Si no quieren, entonces no; y regresen a su misma crisis…

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El tiempo ideal para un acuerdo anticrisis ya pasó; la pandemia se enfila hacia su punto máximo y no se sabe cuánto tiempo esté ahí. Luego de que lo peor del coronavirus pase, la economía, el país y las expectativas regresaran a la situación mediocre de enero, con la acumulación de la recesión-depresión de un PIB de -8% para 2020.

Con un enfoque optimista quedaría una última oportunidad para pactar una estrategia de salida del hoyo productivo de 2020 para evitar que se extienda a 2021 y 2022. Sin ese acuerdo y con el efecto locomotora de los EE. UU. el enfoque optimista podría decir que el PIB de 2021-2024, los cuatro últimos años del sexenio, llegaría ser de 2%. Y si el piso de 2020 es -8%, entonces el PIB promedio anual para el sexenio será… de 0%, igual al del sexenio de Miguel de la Madrid 1983-1988.

Todos estos cálculos son estimaciones, pero sirven como marco referencial básico para entender el escenario productivo del sexenio del presidente López Obrador. Hay que recordar que el compromiso del Plan Nacional de Desarrollo era un promedio anual sexenal de 4%, con crecimiento de 2% en 2019-2020, 4% en 2021-2022 y 6% en 2023-2024. Ya con certezas, el PIB de 2019 fue de -0.1% y el dato de que sería igual o menor antes del coronavirus, entonces el escenario es de recesión-depresión de largo plazo.

Una vez que se levanten las restricciones de la pandemia y se tengan los datos claros del piso recesivo-depresivo de la economía, el Estado por sí mismo no podrá levantar el crecimiento por carecer de fondos. Y el sector privado tampoco podrá contribuir a la reactivación si no es con fondos públicos que no existirán.

Ahí, en ese punto, será la última oportunidad del gobierno federal y de los empresarios para estimular la economía y tratar de conseguir tasas de PIB de 3%, en el entendido de que no podrá más por las restricciones de cuellos de botella productivos. Pero para ello se necesitará de un pacto-acuerdo-programa anticrisis firmado entre gobierno, empresarios y trabajadores.

Si no se da el pacto en esta segunda oportunidad, entonces el sexenio de la 4-T quedará atascado en medio del pantano de contradicciones, desacuerdos y rencillas inútiles. En este conflicto la sociedad tendrá que pagar con mayor pérdida de nivel de vidas la tozudez de las élites económicas.

Los escenarios de los acuerdos son dos:

1.- Por un lado, un acuerdo de emergencia para reactivar la economía, que, por lo demás, tendría que ir de la mano de acuerdos de democratización política. La confrontación en torno a la ley presupuestal de emergencia profundizó la ruptura entre gobierno y oposición y probó que la mayoría lopezobradorista no alcanza para cierto tipo de decisiones que requieren de mayoría califica de dos terceras partes.

2.- Y por el otro, aprovechar el frenón económico por el coronavirus y entrarle a la gran reforma del modelo de desarrollo que ha quedado pendiente desde la firma del Tratado de Comercio Libre en 1993. El viejo modelo productivo que quieren reactivar sólo permitiría tasas anuales de PIB de 2.5%, cuando la crisis económica, la marginación y las deficiencias sociales exigen tasas de 5% que sólo se alcalizarían con una modernización total del desarrollo y del aparato productivo.

Aunque el Tratado multiplicó el comercio exterior mexicano por diez, no ha sabido extender la modernización a otros sectores. El problema radica en la falta de competitividad de la economía mexicana; por ejemplo, China y Vientan y hasta ahora dos países de Centroamérica tienen mejores mercados que México. El componente nacional mexicano en los productos de exportación vía el TCL ha bajado de 58% en 1993 a 38% en 2019, lo que quiere decir que la planta productiva mexicana está perdiendo partes del mercado.

Si no se da en los próximos cinco años una reforma del modelo de desarrollo y de la planta productiva, el PIB anual de México será de 2% o menos y las desigualdades sociales seguirán disminuyendo porque México necesita PIB mínimo de 5% para distribuir riqueza. Se suponía que la 4-T iba a transformar la economía, no nada más con un declarativo modelo posneoliberal con su correlativo modelo de desarrollo y planta industrial.

El problema ha radicado en que mayor desarrollo económico implicarla menor control político del Estado, y hasta ahora las élites de diferentes grupos quieren mantener el control político como prioridad y crecer lo poco que se pueda.

El coronavirus abrió una puerta de oportunidad. Ya se cerró una vez con la negativa a un acuerdo anticrisis durante la pandemia. Si se cierra otra vez con la oportunidad de la reactivación, entonces la 4T habrá fracasado.

indicadorpolitico.mx

carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh