El turno de Monreal

0
169

Todavía antes de la pandemia se decía que Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal tenían un pacto de caballeros para ir en alianza por el poder en 2024, dejando de lado a la consentida del profesor, Claudia Sheinbaum.

La jugada sería medirse en una serie de encuestas, cuando llegue el momento definitorio, y el que esté mejor posicionado sería el candidato presidencial de lo que quede de Morena o producto de un gran acuerdo político.

El perdedor se quedaría con la joya de la corona, o sea, la Ciudad de México, en espera de otros seis años para que le llegue su turno al bat.

En el caso hipotético de que Ebrard saliera mejor calificado, él sería el candidato presidencial —con el pleno apoyo de Monreal—, mientras que el zacatecano sería el candidato a la Jefatura de Gobierno; si no la quisiera, él definiría quién.

Si el hoy senador fuera el elegido para buscar la Presidencia de la República, a Marcelo le tocaría definir qué se hace con la capital y, en una de ésas, podría impulsar, otra vez, a Mario Delgado como candidato al puesto o a alguien más, pues el canciller ya no puede ser.

Como joya de la corona, la Ciudad de México es un cargo que sirve para negociar el reparto de posiciones entre quienes dominen el escenario político en el país en 2024, y ahí Ebrard se podría fortalecer incluso en caso de perder en 2024.

A raíz de la pandemia, en las últimas semanas quienes han acaparado los reflectores son precisamente el canciller, que se ha convertido en el bombero de lujo de la 4T, pues resuelve todos los entuertos creados por su jefe.

En el caso de la jefa de Gobierno, la exposición mediática a que es sometida por sus acciones contra el coronavirus en la capital le han valido un ligero repunte en las preferencias, pero está sentada en un barril de pólvora.

Aunque de momento brillan en el escenario, tanto Ebrard como Sheinbaum están en gobiernos que sufren un rápido desgaste, y sometidos ambos a la línea de mando de quien despacha en Palacio Nacional.

Eso los limita en su accionar, pues en cualquier momento pueden ser desmentidos o desacreditados por YSQ, a quien tienen que seguir, y con ello sufrir una baja en las preferencias; su margen de maniobra es muy corto.

En cambio, desde el Senado, Monreal ha sabido conservar su sana distancia del Presidente, pero sin romper o convertirse en un problema. Lo que se ha comprometido a sacar lo ha hecho, pero cuando no está de acuerdo lo dice públicamente.

Eso le ha dado cierto respeto entre los sectores que han sido golpeados por quien despacha en Palacio Nacional, como empresarios, gobernadores y políticos de oposición, lo cual lo convierte en un buen puente de equilibro.

Como líder del Senado, tiene menos riesgo de exposición y puede elegir sus batallas; Marcelo depende directamente de Palacio y Claudia tiene que lidiar con el monstruo de mil cabezas que es la CDMX.

Se espera, entonces, el momento de Monreal.

CENTAVITOS

Por cierto, la jefa de Gobierno iba bien, hasta que, el viernes pasado, dijo que se equivocan quienes creen que hay diferencias con el gobierno federal en la lucha contra la pandemia. Precisamente esa diferenciación es la que le estaba dando puntos entre los capitalinos, pero ella insiste en someterse y asumir el creciente descrédito de la 4T, con lo que, además, pierde independencia. Allá ella.