A generalizar se ha dicho

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Cierto, hay médicos que anteponen el lucro a la atención de sus pacientes, pero no son todos; hay funcionarios públicos que son corruptos, pero no son todos; hay policías vendidos al crimen organizado, pero no son todos. En esta época de polarización, lo que se ha convertido en costumbre es generalizar, culpar a todo un segmento de la sociedad por algunos casos, algo grave cuando quien recurre a esto es el propio presidente del país.

 

Justos por pecadores

Uno de los elementos para entender el hartazgo ciudadano que llevó a la decisión por todos conocida en las pasadas elecciones presidenciales de 2018, fue la manera en que la clase política que gobernaba —así como muchas de las instituciones creadas antes del actual sexenio— era retratada para el imaginario colectivo.

Así, resultó que la inmensa mayoría de los políticos de los partidos en el poder eran corruptos, el sistema neoliberal que teníamos era el causante de toda la pobreza que teníamos en el país y el aparato burocrático era no sólo ineficiente, sino corrompido hasta la médula.

Claro que en este ambiente también se abarcó a empresarios, o esa minoría rapaz; a los medios y periodistas, todos chayoteros; y muchos de quienes criticaban era porque habían perdido sus privilegios.

Asistimos a la llegada de la era de la generalización, en la que con índice flamígero un candidato señalaba quiénes eran los malos, en tanto que formaba detrás suyo a los buenos, sin importar que también caían en esa categoría por sus antecedentes.

Esta estrategia, seguida en la actualidad, fue comprada por los votantes que estaban hartos de la corrupción y de que no hubiera avances reales en su economía personal, además de ser sensibles a temas como la equidad, la inseguridad y otros más que se combinaron para crear un clima propicio para la siembra de un descontento ciudadano y su cosecha por parte del candidato ganador.

Pero para que esto funcionara, se tuvo que contar con una oposición incapaz de responder de una manera inteligente, pues vimos como los dos candidatos de los otrora grandes partidos eran señalados de ser corruptos o de ser cómplices de este tipo de actos, además de mantener un discurso desgastado que ya no surtía efecto para conmover al votante.

Es claro que como estrategia, la generalización —como parte de la propaganda oficial— ha resultado efectiva pues ayuda a contar con un enemigo común y cohesionar a los seguidores, además de servir como pretexto para cubrir cualquier decisión equivocada o arbitraria.

Y en un escenario político en el que los electores se mueven más por lo emocional que por lo racional, esto tiene muchas consecuencias, pues si revisamos con cuidado la manera en que se ha descrito a los adversarios del actual régimen, no se sostiene este tipo de generalizaciones, pero como —recalcamos— se trata de una estrategia propagandística que apela más a la emoción, los resultados están a la vista.

Sin un líder opositor que haga las veces de contrapeso, será muy difícil que se puede contrarrestar este tipo de acciones.

El caso Notimex es un buen ejemplo de esto. Los despidos, malos tratos, pésimas decisiones tomadas, se justifican porque se está luchando contra la corrupción, pues todos los que han sido corridos gozaban de privilegios inmerecidos y eran, en esta línea de pensamiento, corruptos.

Que sea cierto o no, es algo que tiene sin cuidado a los ciudadanos, quienes han comprado el discurso de la generalización, sin notar que es un recurso que se utiliza en contra de quienes han protestado por diversos motivos, desde familiares de niños enfermos de cáncer afectados por el desabasto de medicinas, médicos que reclaman mejores condiciones para su trabajo ante el embate del Covid-19, periodistas críticos que revisan las irregularidades y malas decisiones del gobierno o las organizaciones sociales que llaman la atención por distintos temas que resultan negativos para la imagen del gobierno lopezobradorista.

Es claro que en tanto en redes sociales los adversarios al gobierno de Morena continúen privilegiando los apodos sobre la información que ayude a que los ciudadanos que están desilusionados con los resultados de López Obrador y compañía, esto va a seguir como hasta ahora y la generalización será un arma todavía eficaz para motivar la acción de los ciudadanos.

La campaña electoral de 2021 será una reedición de este tipo de estrategias, pero con la variante de incluir el tema de la desigualdad y como los que han sido privilegiados por ésta y por la corrupción están tratando de frenar —similar a la manera en que Fox argumentó para conseguir el voto en 2003— los cambios que buscan acabar con estos flagelos.

Los bandos están definidos y el lopezobradorista ya tiene claro el camino para volver a conquistar el voto de los mexicanos y retener posiciones, en tanto que la oposición se debate entre cual meme usar en la ocasión y que apodo utilizar, para ver si pueden tirar al presidente a tuitazo limpio.

@AReyesVigueras