Análisis semanal: 25 de mayo

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¿Cómo volver a lo que llamamos normalidad si han cambiado tantas cosas en nuestras vidas? Luego de los atentados terroristas del 11 de septiembre en Estados Unidos, en los que se utilizaron aviones civiles como armas con todo y pasajeros, muchas cosas cambiaron. Desde las revisiones en aeropuertos, los productos que podíamos llevar junto a nosotros o en nuestros equipajes, el tiempo para abordar el vuelo, además de que la seguridad en distintas ciudades del mundo cambió para tratar de detectar amenazas.

El ejemplo anterior no sólo se dio en la Unión Americana, sino en prácticamente todos los aeropuertos del mundo, con lo que se puede concluir que después de dicho evento trágico, hubo un cambio y no se regresó a las condiciones que considerábamos normales, pero que mucha gente aceptó por motivos de seguridad.

Algo similar se espera suceda con el Covid-19, pues la manera en que se propagó el virus, la falta de información y vacunas, el uso de medidas de higiene como una de las medidas más eficaces para evitar contagios, cambiarán nuestras rutinas de ahora en adelante.

Algo similar se podría decir de los gobiernos, pues sus planes tendrán que considerar la posibilidad de una crisis sanitaria, sus campañas de comunicación social también deberán tomar en cuenta este factor y los estrategas económicos deberán considerar este factor en sus proyecciones.

Así, repetimos la pregunta, ¿cómo regresar a la normalidad?

 

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Conspiracy Theory

La propuesta de Alfonso Ramírez Cuéllar que apuntaba a permitir el ingreso de personal del Inegi para medir la riqueza –luego negada en redes sociales­–, alimentó no sólo una polémica en la que la oposición pescó el anzuelo y se metió a una discusión de un tema que favorece al lopezobradorismo, sino que también dejó ver cual podría ser uno de los principales temas de campaña de Morena en 2021.

Y es que luego de este debate que aparentemente no lleva a nada, el tema de la desigualdad podría ser uno que, al igual como sucedió con el de la corrupción en 2018, mueva a la ciudadanía en la orientación de su voto.

Los opositores a la propuesta, al igual que con el caso de dejar de medir el PIB para hacerlo con la felicidad, se han quedado en tecnicismos y frases que si bien pueden explicar porque se deben mantener ese tipo de indicadores, no entusiasman a nadie y mucho menos generan una emoción que se traduzca en votos.

Así que la jugada de Ramírez Cuéllar, lejos de ser una ocurrencia, podría sentar las bases de la próxima campaña electoral.