LA VIOLENCIA CONTINÚA

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Muchos, pecando de optimistas, pensaron que con la llegada de Peña Nieto a Los Pinos la violencia en nuestra República terminaría, nada más absurdo; por desgracia la zozobra y el arrebato conseguidos en seis años no pueden acabarse de la noche a la mañana, se requiere mucho trabajo, amén de un esfuerzo constante y ordenado, mismo que cabe señalar, ha iniciado aunque de manera tenue. La labor no será fácil, ni aun con la designación de un hombre probo, como lo es el Dr. Manuel Mondragón y Kalb, personaje de excepción por su gran calidad humana, enorme sencillez y conocido profesionalismo; sin embargo, no puede hacerlo todo él solo, necesita respaldos sustanciales, no únicamente para combatir delincuentes, sino para brindar mejores opciones a quienes han optado por la ilicitud, debido a la desesperación ante la falta de oportunidades, de un empleo digno y bien remunerado.

La realidad es amarga, cada día mueren violentamente en promedio 25 connacionales, se dice que a consecuencia de la lucha entre pandillas, parte de ello sin duda así es; no obstante, mucha gente inocente resulta víctima de la perversa agresión de viles sujetos que actúan impunemente, y lo más dramático, en buena medida con el apoyo de inmorales funcionarios.

Las ejecuciones son cotidianas, inclusive contra personas cuyo único pecado fue oponerse a ser extorsionadas; lamentablemente no hay defensa. Si alguien instala un modesto negocio, las bandas de malhechores de inmediato le ponen una tarifa semanal por el llamado «derecho de piso», si el pequeño comerciante se niega a pagar, literalmente firma su sentencia de muerte. De nada sirve la presencia del ejército y la policía federal; de las policías estatal y municipal mejor ni hablamos, por regla general son cómplices de los infames delincuentes; tal circunstancia sólo debe producir una respuesta, cesar a ambas por ineficientes; asimismo crear un sistema único, pero bajo el mando y responsabilidad del municipio, donde el encargado de la fuerza pública a nivel local se maneje con principios de orden y ética, marginándose del soborno y la arbitrariedad. Los presidentes municipales están acostumbrados a tener una policía que cuide de ellos y sus familiares, generalmente los sujetan a sus caprichos e imprudencias, eso es precisamente lo que deberá evitarse con una policía única.

Volviendo a las sobrecogedoras cifras que nos dejó el sexenio anterior, debemos mencionar que hay Estados con mayor índice de ejecuciones, el primero es Chihuahua, donde el sexenio anterior se alcanzó la escalofriante cifra de 10 mil 057 personas muertas; le siguieron Sinaloa y Guerrero, la primera Entidad con 6 mil 322 decesos y la segunda con 4 mil 641. Sería casi imposible encontrar alguna región de nuestra nación libre de las garras del «crimen organizado», ese punto es de hecho el más preocupante; las bandas o cárteles, como ahora les denominan, se han adueñado de todo el país, fueron creando su sistema de extorsión y crimen durante 6 años y hoy es prácticamente imposible acabar con tan lacerante mal en sólo unos meses. Reiteramos, tendrá que hacerse un trabajo de fondo, de gran calado, donde la educación y las oportunidades laborales, con remuneraciones apropiadas, ocupen un papel fundamental. La lucha contra los malhechores, insistimos, no será sencilla, sin duda llevará muchos años, pero invariablemente se logrará el objetivo con proyectos serios y realidades contundentes.

Tal vez, el nombramiento que más debe aplaudirse es el del Dr. Mondragón al frente de la policía, pero es indispensable otorgarle toda la libertad que reclama, sin ponerle trabas o imponerle colaboradores que no son aptos para tan importante responsabilidad; si así ocurre, deberá irse, su dignidad está muy por encima de cualquier cargo público. Una cosa es segura, el Dr. Mondragón llegará tan lejos como se lo permita Peña Nieto.

elb@unam.mx

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