Análisis semanal: 11 de mayo

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Si algo necesita nuestro país en estos momentos con varias crisis a cuesta, es un acuerdo entre todas las partes para sacar adelante objetivos como no perder más empleos, salir pronto de la recesión y empezar a resolver problemas que se tienen desde hace décadas como la inseguridad o la baja inversión en salud o educación.

Pero lo que se ve en el escenario político es una polarización y pleitos diarios entre el presidente y sus adversarios.

La manera en que desde Palacio Nacional se lanza el mandatario en contra de todo aquel que discrepa, acusándolo de querer que le vaya mal a su gobierno –o incluso, llegando al extremo de sugerir un intento de golpe de Estado– no ayuda a alcanzar un acuerdo.

El “modito” que tanto le disgustó al presidente entre empresarios y el BID, es una muestra que no se quiere alcanzar un acuerdo para beneficio de todos.

Pero no nos debe sorprender, pues en una pasada campaña electoral, el ahora titular del ejecutivo federal tronó en contra de quienes le proponían apoyar una reforma energética del gobierno en turno, bajo el argumento de que no podían permitir que Pemex se hundiera. “Qué se hunda, luego lo rescatamos”, fue la orden que dio el líder.

Y sí, lo que se ve es el hundimiento de la paraestatal y la manera en que puede arrastrar en su caída al gobierno y al país en su conjunto.

Por eso es necesario que se alcance un acuerdo entre todas las partes, dejando de lado los intereses ideológicos, pues lo espiritual no va a ayudar a comer a millones de mexicanos que se queden sin empleo.

 

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Conspiracy Theory

El presidente López Obrador se lanzó en contra de las otrora benditas redes sociales y pidió a los gigantes del sector, Twitter y Facebook, que transparenten los gastos que sus adversarios han realizado para atacar a su gobierno, en especial a través de bots, es decir una manera automatizada de programar mensajes, algo que especialistas ponen en duda pues no abarca la totalidad de este fenómeno.

En el caso de Twitter, la respuesta fue que tales prácticas están prohibidas y que no pueden transparentar algo que no se puede llevar a cabo, pero el presidente salió con que como la respuesta estaba en inglés, no la entendió, a pesar de tener a miembros de su gabinete que dominan dicho idioma, aunque luego de ver la penosa respuesta al desmentido de la exembajadora Roberta Jacobson por parte de John Ackerman, se entiende que el presidente no se fie de sus colaboradores para la traducción.

En tanto, sus fieles en redes sociales exigieron a Twitter que diga cuando han pagado críticos de la administración lopezobradorista, entre quienes se ubican caricaturistas, periodistas y políticos de oposición.

Lo bueno es que gracias a las benditas redes sociales López Obrador ganó en 2018.