La manía insana frente a la prensa extranjera

0
244

México es un país que gusta de mirarse al ombligo. Su prensa aborda más temas nacionales que internacionales. Rara es la portada dedicada al suceso mundial. Que otros medios en otros países aborden temas internacionales en portada con más frecuencia que en México, desde luego que no garantiza sociedades más conscientes ni más participativas. También dígase. Solo denota interés por los demás, por no ensimismarse como sucede a la prensa mexicana, cuyas portadas no siempre son meritorias ni requerirían darle tanta atención a temas nimios locales. Poner un “Me voy del PRI” cualquier mañana, francamente a quién le importa. Creemos que es relevante y la verdad es que no lo es. Por citar un ejemplo.

Tampoco se aborda este tema de la prensa extranjera solo porque se trate de que al mirar prensa extranjera o hechos del extranjero, nos alienemos, evadiéndonos de lo que sucede aquí ni son hechos más importantes siempre, respecto a lo que aquí sucede. Sí es relevante mirarla para sopesar eventos, máxime cuando se comparten fenómenos. Esta pandemia, por ejemplo, ya que permiten ver, comparar tratamiento y planteamiento informativo de un mismo suceso desde distintas partes del mundo. De eso, a que sea más importante la prensa extranjera, en esencia, no lo es.

Así, cuando el FMI dice que los países no crecerán y por mucho en 2020, como dijo desde inicios de año, conviene tomarlo en cuenta para México. Antes de echarle la culpa a “Anlo”, mírese el panorama mundial compartido para justipreciar los datos que nos afectan. Cuando se cuestiona a todos los gobiernos del mundo por la gestión del COVID-19, nos mueve a reflexionar sobre López Obrador. Y antes de culpar a “Anlo”, sería honesto e intelectualmente sensato, valorar dónde estamos parados y dónde no. Nos sorprenderíamos de que compartimos más cosas con el mundo de las que creemos o queremos enterarnos, y a eso sí ayuda consultar la prensa extranjera. 

Debemos de aprender a escoger, a seleccionar las notas adecuadas de la basura periodística. Y la prensa extranjera también tiene basura periodística.

Y no, no es simple y burdo “un mal de muchos…”, no, esas interpretaciones facilonas sabe bien que no las secundo. Lo conmino a pensar más profundamente. Escoger implica ser consciente de que cuando se revise a la prensa extranjera nos ayudamos a comprender la propia realidad. Confrontamos, comparamos, es positivo hacerlo. La información internacional no compromete y por eso se mal piensa que habla más y mejor y con más verdad y no siempre es así. Es valiosa pero no hay que leerla ni a pie juntillas ni endiosándola. Cuidado con eso. Mucho cuidado. Pasarla por el tamiz del cuestionamiento, nos revelará errores propios como los que posee la local. Así de sencillo.

Es alucinante y reprobable la manipulación de El País cuando sus notas sobre México no son objetivas ni pasan de ser negativas, invariablemente. Ya los lectores lo tunden sobradamente en redes advirtiéndole su subjetividad y lo menos que le preguntan es “Oye, ¿todo bien por España?”. Es que el diario español juega tramposo a lo que he señalado: creer que aquí se va fatal y allá, no. Craso error. Por fortuna en España se le tiene bien calibrado. Allá no necesariamente todo mundo se le hinca. Como aquí ciertos sectores. Y no solo de izquierda, valga decirlo. Eso pues para algunos pesa más que sea español para darlo por cierto, que su supuesta tendencia, Por la manía de creer que si lo publica un medio extranjero, vale más. Sépase que no siempre, repítase.

Podrá dar expectativas, pero nunca garantiza ni hablar con la verdad ni ser mejor. Será otra cosa lo extranjero, diferente y va que chuta, mas no da para más y como la prensa local, errará y mentirá. Así de sencillo. La manía de Carlos Salinas de solo atender lo que decía la prensa extranjera es la mejor muestra de ignorancia y de arrogancia. Fue un craso error. Porque esa prensa entre desinformada, hablando a la distancia y a la ligera, o aun con corresponsal en México, puede cometer el frecuente error de no valorar adecuadamente un dato, de no esforzarse, de no atar cabos. Como le puede suceder a cualquier local. Un texto extranjero no siempre es siempre mejor que lo nacional. Por eso decíamos líneas arriba: hay que aprender a escoger.

El texto de un artículo del NYT del 8 de mayo pasado, generó innecesario revuelo y no fue el mejor ejemplo ni de calidad ni de información certera. Sí, aunque sea el NYT. Es un artículo bastante malito del corresponsal, repleto de supuestos, opiniones que son solo eso, afirmaciones que son eso, de gente ilustre desconocida, que desconocemos si de verdad se habló con ella. Y aun haciéndolo eran apreciaciones denostando al  gobierno mexicano, pero sin contrastar ni aportar mejores datos. Caldo de cultivo sí, para que el público insultara al gobierno mexicano, antes que molestarse por reflexionar o verificar lo leído. Por eso de ser una gran pieza periodística, desde luego que no lo es. Y es lamentable que los funcionarios mexicanos otra vez salgan a explicar. A la prensa se la atiende, no se la teme. Que no les cuele la soberbia a unos y otros. A ese medio evidenciando tan mala calidad, es darle la importancia de la que carece.

Un artículo que se usa como piedra arrojadiza porque no gusta López, porque no nos vamos a tomar la molestia de buscar otras cifras, porque lo dice el Times y lo admiraremos arrodillados. Qué torpeza y cuánta abyección. Qué cúmulo de trivialidades y de una actitud tapetera. No merece dedicársele más atención de la que escasamente merece. Para supuestos, ya tenemos bastantes. No aporta nada más.

Ya Nicolás Guillén, el poeta negro de la Revolución Cubana, se mofaba en la Cuba precastrista al referir cómo los cubanos temblaban cuando un periódico yanqui “x” se refería a Cuba. Le daban demasiada, excesiva e innecesaria importancia a nimiedades. ¿Qué dirán allá? Se preguntaban, como a si los yanquis les importaran de la misma manera los cubanos, que los endiosaban y tanto les incomodaba incomodarlos.  Daba a entender lo importante que era sacudirse la manía de pensar que lo que publican los medios yanquis, es siempre importante. Entender que no lo es, ayuda mucho.

Un ejemplo. Era irrelevante si Trump cambiaba vocero. Hubimos quienes ni mencionamos el tema por ser tan intrascendente fuera de su país. Pero ya sabe: los encandilados con Estados Unidos toda la vida exaltan hasta una flatulencia en la Casa Blanca, al no distinguir lo importante de lo que no. Por obnubilados.  La costumbre y ociosa actividad de exaltarlos, va de inútil el resultado de hacerlo,  para gente igual de encandilada que se cree que todo de haya merece la pena contarse. Y no. No merece la pena. Es sobredimensionar. Como preocuparnos por cómo nos miran o qué opinan. Aunque digan sandeces en ese proceso de explicarnos y definirnos, según ellos. Y el artículo del NYT del 8 de mayo es un estupendo ejemplo de ínfima y mala prensa. El texto tan comentado en México del corresponsal del Times neoyorquino es que no merece tanta loa y tanto interés, más propio de gente abyecta que de aquella deseosa de verdad en informarse. El aludido tiene más suposiciones y medias verdades que aseveraciones ciertas. Nos advierte de nuestra insana manía, claro, de quien la tenga, no la del suscrito, a creerse ciegamente que si se publica algo en un medio extranjero es certero y mejor que lo propio y no es así. En este caso por ejemplo, no lo fue.

Cuando el mexicano promedio aprenda a que no todo lo publicado en la prensa extranjera es certero, a que puede equivocarse aquella como la local, que en particular los medios yanquis así como tienen muchos pultizer, también han tenido muchas pifias, trampas, manipulaciones, chapuzas diversas, paparruchas y mentiras vergonzantes acaso como ningunos otros; solo así de una vez por todas los miraremos con mucho recelo, que solo entonces apreciaremos el verdadero trabajo periodístico en todos sus género, y en todas las latitudes. La próxima vez que se tope un medio estadounidense, que no se olvide de algo: allá se inventó el amarillismo. Conviene no olvidarse de tal, para no encandilarse y quedarse boquiabierto. Todo dígase.

De momento queda lidiar con encandilados que exaltan trabajos publicados en periódicos afamados, pero de muy mala hechura y peor talante. Allá ellos.  Habemos muchos que pasamos de ellos, por fortuna, por ética, por honestidad intelectual y por salud mental.