La crisis ya llegó

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Nunca en la historia de la humanidad se había tenido un reto tan mayúsculo como el que ahora enfrentamos con el Covid-19, mejor conocido como coronavirus. Las grandes epidemias anteriores, como la ‘peste negra’ de mitad del siglo XIV en Europa, también tuvo su origen en China y dejó un saldo de millones de muertos, que se dice, podría haber sido la mitad de la población de Europa, pero el ‘Nuevo Mundo’ aún no era conocido y no se tienen datos que otras regiones del planeta se hayan contagiado. Más recientemente, a principios del siglo XX, en 1918, la mal llamada ‘gripe española’ (la pandemia al parecer inició en Estados Unidos y se cuenta que fue llevada a Europa por soldados norteamericanos que arribaron a Francia como aliados en la Primera Guerra Mundial, y al ser la prensa española la que le dio más atención por no estar involucrada en la guerra y por tanto no contaba con censura, esta afectó a una gran parte sí de Europa y ahora ya de América, también. En 1918 cuando estalla, México estaba en el periodo de la Revolución y ahora sabemos que muchos de los muertos de ese periodo no todos eran saldos de la Revolución, sino muchos por la influenza.

Pero ahora con el grado de desarrollo de las comunicaciones aéreas, marítimas y terrestres que hemos alcanzado, y la gran importancia que China tiene en el mercado global, la pandemia que nuevamente tiene su origen allá, como la de la Edad Media, ha alcanzado por primera vez en la historia la verdadera calificación de planetaria.

Los europeos señalan que las consecuencias serán de una economía de guerra, con la salvedad de que ahora no está destruyéndose la infraestructura, las fábricas, las ciudades, etcétera, porque aún viven personas que padecieron y vivieron esos terribles periodos, y saben de la devastación en que quedó Europa, como por supuesto también, los cambios que vinieron después con el Plan Marshall para la reconstrucción de Europa y el triunfo de la democracia liberal, pero para países y generaciones como las nuestras en América Latina y particularmente en nuestro país NUNCA habíamos sabido y menos tenido una situación como la que estamos iniciando a vivir.

La crisis financiera global de 2008, que luego pegó en la economía, ya sabemos que tuvo sus orígenes en las hipotecas de bonos basura en Estados Unidos y golpeó al resto del mundo después, y en 2009 con la pandemia de la influenza originada en nuestro país, la economía nacional colapsó hasta llegar a 6 por ciento del PIB negativo, con la consecuente quiebra de empresas y pérdida de empleos, y con ello una mayor pobreza y desigualdad.

Ahora, nadie tiene dudas de que el mundo se encamina a una gran recesión, pero para México, la situación es aún más catastrófica, venimos de un año 2019 con una economía estancada que tuvo -0.1 por ciento de crecimiento el PIB; un Tratado de Libre Comercio, que aunque aprobado en los congresos de los tres países socios, aún no se firma, y obvio será después de este periodo de la pandemia cuando se realice; una caída drástica del precio del petróleo de la mezcla mexicana, menos de un tercio de como fue presupuestado; un incremento en la inflación y una devaluación del peso frente al dólar; las calificadoras y organismos financieros internacionales ya nos ponen en un escenario de recesión con caída de hasta menos 7 por ciento en el Producto Interno Bruto de nuestra economía, pero lo más grave es la nula respuesta gubernamental a esta crisis. Si en la parte sanitaria hay muchas críticas, aquí definitivamente es mayor por la NO respuesta del gobierno a las demandas de los organismos empresariales y de los analistas económicos, de presentar ya un paquete de medidas de forma integral y responsable para la defensa de las empresas y los empleos.

Es urgente que el gobierno presente un plan estratégico no solo para este periodo de crisis sino para la recuperación, en virtud de que la intervención del Estado en la economía para asegurar el nivel de demanda, posibilite la recuperación el empleo. Urge ya tener un proyecto de reconstrucción de la economía. Se tiene ahora que trabajar urgentemente para evitar la máxima caída de la economía, poner un freno a ello con programas de apoyo a las empresas y contribuyentes, y después preocuparse por el nivel de la deuda.

La ignorancia, terquedad y la continua búsqueda de polarización para seguir aumentando la desconfianza empresarial en la inversión, hoy más que nunca son un misil contra la economía popular y el bienestar social al final del día, algo obviamente contrario al discurso que pregona el discurso presidencial diariamente. Es hora de cambiar de rumbo y rectificar ya.

@aguilarsoliss