Frente a la fase 2

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La verdad es que si nos atenemos a las cifras, se ha cumplido cabalmente en México los plazos que el gobierno mexicano señaló para ser presa de esta contingencia.

Quien de buena fe quiera oír, que oiga. López dejó claro que no asumiría directamente la comunicación de esa pandemia. Que a unos no les gusta López-Gatell, va. Pero el sujeto sabe de lo que habla y se ha basado en la OMS, la que ha pedido a México y al mundo que se comprometan más, al tiempo que reconoce la tarea mexicana de prevención, con la que hemos corrido por la suerte de ver con antelación como daba la vuelta al mundo semejante asesino y se le ha podido prever, pese a la necedad de la gente de con cuidarse y de ser más precavida y no serlo ya no es ni será culpa de López Obrador. Que cada quien asuma su golpe.

Y pese a la sordera política de no votantes de López Obrador, que siguen tragando demasiada propaganda y ensordecidos, con el odio a flor de piel, dicen zarandajas un día, sí y otro también, corriendo el enorme riesgo de contagiarse por no oír las indicaciones. Dan pena ajena.

Dicho porque así es y porque la gente consciente ha tomado medidas aún antes que el gobierno y no se esperanzan a estampitas ni nada. Bien hecho. ¿Rebasado el gobierno por la iniciativa privada? Pues depende de cuál. ¿De la que sigue requiriendo a sus empleados a trabajar in situ? Desde luego que esa no. La sociedad sí ha sabido presionar para que se adelantara el receso escolar. Pese al desparpajo con que las universidades y todos los niveles han implementado modelos de clases a distancia, haciendo del trabajo extramuros algo complicado si hubiera mejor un parámetro ya establecido, una plataforma estándar, una meta clara universal en materia educativa. Pero es lo que hay. Afortunadamente, sucede en receso y evitando más contagios.

Si por acción del gobierno y por la presión social, que por fortuna existió. Y aunque es verdad que hay razones para temer el paro total del país, porque nuestra economía no lo soportaría –si así, tenemos ya lo peor– no dudemos que López-Gatell sabe su juego. De poco ha servido desacreditarlo, meterse con su sueldo o su peinado. Y no ha importado porque hasta hoy no hay un sector médico conocedor de epidemias que pueda cuestionar su proceder. Así que opinólogos tan autorizados como Thalía invitan a sonreír y a mirar para otro lado, luego de oírles, pero mejor a no escucharles.

Los plazos de la epidemia han ido cumpliéndose y aunque en efecto, a tirones y empujones, incluso, se han verificado adelantos de la fase 2 por partes hasta finalmente declararla, es verdad que es una incógnita lo que venga. Suponer que el 20 de abril se regresará es complicado,  pues hacerlo sería en la posible plena fase 3 de contagiadera sin par y eso sería fatal para lo mucho o poco que hayamos adelantado.

Y es que una cosa es acaso –es un supuesto, como todos no probado–  se pueda contener la diseminación del virus y quede en eso y otra regresar a una normalidad que lo fomenta y propicia. No se puede ambas y el 20 de abril despierta muchas dudas.

Ya se detuvo al gobierno federal, algunos estados ya han paralizado su actividad. Así que más vale que lo planeado desde el gobierno, si lo hay, funcione. Y no lo olvidemos, sirve de muy poquito insultar a López Obrador. Ayuda más informarse del coronavirus. No merece la pena jugarle al vivo y este gobierno ofrece mucha información.

De manera que hará falta más comunicación desde el Estado Mexicano y más colaboración desde la ciudadanía, que se puede desbocar esta Semana Santa si no se arrecia la campaña del “quédate en casa”. Que no está el horno para bollos. La economía, tampoco.