Marcelo se adelanta a Claudia

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Si antes del coronavirus que azota a México Marcelo Ebrard se había convertido en el supersecretario de la 4T, después de haber tomado la coordinación de la lucha contra la pandemia, sus bonos políticos se fueron a las nubes.

A pesar de que su principal función es la de canciller de México, si hacen falta pipas para suministrar gasolinas en el país, como consecuencia de la guerra contra los huachicoleros, Marcelo es llamado por su jefe para que se haga cargo.

Si la migración de centroamericanos en el sur del país se sale de control, el canciller es investido de superpoderes para poner en orden la situación, pasando incluso por encima de la Secretaría de Gobernación, que, en teoría, se tendría que hacer cargo del tema.

Si en Sonora madres de familia y sus pequeños hijos son masacrados por el crimen organizado, Ebrard es el encargado de ir al lugar, hablar con la comunidad y atender los reclamos iniciales de la familia LeBarón.

Si Donald Trump amanece de malas y la agarra contra México, por el tema que sea, es Marcelo quien tiene que ponerse el overol y calmar al irascible presidente gringo, que hoy se dice amigo del país.

El canciller no sólo ha sido un bombero de lujo para el Presidente; fue una pieza fundamental en su campaña, trabajando buena parte de los estados del norte del país para que no sólo el tabasqueño ganara, sino que la 4T se impusiera casi en todos lados.

Contrario a Claudia Sheinbaum, quien siempre ha sido vista como la pieza que El Peje impuso al frente del Gobierno de la Ciudad de México y que, desde el principio, ha estado atada a las decisiones de Palacio Nacional.

Aunque la gobernante ha recuperado algunos puntos con sus últimas decisiones para tratar de controlar la pandemia en la ciudad, no tiene fuerza y está expuesta todos los días a los problemas cotidianos de la gran urbe.

A diferencia de Ebrard, ella tiene el desgaste diario del gobierno —en el que, por cierto, el canciller ya estuvo y salió muy bien calificado— y problemas como la inseguridad, la economía y los servicios públicos se agravan cada vez más y le pasarán factura.

Así que mientras Marcelo es visto como el que llega a desenredar entuertos y a salvar el errático camino de la 4T, Sheinbaum es percibida como la que no se mueve si no se lo ordenan del edificio de enfrente.

La jefa de Gobierno es vista como la favorita del jefe para que en 2024 ocupe su lugar, pero Marcelo ha dejado claro que si alguien le sabe a la administración pública es él.

Y a como se ven las cosas, donde la aprobación presidencial va en caída libre y el panorama luce desesperanzador, igual y quien hoy habita Palacio Nacional no llega al final con la suficiente fuerza para imponer a Claudia y ahí se cuela Ebrard.

Claro, a menos que en la revocación de mandato de 2021 el actual Presidente no pase y tengan que echar mano de su sustituto, que si fuera el canciller, sólo podría estar el tiempo que le reste hasta 2024 y adiós.

Pero, por lo pronto, va al frente de la caballada.

 

CENTAVITOS

Como leones enjaulados andan los diputados del Congreso local, que no pueden sesionar por la prohibición a las reuniones públicas. Y no porque en Donceles les guste mucho el trabajo, sino porque dejaron pendientes las firmas de los jugosos contratos a proveedores, que representan un buen billete para los involucrados. Por eso les urge, no por otra cosa.