El troleo como acto mágico

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En 2008 fui invitado a una universidad pública de un estado a una mesa redonda sobre la reforma energética que promovía en ese momento. Entre los asistentes, había seis estudiantes sentados en fila, mostrando desafiantes una fotografía de López Obrador a lo largo del evento. Más allá de quedarme pensando si los jóvenes esperaban honestamente que nos espantáramos, que vomitásemos sangre o entrásemos en combustión espontánea, me di cuenta que el pensamiento mágico es, lamentablemente muy común en la política.

Los supuestos del pensamiento mágico son los mismos desde tiempos inmemoriales: amplificar la voluntad de una persona para que algo se cumpla, generalmente como favor de una divinidad, y ayudado siempre por un mediador que puede ser un chamán, un brujo o un sacerdote. De esa forma, si se desea con fervor, se apelan a los espíritus adecuados y la ceremonia la realiza alguien acreditado, el deseo se concederá.

Algo muy similar estamos viendo en las redes sociales, a partir del clima de división social que ha generado el presidente. Por una parte, es visible la estrategia de los voceros oficiales u oficiosos por denostar a quienes no forman parte de quienes, según los cánones del discurso populista, no forman parte del “pueblo”: fifís, conservadores y otros adjetivos. Eso se entiende de gente que, por consigna, trabajo o conveniencia, se encargan de mantener un clima de encono y una narrativa providencial.

Sin embargo, quienes no simpatizan con el gobierno están recurriendo a una especie de pensamiento mágico: divulgar por todas las redes sociales memes igual de ofensivos en contra del presidente y sus seguidores, apodándolo “el cacas” y diseñando memes ofensivos o simplistas, esperando que eso amplifique su repudio y lleve a su caída. Incluso llevan semana tras semana desde diciembre de 2018 posicionando cada pifia del ejecutivo como una señal de su derrota inminente, preludio del rechazo popular. Todavía más, cuales brujos desarrollan artes adivinatorias, interpretando cualquier señal, por más nimia que fuese, que confirme su profecía, desde el lenguaje corporal, apariencia física o la misma propaganda. Pero no se les diga lo banales que son, porque entran en colera.

Al hacer esto, lo único que generan es afianzar las convicciones de quienes apoyan ciegamente al gobierno, al confirmar que están bajo ataque constante de los “conservadores”, la “mafia del poder” o cuanto hombre de paja posiciona el ejecutivo. Por otro lado, quienes son neutrales a cualquier posición no serán necesariamente opositores si ven que el gobierno es atacado inmisericordemente: la experiencia ha mostrado que, al contrario, tienden a apoyar a quien ven como víctima. De esa forma, los combativos y “entrones” acaban siendo los mejores propagandistas a favor del régimen.

Lamentablemente la política no es cuestión de voluntad o magia, sino de conocimiento, estrategia y cabeza fría. Sobre todo, es responsabilidad del individuo conocerla para intervenir asertivamente en sus procesos. Cualquier intento por ignorar esto, o suplir el método por ocurrencias siempre ha llevado al desastre. Aunque no es una ciencia exacta, sí hay un método de contraste y cuestionamiento para alcanzar un resultado.

Bajo esta premisa, ¿qué se puede hacer? Primero, reconocer que las redes sociales tienen algo de poder mientras no se les banalice. ¿Cuál es? Justo lo que hacen los maestros del spin del gobierno: tejer una narrativa que sustente al régimen. Si se siguen los métodos de los voceros oficiales y oficiosos del régimen, se terminará jugando en su cancha y bajo sus reglas. Comparto dos líneas de acción.

La primera, haciendo crítica sin hacer que ésta trate exclusivamente del presidente. Si personalizamos los ataques, el sexenio tratará de una persona. ¿Qué tal si se manejan cuestionamientos de toque satírico, como se ha planteado en este espacio? La sátira sigue un método y toma algo de tiempo elaborarla, pero es mejor que los vómitos de bilis que vemos en las redes.

En segundo lugar, tejer una narrativa propia, que aspire a ser tan atractiva como la oficial. Hay algo de eso en la cuarentena que se ha ido imponiendo entre la ciudadanía, sin la convocatoria del gobierno. Falaría un mensaje de empatía y muestras de solidaridad con quienes viven al día y por ello no pueden parar. Eso ayudará enormemente a tejer una nueva visión de “nosotros” que tanto urge.

¿Difícil? Es trabajoso, cierto. Sin embargo, es mejor que seguir siguiendo a los chamanes.