Nadie está pensando en un nuevo modelo de desarrollo para después de pandemia

0
578

Si bien el PIB esperado para 2020 por el impacto económico del coronavirus oscilaría entre -8% a -12%, en realidad el problema de México es otro: a qué tipo de normalidad vamos a regresar cuando el virus esté controlado y se reanuden las actividades productivas. Si es al que existía a comienzos de febrero, entonces habrá que esperar un resultado sexenal productivo peor que el del sexenio de Miguel de la Madrid 1983-1988 cuando el país tuvo un crecimiento anual promedio de 0%. El fantasma que ronda las estadísticas sobre el promedio sexenal del PIB sería negativo.

Los cálculos más optimistas revelan, además, que el Tratado de Comercio Libre no tendría mucho efecto en el nivel productivo mexicano, por la sencilla razón de que muchas empresas de las cadenas productivas tuvieron que cerrar y no lograron mantener su planta laboral, por lo que tendrán que reiniciar desde cero. De todos modos, el efecto general productivo del Tratado en México había sido malo: 2% promedio anual de PIB de 1983 a 2018. Y en planta laboral, sólo un dato: el 57% de la población económicamente activa lo hace en la informalidad.

Por lo tanto, el efecto productivo del coronavirus será un lastre que seguirá hundiendo la economía productiva o un punto de arranque para rehacer todo lo que se negado realizar desde que se firmó el Tratado en 1991-1993 sólo para beneficiar a la industria nacional sobreviviente y a la economía de los EE. UU. y Canadá.

La estrategia de producción y desarrollo se quedó estancada con el Tratado, a la espera que mejores resultados llegaran por ósmosis. A lo largo de veintisiete años de Tratado, México fue deteriorando la calidad de su aparato productivo, sin inversiones en expansión, perfeccionamiento y reconversión. Por eso miles de empresas salieron del mercado, de acuerdo con la cifra del investigador y en asesor de comercio exterior Arnulfo R. Gómez: en 1993 la participación de empresas mexicanas en la exportación llegó a 58%, pero en 2018 apenas pudo ocupar el 38%. En este sentido, las empresas que han aprovechado el Tratado con las extranjeras han dejado a México sólo como país maquilador.

La palabra clave que se aparece en el escenario posterior al coronavirus es competitividad, es decir, una situación productiva de calidad para poder competir con empresas extranjeras. Pero la competitividad no viene por la gracia de algún ser superior, sino por una estrategia de rediseño de la planta productiva, de capacitación de mano de obra y de productos de calidad a precios bajos. Hasta ahora los productos mexicanos no compiten por mala calidad y por falta de apoyo gubernamental en la producción.

México, de acuerdo con otra cifra del investigador Gómez, ha bajado del lugar 39 en el ranking mundial de competitividad en 1998 al lugar 48 en 2019, mientras otros países de desarrollo similar han subido, como por ejemplo Australia, Japón, Malasia, Nueva Zelanda y Singapur. Y está el caso extraño de Vietnam por su mala calidad en sus instituciones y educación, pero que ha sabido aprovechar su mano de obra barata para producir artículos para los EE. UU. y China, una cosa similar a la que hizo México en los sesenta cuando se producían aquí productos de consumo en otros países sólo por trabajadores con bajos salarios.

Hasta ahora no se perciben en las áreas industriales y agropecuarias del gobierno de López Obrador planes de reorganización productiva; lo peor es que parece que tampoco han entendido la regla de orto de la globalización: la competitividad. En la Secretaría de Economía del gabinete existe una Subsecretaría encargada de la competitividad, pero de ahí no han salido iniciativas para cuando menos abrir el debate.

En este contexto, la reactivación productiva mexicana después del coronavirus se quedará sólo con la reapertura de las empresas que hayan sobrevivido los casi tres meses de frenón productivo, pero rompiendo capacidades internas, con bajas laborales sensibles para reanudar producción y con cadenas productivas –insumos y compras finales– rotas. Lo malo estará en el hecho de que los EE. UU. quieren una reactivación de producción rápida y buscarán en otros países lo que México no pueda ofrecerles, incluyendo, como es la idea de Trump, regresar a su propio territorio muchas empresas que encontrarán mano de obra disponible.

Sin un nuevo modelo de desarrollo y una nueva planta productiva, el escenario de México será regresar a la mediocridad productiva y a PIB menor de 2% anual.

indicadorpolitico.mx

carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh