Histeria en EU

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El pánico que afecta a los habitantes de EU no tiene precedente en los muchos años que he vivido en su capital, y en Chicago, cuando era estudiante. Las calles, virtualmente desiertas con la gente trabajando en casa; las escuelas y universidades cerradas; los anaqueles de las tiendas, y hasta los de mi vinatería, vacíos; y peor aún, gente sacando efectivo de los bancos.

Muchas de estas acciones histéricas no tienen sentido, pues acumular rollos de papel higiénico y cajas de cerveza para el consumo normal de muchos meses, es absurdo, como lo es también sacar del banco mil billetes de 20 dólares porque se les habían acabado los de 100.

El letargo de la inacción gubernamental causado por Donald Trump que decidió ignorar la pandemia y minimizar sus secuelas, atribuyendo las causas a un complot extranjero promovido por sus enemigos, ya terminó y fue suplido por agresivas acciones de política económica.

Su banco central, el Fed, se adelantó anunciando la reducción de 1% en su tasa de interés de referencia, con lo que la trae de regreso a casi cero, y varios mecanismos adicionales para inyectar liquidez a la economía mediante la compra de instrumentos de deuda.

El Congreso aprobó un paquete de gasto adicional de emergencia, que aún no está claro cuanto costará pero que fácilmente puede llegar a 1 billón de dólares (trillion en EU), que incluye asueto pagado por enfermedad, prueba gratuita del virus, más recursos para comidas gratis para los indigentes, y pagos en efectivo para todas las familias, de mil dólares o más, en las semanas próximas.

Estas medidas pretenden atacar el pánico y contener la abrupta caída en el gasto de consumo a resultas de la clausura de buena parte de los comercios, restaurantes y bares, teatros y otros sitios públicos de entretenimiento, que han cerrado en todo EU.

En adición, intentan neutralizar el derrumbe ocurrido en las bolsas de valores, de alrededor de 30%, lo que representa una extinción de valor de 10 billones (trillion en EU) de dólares, algo así como 9 veces el PIB anual de México a la paridad previa a su colapso, que hasta ahora es de 25%.

Habrá que ver la eficacia con la que el gobierno de Trump, que hasta hoy ha exhibido una gran ineptitud, logra aplicar la nueva política “estimulante,” y hay que ponderar también los efectos de mediano y largo plazo de políticas monetaria y fiscal que duplicarán el déficit público, que era ya de 4.6% del PIB.

Es una paradoja notable que el demagogo que llegó apoyado por la más extrema derecha de su país que solía ser enemiga de la intromisión del gobierno en la economía, esté adoptando medidas keynesianas de déficit y deuda publica enormes y una política monetaria hiperactiva, cuando prometió justo lo opuesto.

El charlatán está pensando (es un decir) sólo en su reelección, y que luego pase lo que tenga que pasar, pues como dijo John Maynard Keynes “en el largo plazo, todos estamos muertos”.

Mientras tanto en México, bajo el férreo timón de su inmune líder, ¡no pasa nada, todos felices!