Análisis semanal: 27 de abril

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Si bien toda crisis es una oportunidad en potencia, depende de la manera en que se encare y la forma en que se busque aprovecharla para saber si alguien puede convertirla de una amenaza en una puerta a un mejor momento.

En estos tiempos, la economía se ve enfrentada por el riesgo que el Covid-19 supone para las economías del mundo y, en especial, para el empleo.

Y esta coyuntura se puede apreciar de que madera están hechos los líderes políticos que nos gobiernan, pues para algunos la pandemia representa la oportunidad de generar nuevas condiciones de desarrollo, aunque en una mayoría de los casos lo que han mostrado en lugar de capacidad, es el cobre del que están hecho.

Desde la frase que la pandemia les cayó como anillo al dedo para afianzar su proyecto, hasta dichos delirantes de otros mandatarios, lo que se ha visto es una pobre capacidad de respuesta en estos momentos, la búsqueda de culpar a un modelo económico –quedando atrapados en la cárcel de una ideología particular– o a los adversarios políticos en turno, pero sin presentar verdaderas propuestas que resuelvan los problemas a los que nos enfrentamos.

Así, ante un momento en la historia humana en el que muchas vidas están en riesgo, lo mejor que pueden decir muchos políticos es que sus proyectos son los mejores, sin mostrar evidencia de esto.

Total, que ni hablar de aprovechar la coyuntura para plantear un nuevo modelo de desarrollo y revertir las inercias negativas que veníamos arrastrando desde hace décadas, eso puede esperar, pero la promoción personal no.

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Conspiracy Theory

Los embates del presidente López Obrador en contra de la prensa empiezan a preocupar, y no por la manera en que esto se pueda interpretar como un atentado a la libertad de expresión o por la confusión –y el permiso en los hechos para ejercerlo– entre el auténtico periodismo y el periodismo militante, sino porque si esto es una de la mayores preocupaciones del titular del ejecutivo federal, entonces habrá que ver como ha estructurado su agenda para gobernar el país.

Y es que se trata de un tema en el que ha ocupado mucho tiempo, en el que ha señalado una serie de adversarios, ha mencionado cuestiones que responden a sus creencias personales –y no a las razones que deben animar a un jefe de Estado–, además de mostrar su intolerancia a la crítica, porque le molesta sobremanera que señalen sus errores.

Pero no nos debemos llamar sorprendidos, pues se trata de una persona que no tiene la formación suficiente para atender en verdad lo que hay detrás de la crítica que recibe, pues es más fácil escuchar a uno de sus súbditos quien le dirá lo que quiere escuchar y a quien odiar, así de simple la cuestión.