Su Alteza Serenísima Don Andrés Manuel López de Obrador…

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LIC. CARLOS SALINAS DE GORTARI, EXSECRETARIO DE PROGRAMACIÓN

Y EXPRESIDENTE DE LA REPÚBLICA:

+La corrupción del alma es peor que la del cuerpo. José María Vargas Vila

CIUDAD DE MÉXICO.- Como usted, licenciado Salinas, conoció, vivió y hasta cometió actos y excesos del uso del poder, creo que debe estar apreciando en el presidente López Obrador una actitud fuera de foco; y en plena negación de la realidad, no cuenta con una estrategia contra la crisis económica y social que sin duda viene con los estragos de la pandemia del coronavirus.

En este duelo por la pérdida del control sobre el rumbo del país, López Obrador ha incurrido en numerosas acciones fallidas que me han recordado a Su Alteza Serenísima, don Antonio López de Santa Anna, quien solía, en los momentos de mayor apremio, sacarse de la manga decisiones insólitas o cambiar a discreción leyes y reglamentos para obtener más recursos que aseguraran la realización de sus obras.

El 31 de marzo pasado el Consejo de Salubridad General decretó la emergencia sanitaria por la pandemia del Covid-19. “Se ordena la suspensión inmediata, del 30 de marzo al 30 de abril de 2020, de las actividades no esenciales, con la finalidad de mitigar la dispersión y transmisión del virus SARS-CoV2 en la comunidad”, rezó el decreto.

Entre las actividades no esenciales quedaron prácticamente todas las no vinculadas a los servicios de salud, energía, seguridad, etc. Todo el resto debió parar. Sin embargo, el Presidente de la República y quienes con él elaboraron el documento que conoció la opinión pública, decidieron que la construcción del aeropuerto de Santa Lucía, el Tren Maya y refinería de Dos Bocas no parara, saltándose las disposiciones de la emergencia sanitaria.

… Solo que se presentó un pequeño detalle:

La industria cementera implementó su paro de actividades en acatamiento de la emergencia sanitaria y, por lo tanto, no habría cemento para la continuación de los megaproyectos presidenciales… Las versiones apuntan a un gran berrinche en la Presidencia de la República y en la Secretaría de la Defensa Nacional porque ¡cómo, las obras emblemáticas del régimen, ¿paradas?!… Ordenaron, en consecuencia, reanudar la producción, pero éstas se negaron, alegando que si lo hacían podían ser demandadas por desacato…

… Y aquí, para variar, irrumpió el impulso voluntarista e impositivo de López Obrador, con la ultrapragmática solución de modificar el decreto de la emergencia sanitaria para ordenar que las empresas cementeras hicieran una excepción y fabricaran el cemento de los megaproyectos de la 4T…

Por increíble que parezca, en una publicación extraordinaria del 6 de abril por la tarde, el Diario Oficial de la Federación, anunció a siguiente precisión:

“… Aquellas empresas de producción de acero, cemento y vidrio que tengan contratos vigentes con el Gobierno Federal, continuarán las actividades que les permitan cumplir con los compromisos de corto plazo exclusivamente para los proyectos de Dos Bocas, Tren Maya, Aeropuerto Felipe Ángeles, Corredor Transísmico (sic); así como los contratos existentes considerados como indispensables para Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad.”

Y firmó, obvia y naturalmente, Su Alteza Serenísima

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