Diario del año del coronavirus

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Jueves 19 de marzo, 2020.

Ayer por la tarde-noche aumentó el nerviosismo por la filtración del dato de la primera persona muerta por la infección del coronavirus. No por inevitable no dejó de preocupar. El dato salió primero en un tuit de La Jornada y durante un par de horas se tuvo el temor de que las autoridades usaran todo su poder para ocultarlo. El mini editorial de La Jornada en su contraportada, Bajo la rueda, mostró indicios: “nunca es tarde, señor secretario: un acierto el reconocimiento de la primera muerte por coronavirus”. Primer caso editorial en que se agradece a las autoridades reconocer una muerte por infección. A ese nivel hemos caído.

Por lo demás, era inevitable el reconocimiento. Imposible ocultar muertos, sobre todo si la familia del fallecido no ocultó la tragedia.

El análisis de fechas ahora cobra mayor inquietud: el primer fallecido por el Cvid-19 ocurrió el 18 de marzo, con el dato de que el primer infectado se reconoció el 27 de febrero: en tres semanas el virus se tornó mortal, aunque siempre hay que descontar que la muerte no sólo es por el virus, sino que cuenta la debilidad de salud del infectado.

La relación infección-muerte está siendo establecida: en España ese ciclo trdó ocho días. Ello quiere decir que en México van a comenzar a acumularse las cifras de fallecidos. Ayer miércoles se registró el primer fallecido sobre 118 casos probados, en tanto que en España la primera muerte ocurrió con 165 infectados.

La pandemia se tornará mortal en función de los cuidados o descuidos de las autoridades, En España se permitió la marcha feminista del 8 de marzo con datos de que ya había 674 infectados y sin haberse impuesto medidas de emergencia sanitaria. En México, desde el primer caso de infección el 27 de febrero, se permitieron eventos multitudinarios, el Festival Latino, el puente en playas y concentraciones masivas. Los datos de infectados, no debe olvidarse, se dan en crecimiento geométrico, no unitario.

El primer falleció hizo aparecer, como broma macabra, al ¡desaparecido e invisible secretario de Salud, Jorge Alcocer: a él le tocó la función, vía tuit, de reconocer el fallecimiento y de dar el pésame. Será el primero de varios cientos que vendrán.

Ante la inminencia de mortandad, el presidente de la república dijo que tenía un escudo protector: una estampita que detenía al diablo porque Jesús lo protegía, un dato que luego se aclaró: esas estampitas conocidas como Detente fueron usadas por los cristeros ante las fuerzas revolucionarias en 1929.

Pero el problema no es acogerse a la religión en un país que cada semana idolatra a sus santos con fiestas y que cada 12 de diciembre registra hasta 3 millones de creyentes en la Villa para implorarle a la Virgen de Guadalupe la solución de los problemas propios. Lo malo, en todo caso, ha sido el hecho de que la mañanera en la que el presidente mostro su escudo religioso no es vista por el pueblo de abajo, sino por los grupos activistas que potencian sus tropiezos.

En la primera parte de la conferencia de hoy, el subsecretario de Salud y vocero del coronavirus volvió a referir la división por etapas y la inminencia de más infectados y fallecidos, pero sin anunciar un verdadero programa de emergencia sanitaria. Y el presidente de la república volvió a eludir la presentación de un programa anticrisis por la disminución de la actividad económica y los cierres de negocios. En cambio, la cámara de diputados aprobó una línea de crédito internacional de 180 mil millones de pesos, menos de 10

El México de la crisis social está apareciendo: personas que necesitan trabajo, que no pueden recluirse en sus hogares, que dependen de ir a trabajar, que se tendrán que arriesgar a infectarse, que podrán ser despedidos si sus fuentes de trabajo cierran sus puertas, que dependen del salario semanal, quincenal o mensual, que no podrán poner puestos de comida callejeros porque en diez días disminuirla la presencia de personas en las calles. Ahí está la pandemia de la crisis.

Por lo demás, no habría dinero suficiente para atender a afectados por la pandemia. Y peor si el gobierno no ayudará a las empresas a mantener los puestos de trabajo. Pronto será peor la crisis del desempleo o de escasez de salarios que el de los infectados y muertos por la pandemia.

Ahora viene el primer problema del colapso pandémico; el gobierno federal no se preparó con hospitales, medicinas y personal médico y cientos de infectados no tienen a donde ir. Por ahora las quejas circulan en mensajes grabados en redes, pero pronto van a comenzar las manifestaciones. Ahí es donde se exige un plan de emergencia médica. Por la velocidad de las infecciones, habrá pronto más enfermos sin atención que camas disponibles para satisfacer las exigencias de salud.

El cruce entre las exigencias agresivas de infectados y el discurso ajeno a la crisis de salud del gobierno federal ya se está cruzando. Y por el tono de los primeros indicios, el escudo presidencial de popularidad no le va a alcanzar.