Aún falta lo peor; ¿y el plan de contingencia económica?

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Pues no, no se ve claro.

Todo apunta a que por segundo año consecutivo nuestra economía quedará atrapada en la recesión, hay muchos datos que así lo perfilan, pero lo grave es que ante la emergencia no se ve por ningún lado un Plan de Contingencia Económica de la 4T que mitigue esta crisis.

Ante la lenta respuesta de la autoridad responsable, el sector privado (como lo han hecho muchos ciudadanos por su cuenta) han propuesto medidas para preservar el empleo y mitigar las afectaciones a la economía, véase el comunicado del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) del 19 de marzo.

Aunque sea parte de la narrativa oficial, la fe por si misma y las estampitas no sirven de mucho ante los efectos devastadores de la recesión, sobre todo frente a la cadena de eventos desafortunados como la pandemia del coronavirus y la guerra de los precios del petróleo, que están haciendo polvo a Pemex y nos está arrastrando.

Un botón de muestra. El 18 de marzo, en el aniversario de la Expropiación Petrolera, no había mucho qué festejar pues la mezcla mexicana de petróleo se desplomó hasta los 14.54 dólares por barril. Pemex hizo mutis y se guardó el dato casi un día para no incomodar a #YaSabenQuién.

Por parte del gobierno las respuestas a esta crisis, que ya comenzó a mostrar sus verdaderas dimensiones, se aprecian lentas y poco eficaces.

Honda y Ford anunciaron el cierre de plantas por falta de insumos y como efecto del coronavirus. La ola paralizante en las empresas productivas, el turismo y otras actividades repercutirá sin duda en el desempleo.

Y que conste, no habrá becas suficientes para resolver la precariedad que trae consigo la desaparición de fuentes de trabajo.

Por cierto, la Cámara de Diputados aprobó vía fast track y sin debate una reforma que permitirá al gobierno federal integrar un fondo emergente de hasta 180 mil 733 millones de pesos contra “cualquier tipo de emergencia”, como la del coronavirus. Al menos ese fue el argumento.

Pero ojo, esto implica que el gobierno federal podrá disponer del 100 por ciento de los recursos del superávit presupuestal primario (el subejercicio) y eventualmente contratar nueva deuda.

Los expertos podrán explicar si la etiqueta de “cualquier tipo de emergencia” es la garantía para que no falten recursos a los programas sociales, aunque los critiquen de clientelares.

Pero hay que decirlo, del Plan de Contingencia Económica, ni sus luces.

Así como hay voces serias y calificadas que insisten en que el gobierno debe tomarse en serio el tema de la pandemia del coronavirus, muchas otras voces piden al gobierno que se tome muy en serio el tema de la recesión económica.

 

Señales débiles

La fecha clave, dicen, es el martes 24 de marzo.

La expectativa está puesta en lo que resuelvan ese martes el presidente Andrés Manuel López Obrador y los integrantes de su gabinete económico, con el esperado anuncio de medidas concretas de lo que sería el Plan de Contingencia Económica.

Este Plan supondría recortes adicionales al gasto público (apretón adicional al cinturón), una reforma fiscal urgente y estímulos que permitan la reactivación de la inversión productiva y la conservación del empleo.

Todo esto para evitar que la recesión se convierta en un callejón sin salida que haría reventar incluso los programas sociales que son la bandera de esta administración.

El margen de maniobra del Jefe del Ejecutivo está muy debilitando y sigue cayendo. El índice de aceptación presidencial al jueves 18 de marzo llegó a un mínimo del 51.6 por ciento, según el #AMLOTrackingPoll de Mitofsky, nivel muy pero muy lejano al 64.5 por ciento del mes de abril de 2019 y 4 puntos abajo en menos de un mes.

Además, el tema del coronavirus ha causado pánico entre la población, pues existe la percepción de que el gobierno federal ha actuado tarde ante esta emergencia.

El Secretario de Salud ni siquiera ha asumido su papel de florero.

La crisis de salud es manejada a nivel de subsecretario para abajo y contra todas las indicaciones de las autoridades de salud el Presidente de la República está más preocupado por mantenerse dentro de la burbuja artificial de la popularidad, donde se siente seguro.

Los desplantes disruptivos del jefe del Ejecutivo -por no decirles de otra manera- lo hacen centro de críticas y hasta de burlas, muy lejos del respeto de la investidura.

 

Cierran puertas

Cuando se lanzó el Plan Nacional de Infraestructura, por ejemplo, se anunció que luego se formalizarían los programas de inversión en el sector energía, a cargo de la secretaria Rocío Nahle.

Pasó el tiempo y los empresarios mejor se sentaron de tanto esperar y aunque Alfonso Romo aseguró que se retomarían los proyectos pendientes, el 18 de marzo el Presidente de la República anunció que terminó la era privatizadora en Pemex, mensaje que se interpretó como que no habrá más proyectos de coinversión.

 

Redefinir proyectos

Las señales que han venido esperando los sectores productivos de parte del gobierno para reactivar la economía, nomás no llegan.

En diferentes foros y de distintas maneras se ha planteado que serían buenas señales que se replantearan los proyectos gubernamentales, pues el único proyecto que podría avanzar con todos sus asegunes es Santa Lucía. Por ahora se considera un desperdicio de recursos los proyectos de la refinería de Dos Bocas, así como el Tren Maya. Diferir esos proyectos para reenfocar los recursos a otras áreas sería bien visto y hasta aplaudido, aunque los promotores de la 4T no lo crean.

 

Datos recesivos

Pues no es por parecer tremendista pero los datos son terribles.

Además de la caída de los principales indicadores productivos, el precio de la mezcla mexicana se desplomó hasta los 14.54 dólares por barril. En tanto que el fin de semana la cotización del peso fluctuó arriba de los 24 pesos por dólar.

Y la tasa de desempleo anda en niveles del 3.5 por ciento.

En la reunión de la Asociación de Banqueros de México las crónicas consignaron que cuando el secretario Arturo Herrera dijo que habría apoyos fiscales para las empresas. Que levante la mano si alguien sabe dónde están.

Herrera dijo que no le preocupan los precios del petróleo, pues las coberturas garantizan los recursos presupuestados. Contra ese optimismo hay versiones de que Pemex prepara un ajuste a su gasto que incluye menos contrataciones.

El Plan A de los proyectos de infraestructura no ha cuajado. Para Alfonso Romo el Plan B pasa por ajustar los ingresos y recortar el gasto que no es otra cosa que apretarse más el cinturón.

Romo es el encargado de propiciar el crecimiento económico del país, pero por lo que se ve saldrá reprobado.

La cereza. Bancos y firmas financieras ven un desplome severo en las expectativas de crecimiento de México.

Tome nota: Goldman Sachs recortó sus pronósticos para la economía mexicana y prevé una caída de -1.6 por ciento; Credit Suisse había sido el más severo pues calculó una contracción de -4.0 por ciento; Barclays del -2.0 por ciento; Moody´s en -1.5 por ciento.

La semana pasada Bank of America (BofA) había considerado una contracción del -0-2 por ciento para la economía mexicana, pero corrigió y formuló un nuevo pronóstico de peor magnitud, el desplome de -4.5 por ciento derivado del efecto del coronavirus.

¿Y Plan de Contingencia Económica, apá?