Sánchez gobierna porque “la Humanidad vota con los pies”

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Joaquín Vila

En su última obra, “21 lecciones para el siglo XXI”, el lúcido historiador y ensayista Noah Harari resume en una frase la crisis política que asola el mundo actual: “la Humanidad vota con los pies”. En efecto, el escritor israelí recuerda que en 1.938 a los humanos se les ofrecían tres relatos entre los que elegir (el fascismo, el comunismo y el liberalismo) En 1.968 solo dos (el comunismo y el liberalismo) En 1.998 parecía que se imponía uno, el mejor, el liberalismo. “Y en 2018 hemos bajado a cero”.

España es un buen ejemplo de su teoría. Después de una transición admirable de la dictadura a la democracia, después de que Fraga y Alberti se saludaran en el Congreso de los Diputados, después de silenciar el ruido de sables, nuestra nación fue gobernada por UCD, el PSOE y el PP, unos partidos moderados que desde la derecha liberal y la izquierda socialdemócrata llevaron a España a vivir los mejores años de prosperidad y libertad de la Historia.

El tan estúpidamente denostado bipartidismo fue el motivo de ese éxito, pero se desvaneció por la irrupción de Podemos y Ciudadanos, y más tarde Vox, los nuevos partidos que se abrieron hueco con facilidad por los errores y escandalosas corrupciones del PSOE y del PP.

Pero la muerte del bipartidismo que muchos celebraron como la regeneración de la democracia ha desembocado en un guirigay parlamentario y, lo peor, en la radicalización de la clase política que ha contagiado a buena parte de la sociedad.

Hay que preguntarse qué ha ganado España con la llegada de Podemos, de Ciudadanos y de Vox. Pues la crispación. El odio que rezuman algunos políticos después de proclamar la unidad, el consenso y la cursilería de “arrimar el hombro”. Los que han convertido la Comisión de reconstrucción en la más conocida como Comisión de destrucción.

Ahora, en el Hemiciclo no se debate sobre las medidas para salvar a España de la tragedia sanitaria, económica y social, como cacarea Sánchez. Ahora, se discute sobre el fascismo y el comunismo bolivariano, el golpismo o la inventada insubordinación de las Fuerzas Armadas. Las dos Españas han resucitado con la beligerancia de siempre.

Con el bipartidismo en vigor, el PSOE de Felipe González y el PP de Aznar se insultaban y se daban garrotazos goyescos en cada debate. Pero nunca cuestionaron la Constitución, ni menos la Monarquía parlamentaria o la unidad de España. En lo esencial, unieron sus fuerzas y así, por ejemplo, derrotaron a ETA. Ahora, todo está en entredicho.

Pero gracias a la regeneración democrática que anunciaron los sabios analistas, España está en manos de un Gobierno totalitario. Asalta las Instituciones sin el mínimo pudor democrático en sus ansias de perpetuarse en el poder. El bochornoso papel de la Abogacía del Estado en el “caso Marlaska” es el mejor ejemplo. Sin olvidar, el CIS de Tezanos, la Fiscalía general en manos de una socialista sectaria o la RTVE de Rosa María Mateo. El PSOE, Podemos y los partidos de la banda Frankenstein están dispuestos a todo con tal de amarrar el poder para siempre; para empezar, aniquilar a los partidos de centro derecha.

Ahora, las encuestas más fiables apuntan a una posible mayoría del centro derecha. Pero en los tres años largos que quedan de legislatura, el Frente Popular comandado desde Moncloa y jaleado por los separatistas y la izquierda radical, mantendrá su acoso cuasi mafioso, mediático y hasta judicial a los dirigentes del PP y de Ciudadanos. Diga lo que diga Pablo Casado en el Congreso, incluso cuando vota a favor del estado de alarma, Pedro Sánchez siempre le replica con el mismo argumento: el PP intenta imitar a la ultraderecha. Y su Ejército mediático lo grita sin cesar. ¿Alguien se imagina lo que hubieran dicho y hecho Podemos, el PSOE y sus aliados, si el PP hubiera gestionado la crisis sanitaria tan desastrosamente como el actual Gobierno? Las caceroladas se harían con cócteles molotov.

Tiene razón Harari. La Humanidad vota con los pies. Eso explica que Trump gobierne en Estados Unidos, Johnson en Gran Bretaña, Bolsonaro en Brasil y Sánchez en España. Aunque en nuestra nación, más que con los pies se vota con las pezuñas.

Director de EL IMPARCIAL.es