Manuel Camacho, intelectual orgánico Entre Maquiavelo y Gramsci Primera parte

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Poder e inteligencia

El sistema político priísta construido sobre las bases de la Constitución de 1917 siempre desdeñó a los intelectuales. Quizá la excepción haya sido el profesor Otilio Montaño con el general Emiliano Zapata. En la era priísta sólo el presidente Luis Echeverría (1970-1976) buscó un acercamiento con los intelectuales, aunque sólo para lavar las culpas del 68 estudiantil y en realidad sin política cultural ni espacios para la reflexión crítica.

Dentro de los intelectuales, los politólogos tardaron en encontrar espacios. Manuel Camacho Solís (1946-2015), economista con especialidad en ciencia política, ingresó al PRI en 1965, a partir de 1969 recorrió áreas burocráticas en oficinas de asesoría, de 1981 a 1994 recorrió el escalafón de posiciones formales en la administración pública y de mediados de 1994 hasta su muerte en 2015 encontró espacios en la oposición perredista.

En los espacios funcionales del sistema, Camacho publicó sus cuatro ensayos torales como funcionario público, sin registrar ninguna queja del gobierno al cual servía: Las alternativas políticas al desarrollo mexicano (1970, su tesis de licenciatura), El poder: Estado o “feudos” políticos (1974), Los nudos históricos del sistema político mexicano (1976) y El futuro inmediato (1981). Se trataba de textos críticos desde la politología sobre la descomposición del sistema que quedaron encapsulados en el medio académico y no impactaron en medio político echeverrista y lopezportillista.

Camacho llegó a posiciones de poder desde 1969, pero participó de manera decisiva en el grupo comandado por Carlos Salinas de Gortari —su compañero en la Escuela de Economía de la UNAM— en la Secretaría de Programación y Presupuesto. La alianza duró hasta 1994 y no cumplió la fase final pactada: el que llegara a la presidencia de la república dejaría al otro como sucesor. Camacho salió del PRI en 1994, hizo un intento hercúleo para fundar un partido político y desde el 2000 se alió en lo individual con el PRD.

En toda su etapa política como priísta y como opositor, Camacho fue un politólogo en tareas de ejercicio del poder, nunca un burócrata escalador.

Entre Maquiavelo y Gramsci

Como político y politólogo, Camacho fue un hombre de Estado. Y en toda su obra como siempre enfocó sus análisis como una evaluación de la política y el planteamiento de opciones. En este sentido, fue un personaje maquiaveliano: el consejero de los Príncipes para la consolidación de los Estados; develaba las crisis y ofrecía opciones.

En lo personal, Camacho se perfiló como un intelectual orgánico en el modelo de Gramsci: el intelectual colocado en la superestructura cultural que participa en el liderazgo y conducción de fuerzas sociales para crear un bloque histórico: sociedad civil más sociedad política, el Estado. Es decir, el intelectual en su papel de dirigente político, no sólo como evaluador de las crisis para proponer soluciones; es decir, el dirigente social.

Maquiavelo adoraba su papel de consejero de Príncipes, sin aspiraciones a estadista, en los comienzos del siglo XVI. Gramsci, en cambio, educaba a los dirigentes en el liderazgo social y político. Los intelectuales orgánicos eran los líderes sociales en un bloque histórico de clases, comandando cambios desde la superestructura cultural. La estructura política la tenían las organizaciones y la superestructura los liderazgos.

Aunque estudió economía de la UNAM, la politología fue su pasión en El Colegio de México. Como funcionario, Camacho nunca alardeó de su formación como politólogo ni le gustaba presumir sus lectoras de ciencia política. Quizá actuaba así para no desentonar su relación con los políticos prácticos. A partir de 1981 sus textos fueron polémicas con otros intelectuales, entre ellas dos en 1985: con Pablo González Casanova en el tema del poder popular y con Enrique Krauze por su ensayo Por una democracia sin adjetivos, ambas en la revista Nexos.

Como intelectual orgánico tuvo cuando menos tres espacios muy claros: en el modelo de atención a los damnificados por los sismos de 1985 en el entonces Distrito Federal, como redactor de la interpretación y propuesta política del Plan Global de Desarrollo 1980-1982 y como jefe de gobierno del D.F. en funciones de Príncipe maquiaveliano con la tarea de mantener y expandir al Estado desde el gobierno.

La ciencia política y el poder

En sus tareas como funcionario, Camacho fue un operador desde la ciencia política, desde Maquiavelo como “el arte del Estado”. Nunca se le vio ceder posiciones para sobrevivir, al grado de quedarse aislado en el gabinete del presidente Carlos Salinas de Gortari, pero tampoco se le percibió dando manotazos autoritarios para imponer decisiones de poder.

En 1985 neutralizó con instituciones las protestas populares por la vivienda, en 1988 negoció una fase importante de la transición democrática con el PAN para lograr la calificación positiva de las elecciones presidenciales con muchas irregularidades, en 1991 reconstruyó el PRI capitalino y recuperó la capital con un carro completo de 100% de victorias y en 1994 impuso la opción de la paz en Chiapas, logró una negociación exitosa con los zapatistas sacando de la agenda la exigencia guerrillera de la renuncia del presidente Salinas de Gortari.

Su única derrota fue en 1994: luego de un juego de tensión dinámica con el candidato salinista a la presidencia de la república, el 22 de marzo había logrado un pacto con Luis Donaldo Colosio para incorporarse al gabinete colosista como secretario de Gobernación para construir la transición democrática integral, pero el discurso del 6 de marzo impactó de manera negativa en Los Pinos, el 23 de marzo asesinaron al candidato Colosio y el sucesor del sucesor fue Ernesto Zedillo Ponce de León para mantener inflexible la continuidad del modelo económico neoliberal y cerrarle espacios a la transición democrática integral.

El estudio de la ciencia política dotó a Camacho de herramientas para el conocimiento de los hechos políticos en el funcionamiento de las polis. Los políticos tradicionales se movían en los escenarios oscuros de las concesiones, las corruptelas y las traiciones. La negociación de Camacho con el líder panista Luis H. Alvarez para lograr la calificación de Salinas no se dio en pesos y centavos, sino en la definición de una agenda de transformaciones del viejo régimen priísta.

Camacho siempre tuvo la certeza de que la movilización social después de las elecciones de 1988 podría terminar con el régimen. En una charla privada me dijo que su principal temor era que Cárdenas lograra encabezar una protesta gigantesca que llevara al zócalo dos millones de mexicanos —fue la cifra que mencionó—, porque entonces no hubiera habido otra salida que “entregar las llaves de Palacio Nacional”.

4.- La crisis del sistema político mexicano

Arropado en pañales tricolores, Camacho nació en el seno de la clase política dirigente, Su padre fue un militar que llegó a grado de general y luego desarrolló labores en el Instituto Mexicano del Seguro Social.

En sus cuatro ensayos torales de su etapa de analista político, Camacho asumió la crisis del sistema político desde el enfoque de David Easton: un conjunto de interacciones con distribución autoritaria y autoritativa de valores y beneficios y el PRI como la caja negra en cuyo seno se dirimían las controversias y se repartían los espacios de poder.

En su primer ensayo, su tesis de licenciatura, Camacho detectó la crisis del sistema en sus objetivos sociales decrecientes por la ausencia de un modelo de desarrollo que generara la riqueza suficiente para distribuirla desde el Estado. Su aportación fue un modelo de capitalismo desarrollado dependiente.

En su ensayo sobre el poder, Camacho clarificó la disfuncionalidad sistémica en la descomposición social de los bloques de poder del régimen y la instauración de “feudos” de poder en los grupos que configuraban las organizaciones sociales. Sus críticas fueron muy severas contra la CTM porque el control obrero evitaba el papel político como clase de los trabajadores en la fuerza del Estado frente a los acosos empresariales.

En su ensayo sobre los nudos avanzó de los feudos al modelo del nudo gordiano entre los aliados de poder, al grado de que esos enredos eran imposibles de arreglar y entonces no quedaba más que la espada de Damocles para romperlos. Los feudos y nudos le habían quitado funcionalidad y evolución democrática al Estado, al grado de que el aparato público había perdido movilidad para administrar el proyecto de desarrollo. Una de sus salidas fue la creación de un “grupo compacto” como estructura de poder en el sistema de toma de decisiones del gobierno sobre el partido.

Y en su ensayo “El futuro inmediato”, Camacho desarrolló su tesis de reformar al sector obrero, liberalizarlo del control sindical, deshacerse de Fidel Velázquez como líder único de los trabajadores y optar ya por una reforma democrática del sistema, del régimen y del Estado.

Con esa reflexión sistémica de 1970 a 1981, Camacho se incorporó de lleno a la función pública.

5.- Las opciones desde el poder

Las dos polémicas más importantes como funcionario ocurrieron en 1984 y en 1985. En la edición de enero de la revista Vuelta (No. X), dirigida por el poeta Octavio Paz, el historiador Enrique Krauze publicó un ensayo titulado “Por una democracia sin adjetivos” en el que pugnaba por una transición democrática al estilo español de 1976-1978. El gobierno de De la Madrid había emprendido en enero de 1983 una vasta reforma constitucional centrada en la reforma del Estado en la economía y en el ascenso del sector empresarial a rango constitucional. Camacho había comenzado el sexenio como subsecretario de Desarrollo Regional de la Secretaría de Programación y Presupuesto dirigida por su amigo Carlos Salinas de Gortari. A raíz de las protestas sociales por los damnificados del sismo de septiembre de 1985 en el D.F., Camacho fue ascendido a secretario de Desarrollo Urbano y Ecología, mucho por su capacidad de negociación política, pero también por su proyecto de espacios populares y por su acreditación en el grupo de Salinas de Gortari rumbo a la candidatura presidencial.

Camacho escribió un ensayo político de respuesta a Krauze y lo tituló “La batalla Democrática”. Ahí delineó los caminos de disputa por las opciones democráticas, a partir del sustento de que el consenso de la Revolución Mexicana había llegado a su fin y que había que acreditar nuevas formas de negociación. Camacho negó la vía española que en 1975 había sido sugerida al presidente del PRI, Jesús Reyes Heroles, por el líder del Partido Comunista y dirigente del grupo Plataforma Democrática que estaba propiciando una alianza con la Junta Democrática del Partido Socialista para transitar a la democracia. Camacho optaba por la vía de modernización desde el poder, toda vez que en México en ese entonces no había una oposición fuerte como para negociar con ella.

En diciembre de 1984 el sociólogo Pablo González Casanova —rector de la UNAM en 1971-193 y derrocado por grupos porriles afines al gobierno de Echeverría, autor del clásico La democracia en México e intelectual de la izquierda socialista— recibió el Premio Nacional de Ciencias y en su discurso apeló al acceso al poder de grupos sociales del poder popular. En la edición de febrero de 1985, Camacho respondió al discurso de González Casanova con un ensayo que explicaba las formas de acceder al poder y definía que los caminos de caracterización del Estado en función de las fuerzas sociales debían de pasar por una correlación correspondiente con la fuerza de esas organizaciones sociales. Y aclaró que esas recomposiciones del Estado responden a situaciones en que la clase dirigente hubiera perdido su capacidad de conciliación y regulación del conflicto y las demandas, una tesis sobre caracterización de la crisis que delineó en “Los nudos históricos del sistema político mexicano” de 1977.

Y en 1981, en su ensayo “El futuro inmediato” para el tomo 15 de “La clase obrera en la historia de México”, una colección dirigida por González Casanova, Camacho ofreció las tres opciones a la crisis del sistema/régimen/Estado: la derecha que carecía de liderazgo y conducción de propuestas sociales, la izquierda que era “portadora de la hegemonía” con propuestas excluyentes y ofreció tres opciones del centro: la burocrática-histórica, la neopopulista y la tercera como una propuesta de asumir un “liderazgo de un gran movimiento reformador que impulse la modernización y logre reconstruir la hegemonía”. En una revisión a posteriori, esta tercera opción de centro fue el salinismo al que Camacho ayudó a construir.

En el gobierno de Salinas de Gortari (diciembre de 1988-noviembre de 1994), Camacho fue jefe del Departamento del Distrito Federal, un mes fungió como secretario de Relaciones Exteriores y negociador de la paz en Chiapas en 1994, luego renunció al PRI por su alianza con Colosio.

Continuará…