El fin de una época

0
325

Columna Brújula del Cambio

  • La pandemia ha sido el factor catalítico para dar fin a las bases fundamentales e ideología del neoliberalismo
  • El Covit19 ha generado la crisis financiera-bursátil más profunda y acelerada en los últimos 100 años
  • Se aproxima ejércitos de desempleados y quiebras de empresas

Estamos presenciando el fin de una época del capitalismo con acumulación y concentración de la riqueza, donde de alguna manera dominaba el mercado y el comercio internacional, con cadenas productivas multinacionales; en un mundo de comunicación global e interdependiente. Este arranque del 2020 con la combinación de la pandemia del coronavirus y el impacto que derivó en una crisis económica financiera global, que ha desquiciado a los mercados del mundo, a niveles que no se habían visto desde el principio del Siglo XX.

Este cambio de época, se manifiesta en lo que podemos denominar una policrisis (en el ámbito de la salud, las finanzas y economía, las instituciones, las políticas públicas, las cadenas de valor, las relaciones sociales, los mercados, las relaciones internacionales, entre muchas otras), que se ha desatado desde el arranque de este año, 2020, de manera profunda y rápida, por la combinación de dos fenómenos, la pandemia del Covit19 y la crisis bursátil en los mercados globales

Esta es una rápida transformación de paradigmas, de los modelos de desarrollo, de los pensamientos dominantes y de valores, los fundamentos políticos y económicos, así como sociales, que en alrededor de 100 días han cambiado radicalmente la faz de la tierra, las esencias del neoliberalismo, del predominio del mercado, la interdependencia global, del valor de las materias primas, comodities, etcétera; se han frenado de golpe las economías nacionales, con crisis bursátiles galopantes ante la incertidumbre y la falta de confianza ante las decisiones de las autoridades que están tomando para enfrentar estos problemas.

Expresado de otra manera, este cambio de época significa que nos encontramos frente a la emergencia de un nuevo paradigma, con un nuevo modelo cultural, que nos va a llevar a una nueva sociedad, que se va a relacionar de manera diferente con la autoridad, las instituciones y la política, tanto a escala mundial como nacional; los escenarios de crecimiento económico global estaban en 2.8% y ahora, los ubican de menos 4% a menos 14%, es decir, que las recesiones son el signo de estos tiempos.

La caída de los mercados bursátiles en el mundo no tiene precedente, ni por su profundidad y rapidez, no es comparable con la Gran Depresión de 1929 o de la Segunda Guerra Mundial, donde la contracción bursátil tuvo una caída al inicio de 8% y al final de alrededor del 45%; en cambio hoy en este mes, se ha perdido el 38% del valor de los índices. La pandemia ha causado el cierre total con sus impactos en las economías de China >donde inicio y ahora empieza a arrancar lentamente< Italia, España, Reino Unido, Francia y Alemania, así como recientemente Estados Unidos que intentó por varios días minimizar el tema, está ahora bajo una enorme presión.

Enfrentamos una pandemia sin precedentes, que para enfrentarla la mayoría de los países han decidido cuarentenas o distanciamiento social, que paraliza de golpe las actividades económicas y sociales, rompiendo cadenas productivas y frenando las actividades productivas, que va generando ejércitos de desempleados y quiebres de empresas, así como escases de materias primas; destruyendo las bases fundamentales del neoliberalismo, del libre comercio, capitalismo y relaciones internacionales.

Desde la década pasada comenzamos a ver los primeros síntomas de este cambio global en la esfera de la política, con desgaste brutal de los partidos “tradicionales”, las instituciones y los grupos de poder o elite, con la llegada de mandatarios de signos populistas de izquierda o de derecha (1), con marcadas tendencias nacionalistas(2); así tenemos a Emmanuel Macron, en Francia, Pedro Sanchez, en España, Donald Trump, en Estados Unidos, Boris Johnson, en Gran Bretaña, Jair Bolsonaro, en Brasil, Alberto Fernández, en Argentina, Nicolás Maduro, en Venezuela, Sebastián Piñera, en Chile, entre otros.

También como antecedente, tenemos que muchos de los investigadores coinciden en señalar que “Vivimos un cambio de época”, apuntando que cada vez más claro que dejamos atrás un momento histórico y nos encontramos al inicio de otro distinto; donde la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos es el signo más visible de este quiebre entre un modelo político-económico que se cierra y otro que comienza.

Un cambio de época supone la transformación en la estructura real del mundo, pero también y sobre todo, una experiencia compartida de que las reglas del juego, hasta antes del quiebre nos permitía organizar significados y sentidos inteligibles, resulta cada vez más inútil para entender el mundo e intentar predecirlo. Una situación análoga a como si, de pronto, los protocolos, reglas o formas políticas, dejan de funcionar y dejamos de entender el presente y el futuro de hace cada vez más incierto.

Así es este cambio de época que estamos viviendo, con patrones asumidos como inmutables, se trasforman radicalmente o simplemente se evaporan; con ello, crecen las dificultades para construir narrativas, mediciones, predicciones, explicaciones que nos permitan entendernos y sentir que tenemos control sobre el mundo que nos rodea.

Enfrentamos un momento histórico caracterizado por la inoperancia de las viejas certezas y el incremento exponencial de la incertidumbre y la imprevisibilidad; hay quienes se aferran a las reglas y formatos del pasado; otros se quedan pasmados o se dejan avasallar por la incertidumbre y el miedo; también hay quienes, frente al rompimiento de las regularidades, certezas y significados conocidos, deciden construir un nuevo futuro.

Las brutales fuerzas de la pandemia y la crisis financiera que han sacudido al mundo en sólo 100 días, han sido los elementos catalizadores de un cambio de época profundo y centellante sembrando a escala global incertidumbre y miedo, que pone a prueba a los jefes de Estado y mandatarios, así como la credibilidad en las autoridades, instituciones, partidos, sociedad, empresarios, etcétera; por lo que el futuro es indescriptible y requerimos nuevos paradigmas, proyectos, formatos y reglas.

 

El caso de México

El presidente Andrés Manuel Lopez Obrador desde el inicio de este año ha minimizado o más bien ignorado la emergencia global por la pandemia, ni el desastre financiero y económico, ignorando además la agenda feminista y la inseguridad, así como la violencia; venimos de un año sin crecimiento económico, donde el gobierno federal ni ha impulsado la inversión pública ni privada, donde resulta obvio que el Presupuesto de este año, no cuenta con los recursos suficientes para hacer frente a los compromisos y proyectos.

México enfrenta una severa crisis económica, con una fuerte caída del peso, que ha llegado a niveles históricos de 25 pesos frente al dólar, el desplome de los precios del petróleo, que llegó a 16 dólares por barril, desplome de la bolsa de valores, la contingencia por el Covid19 golpea las ventas del Mercado de Abastos, los comerciantes afirman que al menudeo registran una caída de 50%, mientras que al mayoreo es de 30%; hay una parálisis en las empresas y en todos los sectores de la economía nacional.

Ante esta situación tan grave y critica el Presidente Lopez Obrador sigue minimizando la pandemia y descarta la experiencia internacional, como son los casos de Asia, Europa y América Latina; anunció un programa de salud y económico, sin considerar realmente la dimensión de la situación y sigue polarizando con los empresarios e inversionistas privados; donde la cancelación de la cervecera norteamericana en Mexicali, les cayó como balde de agua helada, violando el Estado de Derecho y el Tratado de Libre Comercio >TEMEC<, donde cancela la inversión y aumenta exponencialmente la incertidumbre.

Pero de repente, en contra de lo que había venido sosteniendo el mandatario tabasqueño, tanto en sus comparecencias matutinas como en sus actos, el 24 de marzo por la mañana se informa que entramos en la Fase 2 y al otro día, en la conferencia del equipo de salud a las 19:00 horas, el subsecretario Hugo Lopez Gatell en medio de su presentación informa que a partir de ese momento el Gobierno Federal cierra sus actividades no prioritarias.

Algo que no comprendemos ocurrió con el Presidente Lopez Obrador, que en 24 horas dio un viraje radical a sus estrategias para contener el Covit19 y esa misma noche comunica que participara en la reunión del G-20, donde expresa que su gobierno se ha puesto en las manos del equipo técnico y científico del sector salud; aunque contradictoriamente pide que no se cierren las actividades económicas, como son: fondas, taquerías, restaurantes, puestos de comida, etcétera y el fin de semana planea continuar con sus giras al norte del país.

No es la primera vez que vemos esta personalidad bipolar de Lopez Obrador, pero al final de cuentas la mayor parte de la ciudadanía, gobernadores, intelectuales, empresarios, entre otros, no confía cabalmente en sus decisiones para contener la pandemia y mucho menos para atender la severa crisis económica que enfrentamos, que día a día se vislumbra que se agrava.

Diferentes voces le han pedido el Ejecutivo Federal, que posponga temporalmente los proyectos de la refinería de Dos Bocas, el tren Maya y Transitsmico, así como el aeropuerto de Santa Lucía, para que con estos recursos atienda la contingencia de salud; Para también atender el desastre que se vive en el mercado nacional y la Bolsa de Valores.

Dicho de otra manera, el Presidente sufre de negación de la realidad, no sé si le afectan factores psicológicos, es de estrategia política o ideológica >de símbolos<, pero el resultado es el mismo: el país no está reaccionando ante una tragedia impredecible que ya ha provocado el cierre prácticamente total de la vida social, económica y financiera.

Es emblemática la brutal caída en los mercados bursátiles en el mundo, que se acelera por la pandemia del Covit19 y que siembra un temor e incertidumbre no vistos desde el siglo XX, que se alimenta cada día con las noticias del avance del virus en los países más afectados; así como la guerra del petróleo desatada entre Arabia Saudí y Rusia, enloqueciendo los precios y devaluando las monedas. Ahora, en el mes de marzo, se ha perdido más de 30% del valor de los índices; lo que siguió en aquella ocasión, los tres años subsecuentes fueron de errores, que borraron el 90% del valor (3), eso no debería volver a ocurrir en estos tiempos, pero el primer golpe ha sido mucho más fuerte y parece extenderse muy rápido.

Para que tengamos una idea de lo que significa esto, todas las ganancias bursátiles que se obtuvieron durante el gobierno de Donald Trump desaparecieron >prácticamente se evaporaron<, y el minimizar la pandemia en los primeros momentos, la realidad lo ha rebasado y hoy lo califican los políticos y ciudadanos como un irresponsable, que no fue capaz de estar a la altura que estos tiempos imponen.

Un caso similar ocurre en México, pero nosotros aún no hemos siquiera tomado las medidas y estrategias que Trump, forzado, ha tenido que impulsar, no hay emergencia nacional ni cierre de aeropuertos, fronteras, o siquiera instrucciones claras de distanciamiento social; mucho menos se ha ofrecido algún programa económico dirigido a aminorar el daño para millones de mexicanos y apoyos fiscales.

En los Estados Unidos ya se anunció el cierre de producción de automotrices europeas y estadounidenses, y JPMorgan estima una contracción del PIB:

  • -4 por ciento en este trimestre
  • -14 por ciento en el próximo

 

Por lo que es clara una fuerte recesión y contracción de la economía de nuestro vecino del norte, que da cuenta de la magnitud de la caída de producción, desconexión de las cadenas productiva, las relaciones comerciales, su efecto en los precios de las materias primas y energéticos, entre muchas otras; esta ola destructora viene hacia México, con una economía estancada, sin crecimiento y sin ningún atractivo para los inversionistas.

Las diferentes proyecciones del crecimiento para México en el 2020, van de:

  • -4%
  • -8%

Esto sin tomar en cuenta, que en breve vienen las proyecciones de las calificadoras, que seguramente van a bajar la calificación de Pemex con perspectivas negativas, que afectaran sensiblemente a la Deuda Soberana.

El Pemex lopezobradorista en lugar de salvar al país y sus finanzas, lo va a hundir.

Lopez Obrador en lugar de gobernar a atender las necesidades de los mexicanos >todos< y estar con un liderazgo a la altura de las circunstancias, parece continuar en campaña, culpando a los conservadores, generando polarización y dejando que los gobernadores tomen sus propias estrategias; no hay coordinación nacional y surgen presagios negativos incalculables sobre la nación.

El autor es analista político en aislamiento.

rabascal51@hotmail.com

Notas:

  1. Con diferentes calificativos según el caso y adoptando otros términos como populistas de “centro” o “cívicos”.
  2. Con signos diferentes en cada país y en muchos de ellos, de carácter xenofóbico.
  3. Que representa la riqueza financiera y de capital en el mundo.