La solución de todos los males…

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Carlos Antonio Aguirre Rojas. Historiador

+Cuando el agua te llega  al cuello, no te preocupes si no es potable. Stanislaw Lec

En el riesgoso inicio de la nueva normalidad, el presidente López Obrador ratifica su estrategia de la fuga hacia adelante ante la delicada crisis de salud, económica y social ocasionada por la pandemia.

Una de las expresiones más evidentes de esto, es su puesta en marcha del recorte del 75% del presupuesto para suministros, materiales y servicios generales de todas las dependencias federales, con excepción de Salud, Marina y Defensa Nacional. En términos llanos, la aplicación de esta medida de austeridad significa el cierre del Gobierno, o al menos la reducción de su funcionamiento a la mínima expresión.

Las ideas de López Obrador para entender y salir de la crisis son fijas e inamovibles. No titubea en parar, cerrar el Gobierno con el objeto de obtener la mayor cantidad de recursos presupuestales para enfrentar la crisis económica y social. Si ello tiene como consecuencia frenar o eliminar muchas funciones básicas de la gestión gubernamental, no importa, porque el objetivo, con notables tintes propagandísticos, es demostrar que su gobierno no se va a endeudar. Quiere ser el líder mundial en la construcción de un nuevo modelo alternativo al neoliberalismo.

La carga ideológica en las estrategias del gobierno de AMLO es abrumadora y da la impresión de que tiene, como uno de sus objetivos principales, polarizar al máximo a la sociedad y a la clase política para reafirmar el perfil transformador y popular de su gobierno y, así, consolidar las bases de las reformas y cambios que ha realizado hasta el momento. Las advertencias sobre los riesgos de que la crisis económica se vuelva catastrófica si no pone en marcha medidas para apoyar a empresas, proteger el empleo y estimular la planta productiva, no las atiende y las califica de conservadoras, neoliberales y corruptas. Por estas razones, diversos especialistas remarcan la probabilidad de que la intensidad y los daños de la recesión económica mundial puedan ser devastadores en México.

Finalmente, cada vez resulta más claro que la idea de López Obrador sobre la crisis económica y social se limita a la esencia de su pensamiento político: ayudar a los pobres. No quiere utilizar instrumentos válidos de política económica como el financiamiento o la deuda externos, lo cual, por cierto, es una postura ultraneoliberal. Los recursos que obtendrá a partir de los recortes presupuestales indiscriminados los destinará exclusivamente al blindaje de sus programas sociales basados en transferencias monetarias a las familias más pobres. Y a sus megaproyectos, casi todos faraónicos e inviables económicamente.

Por ello, es ridículo el detalle que dio a conocer sobre la creación de los famosos dos millones de empleos que prometió para paliar la crisis. El nivel de alienación y simplificación es asombroso porque cree que, ampliando sus programas sociales consentidos, creará 500 mil empleos y que otro millón los creará a partir de créditos de vivienda que ni existen ni se traducen inmediatamente en empleos. Es altamente riesgoso para el país ese reduccionismo del Presidente, pues está convencido de que la transferencia de dinero a la gente, a su gente, es la solución de todos los males.

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