Diario del año del coronavirus

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Sábado 4 de abril, 2020.

En las últimas horas hemos vivido en el vacío: mientras las cifras de infectados y muertos –controladas por el gobierno– siguen subiendo y ciudadanos, líderes y organizaciones de la sociedad civil exigen acuerdos plurales, Palacio Nacional está vendiendo expectativas, desde la semana pasada se ha estado manejando la versión oficial de que mañana domingo 5 se presentará un plan de enfrentamiento al virus.

Pero los tiempos son manipulados. Ese programa debió haberse dado desde comienzos de el lunes 30 de marzo cuando el Consejo de Salubridad General dictamino el confinamiento. Pero el domingo 5 de abril es nuevo día de guardar –dijera Carlos Monsiváis–: ese día está fijado como el de un informe presidencial formal, uno de muchos,en el que el presidente, en tiempos no de pandemias, juntaba a toda la clase política, clase social y clase gobernante en Palacio Nacional a escuchar reportes de lo ya sabido.

Por ello el país ha estado en el limbo informativo: el presidente no quiere quemar su plan y sí meterlo como informe de gobierno, mientras las crisis avanza en la exigencia de salidas inmediatas.

Todo ello revela sólo una cosa: el presidente López Obrador se esta moviendo en su proyecto de gobierno, en sus tiempos personales y en sus prioridades. De hecho, el presidente no ha querido darle importancia a la pandemia en tanto ésta está amenazando su proyecto. En el sitio http://indicadorpolitico.mx se localiza una aportación importante; hasta ahora cuatro propuestas formales de la sociedad civil para atender las secuelas de crisis económica y crisis social del COVIDE-19, aunque sin que haya sensibilidad gubernamental para cuando menos recibirlas de manera formal. Las cuatro tienen sus coas buenas: http://www.indicadorpolitico.mx/?p=104990

La prioridad en Palacio Nacional es salvar la 4T; en este escenario hay que colocar frases tan desafortunadas como que la crisis “nos cayó como anillo al dedo”; en realidad, el presidente no estaba pensando en la sociedad sino en su proyecto. Lo malo de esa frase fue su corto alcance; dijo que nada iba a truncar su 4T y centró todo en la lucha contra la corrupción; pero si bien se analiza, el abatimiento de la corrupción no reactivará el PIB –puede caer -8% este año–, ni generará empleo, ni cambiará la correlación de las fuerzas productivas y las fuerzas sociales. Además, en un país en crisis de producción, la corrupción es, diríase con cinismo economicista, un salario no monetario que completa ingresos de toda la cadena de corrupción.

La paradoja presidencial –en términos hasta de filosofía y ciencia política– es fácil de racionalizar: López Obrador tardó 30 años en llegar a la presidencia de la república con un proyecto social-populista en las manos y en llegando se encontró con una crisis económica que abatió el PIB en -0.1% y luego estalló una crisis sanitaria que deshizo las expectativas de cuando menos cinco años hacia adelante. La crisis COVID-19 está obligando al gobierno a replantear todo para lo que resta del sexenio. Y vemos a un López Obrador tratando de salvar su proyecto de tres decenios.

El escenario presidencial busca resistir la crisis, aguantar los efectos de salud, contener las protestas, mantener su rumbo y sacrificar este año; a partir del 2021 volverá a comenzar. Sólo que aun falta por ver el efecto real de la pandemia en tres rubros: coto económico y productivo por quiebra de empresas y desempleo masivo, urgencia de construir un nuevo sistema de salud; y una nueva fractura social-política como profundización de la polarización.

Estamos en la primera semana formal y obligatoria de confinamiento. El saldo no es bueno porque al iniciarse ya habían transcurrido cuando menos dos de multiplicación doméstica de la infección. En las redes se comienzan a leer mensajes de repudio de conocidos por la infección o fallecimiento de parientes. El presidente seguirá con su estrategia de optimismo, pero su calado será menor en la medida en que los muertos comiencen a contarse arriba de cien y los infectados arriba de tres mil. Es decir, la parte dura de la pandemia apenas está entrando en velocidad.

Hasta ahora toda la estrategia recae en la figura única del presidente de la república, sin su partido, sin el congreso, sin los gobernadores estatales, sin su gabinete, sin sus seguidores. Y su enfrentamiento diario comienza a hacer estrago en la velocidad de su razonamiento, en la capacidad limitada para ofrecer un escudo social y en el desgaste físico. Estamos viendo a un presidente contra todos.

Mañana domingo en la tarde vendrá su informe y su programa de rescate. Pero no habrá sorpresas: salvaguardarásu proyecto, dejará a los empresarios sin apoyos y no dará liquidez o beneficios a los ciudadanos para sus gastos diarios. Mañana anunciará su último paquete de dinero para la crisis, porque ya no hay fondos escondidos. Y sin dinero, la crisis sanitaria tendrá todo a su favor.

En todo este caso hay sólo un detalle: el presidente no quiere ayuda, no quiere que nadie se meta en la dirección de la crisis sanitaria y agotará sus fuerzas en una dirección personal del conflicto.