El Estado y la desescalada

0
223

Se sabe que el martes 26 hubo una reunión del titular del Ejecutivo federal con los gobernadores y la jefa del Gobierno de la Ciudad de México para definir las fechas a la etapa que el actual gobierno ha llamado ‘la nueva normalidad’, a partir de la aplicación de un semáforo para ir abriendo tanto las actividades económicas como sociales y educativas en el territorio nacional.

Las cifras que día a día el vocero del gobierno federal se empeña en querer dar credibilidad han ido cayendo por los reportajes de medios de comunicación nacionales e internacionales, informes de organizaciones de la sociedad civil y testimonios de autoridades locales y personal sanitario en los diversos centros hospitalarios, privados y públicos e incluso ya en contradicción por los mismos dichos tanto del presidente como del vocero. Las fechas de ‘tope de la curva’, la ‘doma de la pandemia’, o el ya famoso ‘aplanamiento de la curva’ de contagios en los últimos días ha sido causa de verdadera preocupación entre la población, al estar justo en el periodo de mayor cantidad de muertes por la pandemia del coronavirus Covid-19 y no ver cumplidas las predicciones gubernamentales.

Desde el inicio de la pandemia el año pasado en China, el gobierno tuvo la oportunidad de establecer una verdadera estrategia nacional con el uso de las instituciones y normativa constitucional y legal para enfrentarla con mayor eficiencia y responsabilidad, pero se dejaron meses para actuar, amén de venir justo de un desmantelamiento institucional de parte del presidente de una política pública destinada a los mexicanos de menos recursos como lo era el Seguro Popular, y la falta de medicamentos para los niños con cáncer entre los más sobresalientes, pero que dejaba ya claro el nivel de prioridad para el actual gobierno del tema de la salud de los mexicanos. Las compras de equipo médico de última hora, la ausencia de pruebas a la población, la falta de equipo adecuado que sigue llevando a protestas del personal médico y las acciones de corrupción que han brotado son una pequeña muestra de los desatinos gubernamentales.

La ausencia de una verdadera coordinación con los gobiernos estatales fue otro de los elementos visibles en esta crisis, así como la falta de recursos financieros para enfrentarla que llevó incluso a que algunos gobernadores comenzaran a hablar de la necesidad de revisar el pacto fiscal en virtud de que el gobierno federal no apoyaba con recursos extraordinarios para enfrentar la pandemia, y poco a poco la realidad de que los números reportados por las entidades no se veía reflejado en las estadísticas diarias ‘oficiales’ del gobierno federal ha llevado a que esa vía de información se mantenga, pero con las reservas estatales, y a la vez, iniciar de manera local una serie de protocolos que reflejaron día a día la falta de centralidad del gobierno federal y la búsqueda de soluciones locales o regionales entre varios gobernadores, lo que ha desvelado también la crisis de representatividad de la Conago y de las propias organizaciones de gobernadores de los partidos políticos, para ubicarse ahora de manera ya plural un grupo de gobernadores como los reunidos el viernes pasado en Parras de la Fuente, en Coahuila, que buscan de manera coordinada entre ellos una desescalada para el reinicio de actividades económicas, sociales y educativas, pero también mantienen la postura de la revisión del pacto fiscal, y ahora con el último decreto presidencial, que atenta contra las empresas privadas generadoras de energías limpias, demandan de manera enérgica que el presidente dé marcha atrás justo por ser un inhibidor para la inversión que esos estados tienen en energía fotovoltaica y eólica, y más, justo cuando por la pandemia del coronavirus se ha paralizado la actividad económica y para la desescalada se requiere de las inversiones para la reactivación económica y la generación de empleos.

La desaparición del espectro público de los otros poderes del Estado en esta pandemia, de manera particular el Poder Legislativo, han llevado a la emisión de decretos presidenciales, algunos francamente autoritarios, con una gran carga ideológica y dudas constitucionales, así como otras iniciativas que buscaban el manejo discrecional de los recursos presupuestales por parte del presidente, que gracias a la presión social se mantienen en la ‘congeladora’ legislativa y otras ‘iniciativas’ del partido del gobierno para hacer del Inegi un fiscalizador del patrimonio de las personas o el último de la búsqueda de la desaparición de los fideicomisos, entre los más sobresalientes, hablan de que ante la ausencia del Congreso como poder constitucional del Estado, la tentación autócrata del legislador unipersonal aflora, será por eso que en su momento dijo que está pandemia le había caído “como anillo al dedo”.

Si como ha sido la actuación de estos meses será la apertura a la mal llamada ‘nueva normalidad’, es ya previsible una anarquía que tendrá graves consecuencias en la salud de los mexicanos, de ahí la importancia que en la reunión del próximo martes sería deseable que una razón de Estado que no ha prevalecido en la estrategia de la pandemia se pueda tener para la apertura a las actividades económicas, sociales y educativas, aquella que vea por el bien general de la sociedad y no el de uno o de unos cuantos a efecto de que sea con las garantías de seguridad, no precipitada,ordenada y coordinada entre los tres niveles de gobierno.

Estos políticos de la República, que habrán se sesionar el martes y que hasta hoy han mantenido su ‘visión personalísima’ para atender la pandemia del coronavirus, deberían de tener presente las palabras de Maquiavelo cuando señala que el gobernante (El Príncipe) “….tiene que contar con un ánimo dispuesto a moverse según los vientos de la fortuna y la variación de las circunstancias se lo exijan”; pero en los Discursos advierte que “…un hombre que está acostumbrado a obrar de una manera, no cambia nunca y necesariamente fracasará cuando los tiempos no son conformes con su modo de actuar”, hoy todos estos gobernantes saben que estamos en una situación muy diferente a como cada uno de ellos lo tenía previsto al inicio y es la hora de que piensen en la República y no en ellos ni los intereses de unos cuantos, la vida, salud y condiciones de vida por la falta de empleo o la quiebra de un pequeño negocio, entre otros, están en juego. Es hora de pensar en el bien general, que nadie se aferre a sus solas ideas o intereses y no les de miedo de rectificar, sino como bien decía W. Churchill “quienes nunca cambian de opinión nunca logran cambiar nada”.

@aguilarsoliss