Ese hombre no sabe estarse quieto

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De alguna manera cautivo por la emergencia sanitaria, el Señor Presidente se ha visto forzado a vivir un tanto a disgusto, quizá con un cierto desasosiego: relativamente quieto, estable en un solo lugar, reposado, sin el trajín fervoroso al cual su naturaleza lo compele un día si y el siguiente también, porque él es hombre de movimiento, de recorrido, brecha, trocha o sendero polvoriento.

Desde los primeros días posteriores a la gran victoria electoral, lo hizo saber: no sería un presidente sedente (cosa contradictoria porque presidir es ser el primero en tomar asiento), sino un caminante. Por eso prefiere las rutas terrestres a los caminos del aire, por eso su hábito de recorrer el país y observar gente y pueblos, por eso vivir y hacer política (en su caso son sinónimos), es algo “a ras de tierra”.

Pero la epidemia ha modificado muchas cosas, entre ellas las querencias. Y en cuanto al estilo presidencial de andar y andar los caminos, quedarse temporalmente atascado en su amplia residencia del Palacio Nacional donde “no se halla”; es decir, se siente molesto, disconforme, inquieto, desubicado y quizá algo más, le resulta inconveniente.

En julio del año pasado, en Puebla, dijo durante una gira:

“…Estoy acostumbrado. No me hallo en la oficina, no me hallo en el Palacio. Tengo que andar en los pueblos porque así inicié mi lucha y así quiero continuar…”

Ya alguien se tomará la molestia de analizar esa paradoja: luchar durante una vida entera por llegar al Palacio Nacional, para salirse de tan anhelado y simbólico lugar una vez logrado el propósito y regresar a las andadas, porque así es como estos recorridos deberían llamarse, andadas, porque se anda, se camina, se suba, se baja. Y sobre todo se observa y –yo creo– en su caso se disfruta.

También se podrá llamar a un sicólogo o especialista en la conducta humana, para pedirle explicaciones profundas acerca de esta compulsión viajera, este afán de excursión (es decir, curso hacia fuera), tan alejado de la introspección o la incursión en el propio pensamiento.

Pero mientras eso ocurre o no, hace apenas unos días el Señor Presidente le ha pedido, por escrito, su anuencia, sus especialistas y científicos (autorización sería demasiada palabra), para retomar el paso de sus giras, señaladamente una de ella a la cual le confiere alta importancia y necesidad: el inicio del Tren Maya.

“(Notimex). – El presidente Andrés Manuel López Obrador indicó que sólo espera autorización de las autoridades de Salud para reiniciar sus giras por el país, con el banderazo de inicio de las obras del Tren Maya “manteniendo las medidas sanitarias preventivas”, sin mítines ni concentraciones masivas.

“Durante su conferencia de prensa de este jueves, el mandatario federal expuso que tiene contemplado recorrer las seis refinerías que se van a rehabilitar, la construcción de Dos Bocas, en Tabasco, así como la inauguración de las sucursales del Banco del Bienestar.

“Hoy se van a dar a conocer los nombres de los municipios (que reiniciarán actividades), eso va a ser diario y yo ya quiero reiniciar los recorridos… los especialistas, el doctor (Jorge) Alcocer y Hugo López-Gatell, me van a decir, yo ya les hice la solicitud (por escrito)”, dijo.

“López Obrador indicó que con esa obra se reactivará la economía, por lo que en breve se iniciarán los trabajos cuando se le dé autorización por parte del sector salud considerando la pandemia del coronavirus.

“… el inicio de las obras en las entidades por donde pasará el tren “va a significar mucha creación de empleos. Imagínense estar trabajando en 800 kilómetros. Construyendo terraplenes para el tendido de las vías. ¡Cuánto trabajo! Quiero ir a eso”.

Más allá de si la salvación económica se logra construyendo terraplenes para tender las vías del tren, asunto sobre cuyo impacto deberán opinar economistas y otras personas de mayor conocimiento, lo notable es el deleite con el cual el Señor Presidente expresa su intención de atestiguar desde el lugar mismo de los hechos, su deseo de estar ahí.

“¡Quiero ir a eso!, dice emocionado.

Y quizá tan magna obra amerite la emoción no sólo suya sino de cualquier mexicano, porque se trata de un camino de hierro (eso quiere decir ferrocarril), cuya apertura va a llevar a zonas poco pobladas, muchos cambios en la vida, como ocurrió cuando hace muchos años llegó el tren a Macondo.

“…y vieron hechizados el tren adornado de flores, que por primera vez llegaba con ocho meses de retraso…”

Twitter: @CardonaRafael
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