Así habló Sánchez: «En 4 fases, que son 3, volveremos a la nueva normalidad»

0
71

Joaquín Vila

Ya está bien de criticar al presidente del Gobierno por aturullarse con las fases, las franjas horarios y los municipios, por confundir la desescalada con las vacaciones escolares, por trabucarse al anunciar los muchos logros de su Gobierno en estos tiempos del coronavirus. Ha elaborado un plan para alcanzar “la nueva normalidad” que, sin duda, pasará a los anales de la Historia por su acierto y visión de futuro. Para despejar dudas y que los españoles se sientan orgullosos de la clarividencia e inteligencia del presidente basta con reproducir algunos párrafos de su último sermón en la Moncloa. Así se expresó literalmente.

“La desescalada consta de 4 fases”.

”Cada una de las 3 fases de la desescalada durará dos semanas; esto es, 15 días”.

”La primera fase, o fase cero”. “O de preparación.” “O preparativa”.

“La fase 1 es la fase inicial”.

”La segunda fase o fase intermedia”.

”La tercera fase o la última fase hasta recuperar la nueva normalidad”.

Ha quedado claro que la desescalada consta de 4 fases, que son 3, pues la primera más que una fase es una preparación para la 1, bautizada con acierto como la fase inicial, que para eso es la primera y a la que con exactitud aritmética sigue la fase 2, que es la intermedia, puesto que la fase cero no cuenta. El brillante relato de la desescalada concluye con la tercera fase; esto es, la última, que se denomina la fase avanzada. Más claro, agua.

Con esta verborrea, con esta claridad de ideas, con esta habilidad para contar y recontar fases y clasificarlas con bellos adjetivos para que nadie se lleve a engaño, Pedro Sánchez ha anunciado que sus logros en la lucha contra el coronavirus están dando frutos y ahora tiene a bien que sus “compatriotas” puedan salir un rato a tomar el aire o a corretear, pero sin abusar que hay que volver pronto a casa. Se muestra condescendiente, pero firme en sus medidas. Que para eso es el mando único.

Entre sus atinadas decisiones hay que destacar especialmente una. En la primera fase, llamada poéticamente” fase inicial”, el presidente del Gobierno con esa generosidad y empatía que le adornan, nos permite tomar una caña o un vermú en una terraza. Está prohibido, sin embargo, ir a visitar a un familiar. La policía vigilará a la clientela de las terrazas, requisando los DNI si es menester. Pues ha quedado claro que podemos tomar un piscolabis con amigos, vecinos o desconocidos. Pero como nos pillen tomado un café con una prima segunda, la autoridad competente nos sancionará con una multa de 600 euros. Para que nos enteremos que no podemos visitar a familiares. Tampoco se puede comer en las terrazas. Si entre caña y vermú asomara un plato con más de 6 aceitunas podría considerarse un delito. Y no digamos una paella.

Conviene conocer con precisión los requisitos a tener en cuenta para degustar una paella en plena desescalada del estado de alarma. Para ello, nada mejor que recurrir de nuevo al clarividente discurso del presidente. Así se expresó literalmente: “Antes, estábamos acostumbrados a tomarnos una paella en un restaurante. Ahora podemos encargarla al mismo restaurante, ir a recogerla y llevárnosla a nuestra casa.” Que ahí sí, en nuestra casa nos deja Sánchez comer la rica paella. Nunca, nunca en el interior del local. Ni tan siquiera en la terraza.

A pesar de la lucidez de Pedro Sánchez sobre fases, vermús, fronteras provinciales y paellas, quedan algunas dudas sobre el cruce entre franjas horarias y edades. Por ejemplo, a partir de los 14 años y hasta los 70, se puede salir a correr desde las 6 de la mañana. ¿Podemos ir con una linterna de minero en la frente para no tropezarnos en plena noche con una farola o con otro chiflado al que también se la ha ocurrido salir a esas horas a trotar por la calle? ¿Podemos luego ir al supermercado, al banco, a la farmacia o al estanco? ¿O ya hemos apurado el tiempo del permiso presidencial? ¿Y qué hay del vermú? Porque después de hacer deporte no conviene tomar alcohol. ¿Es posible darse una ducha, descansar un rato y salir luego a una terraza a tomar una caña o un vermú? Desde luego, sin familiar alguno. ¿Y si no encontramos una terraza abierta? Porque pocos bares y restaurantes subirán la persiana con las draconianas condiciones del Gobierno. ¿Podemos, entonces, organizar una merendola en un banco en plena calle? Solo para beber unos tragos; nunca para comer.

Y una vez que hayamos tomado un vermú en una terraza, (si hay alguna abierta) o después de hacer deporte, a la hora prevista según nuestra edad, conviene que al regresar al encierro meditemos el sentido de la frase más repetida (no menos de 30 veces) por Pedro Sánchez. Dijo así nuestro insigne presidente en su más emocionante sermón: cuando hayamos culminado las fases de la desescalada, “volveremos a la nueva normalidad”. ¿Y qué es eso? ¿Qué ha querido decir? Porque, ¿cómo se puede volver a algo si es nuevo? Y menos aún si es normal. Se vuelve a un lugar conocido, no a uno nuevo. Y la nueva normalidad simplemente no existe. Pues lo normal nunca es lo nuevo.

Iván Redondo sostiene que, cuando Sánchez improvisa, es capaz de inventar una nueva realidad, de crear un universo paralelo. O quizá sea un malabarista de las palabras y de los números. Porque es capaz de convertir 4 fases en 3 y, luego, volver a la nueva normalidad en una suerte de “viaje al futuro”. No será doctor en Económicas. Pero es el mando único de todas las Españas. Hay que estar satisfecho y agradecido por la estratégica y tolerante desescalada que ha diseñado. Y hay que celebrar que en la primera fase, conocida como la inicial, podemos reunirnos hasta 10 personas en una terraza a tomar un vermú o una caña. Pues, ¡que viva la madre superiora, que nos lleva de excursión!

El autor es Director de EL IMPARCIAL de España.