intelectuales o políticas, pero su paso por la política (1969-2015) mostró lecciones del poder. Su doble papel de consejero del Príncipe y de líder político aportaron explicaciones y comportamientos institucionales para una transición a la democracia por la vía de la ley y de las instituciones. Tuvo poca influencia en las reformas de Miguel de la Madrid de 1983, aunque estuvo en ellas apoyando desde la política las aportaciones de Carlos Salinas de Gortari; las reflexiones teóricas sobre el Estado y la reforma del Estado desde la ciencia política fijaron buena parte de las ideas de Camacho. En el gobierno de Salinas, en su condición inevitable de precandidato presidencial desde diciembre de 1988, le redujeron espacio de participación en el modelo de reforma neoliberal, bajo el criterio de Salinas de que el error de Gorbachov había estado en operar de manera simultánea la reforma económica y la reforma política. Para Salinas la reforma económica debiera ser primero y para Camacho la reforma política debía de ser simultánea y a veces por delante.

La reforma económica 1979 (PGD)-1994 (entrada en vigor del TCL) conocida como Salinastroika y la reforma política sólo ideológica y de anulación de las clases obrera, campesina y popular conocida como priisnot no obedecieron a una imagen de conjunto. La elección avasalladora de López Obrador en 2018 con una votación superior a la de Salinas de Gortari en 1988 fue producto de una movilización social de protesta contra las tres peores herencias del PRI: la corrupción, la pobreza y la marginación como producto del neoliberalismo y la inexistencia de liderazgos sociales priístas.

Camacho fue un político solitario, complejo para establecer alianzas con los políticos del viejo régimen y con los técnicos aliados del salinismo. Ajeno a las complicidades, siempre trató a Salinas de tú a tú, aún en la presidencia, lo que causó intrigas palaciegas. Más que las propuestas de Camacho, Salinas no supo administrar el proyecto político de Camacho que hubiera potenciado mejor la reforma económica neoliberal. En el fondo, Camacho estaba de acuerdo con la economía de mercado, como fue su recomendación en 1970 de su tesis de licenciatura en la UNAM: “desarrollo capitalista dependiente”.

En el 2012 ya se había desechado el modelo de Frente Amplio y sólo sobrevivía una alianza electoral con el PT. Fracasada esa propuesta Camacho se quedó hasta el final de su vida activa con la búsqueda de un Acuerdo Nacional, más un compromiso político en torno a ideas generales que una oferta programática que estaba en el Frente Amplio.

 

9.- Camacho en 2020

Los anacronismos suelen ser rutas de escape de la politología, pero en la vida política real no existen los “hubiera”. Camacho percibió la crisis de viabilidad del sistema político mexicano priísta en 1980 con su cuarto ensayo. El consenso de la Revolución Mexicana estaba liquidado, la crisis de 1976 había dejado al país sin modelo de desarrollo, el principio del auge petrolero era visto como una ilusión pasajera y los sectores de clase productiva del PRI habían sido desprovistos de su potencialidad revolucionaria por el propio partido.

Su ensayo El futuro inmediato y algunos ensayos sueltos habían detectado el agotamiento del modelo de organización sindical en la CTM y había apoyado al sindicalismo independiente como factor de renovación del dinamismo obrero en la lucha política. Para Camacho, Fidel Velázquez y la CTM había destruido el dinamismo de clase de los trabajadores y proponía un relevo para refrescar las relaciones entre el régimen priísta y el movimiento obrero. “El cambio de liderazgo será crucial para la CTM, el régimen y las opciones de los trabajadores”.

La gran propuesta de Camacho para encarar la crisis del sistema/régimen/Estado priísta de 1980 era la reconstrucción de la hegemonía del PRI, es decir, rehacer la gran coalición y consenso políticos del PRI y el presidencialismo que se había roto con la presidencia de José López Portillo, un funcionario del área administrativa sin vida escalafonaria en el régimen y en el PRI, y su modelo pragmático que desarrollo De la Madrid-Salinas en el Plan Global 1980.

En el 2020 no existe una gran coalición funcional y activa o una hegemonía de grupos plurales o siquiera una coalición dominante, sino un liderazgo personal y carismático que no alcanza para construir un nuevo modelo de desarrollo, un nuevo proyecto nacional y un nuevo Estado ni es suficiente para impulsar las iniciativas cotidianas. Sin partido real, sin partido-sistema, sin liderazgos autónomos que lo acompañen y sin una propuesta real de proyecto de desarrollo, López Obrador encontraría en las lecciones de Camacho algunas formas de construir una transición.

Camacho no fue un revolucionario, ni un reformador, sino un eficaz y astuto modernizador. Su capacidad de negociador se lució en el acuerdo logrado con el PAN en 1988 para obtener la calificación presidencial para Salinas y su negociación con un Marcos sin proyecto político real para sacar las discusiones del área de dominación de la guerrilla antisistema y llevarlas a una lista de decisiones que beneficiaban a los indígenas.

Camacho no tuvo un camachismo. De su grupo sólo sobrevivió Marcelo Ebrard Casaubón, pero desde 1999 se deslindó del Partido de Centro Democrático y se alió con López Obrador más como funcionario de lealtades severas y resultados que de proyectos sistémicos. Sin embargo, la revisión de los textos de Camacho podría configurar un modelo de análisis de la crisis del sistema político priísta, una propuesta de modernización económica con hegemonía política y un liderazgo conductor.

Sin un sentido político ni editorial, una parte del PRD en el Senado publicó una antología de textos de Camacho que carecieron de promoción y por lo tanto no tuvieron sentido estratégico. Los textos básicos de Camacho mantienen su vigencia en la caracterización de la crisis de sistema/régimen/Estado que ahora involucra al gobierno de López Obrador y por lo tanto mantienen también actualidad muchas de las propuestas de Camacho para una modernización política que haga más funcional la modernización económica. Y por su enfoque analítico del sistema político, la politología académica debe regresar al sistema analítico de Camacho para explicar las sucesivas crisis sistémicas.