El 9 de marzo no existe para López Obrador

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Ha sido pasmoso oír la conferencia de prensa matinal del presidente la mañana siguiente al paro nacional de mujeres del 9 de marzo. Apenas referido tibiamente el asunto, sin más posicionamiento del jefe de Estado que congratularse de que no hubo violencia (sic)  y de que no cambiará su política atendiendo causas de la violencia contra ellas (solamente). O sea, como si nada. O sea, sordo y eso es grave.

Ha perdido López Obrador una gigantesca oportunidad de contribuir decididamente a frenar la violencia hacia las mujeres y de abanderar la causa. Así lo acusaran de raptarla, que al final con ella pudiera fijar metas claras de abatimiento. Pero no.

Uno esperaría una reacción contundente de su parte, justo como la que ha tenido una amplia capa de la sociedad mexicana ante la convocatoria de paro, más las mujeres desde luego, frente a la violencia contra la mujer.

No ha sido posible y no podrá ser, a juzgar porque no hay una respuesta oficial igual de contundente, tibia siquiera, ante el problema y ante la marcha y el paro. Esta vez López Obrador ha perdido una oportunidad de oro consistente en encausar para resolver, no para administrar políticamente, el tema de violencia contra las mujeres. López Obrador ha estado ausente. Si está presente, no se nota.

No ayuda las divagaciones. Poco aporta decir que se tiene el primer gabinete paritario de la Historia si la violencia es una constante y no cesa. Es un logro tenerlo, sí, pero hasta ahí.  No basta, por mucho no basta. Luego podríamos poner el acento en la eficacia de las funcionarias que lo componen. Que todo entra a debate, después de todo. De momento. lo que muestra es las manos vacías para atender el problema, que no es sino un caótico asunto de otro mayor: la violencia generalizada, y sí, con sus tintes, dinámicas y efectos propios, desde luego.

Se esperaría que desde un gobierno de izquierda, con tres campañas presidenciales a cuestas, previas; aquellas que pulsaron al país por 12 años, y supieron de su deterioro y de la violencia contra las mujeres de múltiples maneras, hubiera mayor simpatía –no confundir con la palabrilla de moda, empatía– hacia el movimiento, simpatía que se reflejara en acciones puntuales y cabales. De izquierda, por aquellos  a los que les da tirria que la derecha tome iniciativas. Pues que las ponga la izquierda, que ahora ha callado. Cabría esperar de un equipo de izquierda mostrando simpatía por el movimiento feminista –que tampoco es uno solo y es excluyente a tramos contra quienes entre ellas no piensan igual ni comparten los mismos valores u objetivos ante la triste carencia de una agenda común– es que este gobierno ya debería de estar apostando soluciones y acciones concretas para encausar sus demandas como política pública, política de Estado. Y no.

Máxime que la sociedad en su mayoría apoyó o marchó y un día después, secundó la paz en un paro nacional desde las mujeres. Las violentas cada vez son más focalizadas y van desquiciadas a contrapelo de un discurso mayoritario que ha lanzado el claro mensaje firme de un ¡ya basta! pero no como apuesta a una violencia sin articulación o anarquista a pintar  monumentos, que eso es lo facilón y no el cambiar mentalidades, ya que además aquellos en algo se parecen a la mujer sin ser lo mismo: también merecen respeto. Son neutrales y eso como respuesta a un baturrillo discursivo de que son símbolos de patriarcado y Estado machista. Lo serán para algunas de ellas, lo que no quiere decir que eso sean para todos y por los que no, cabe responderlo en otro sentido, ya que los discursos para parecer contestatario o políticamente correcto, no necesariamente son de unanimidad y a ese del simbolismo de monumentos que merecen pintarrajearse, le cabe decírselo. Y deploramos primero y más, que las maten. Y que los pintarrajeen.

Así que atendiendo a los reclamos puntuales y certeros, visibles en el rostro e ineludibles, se esperaría una respuesta o un conjunto de respuestas acertivas y asertivas desde el Estado.  No podrá ser, ya se ve.

Y que nadie se equivoque: no se trata de que la violencia generalizada contra mujer, en sus distintos estamentos y realidades, acabe de un día para otro. Y que López lo haga, que no está donde está esperando que sea un gran estadista, sino que esta allí para que echara al PRI, porque era necesario que sucediera. Simplemente, este gobierno carece de una estrategia y eso es en perjuicio de toda la sociedad, que por su parte debería de haber ya estructurado acciones más concretas para contribuir a paliar esa carencia. Rectificar desde el Ejecutivo, sería deseable, aunque fuera tardía la reacción.  

Y sí, que las oposiciones aprovecharán el vacío dejado por López en su necedad y desdén, sí, porque eso es parte del juego político. El que suelte el balón se arriesga a que deja que otro lo patee; pero eso ya no es culpa de las oposiciones. Al contrario, si saben hacerlo, encausarán los reclamos. No necesariamente para resolverlos, faltaba más si no lo hicieron antes, cuando gobernaron y dejaron crecer el problema hasta desbordarse, pero abanderarán la causa –si a su vez el feminismo se deja engatusar sin más o no sabe defender posturas que se traduzcan en políticas públicas, cosa alto probable que también suceda– de forma tal que desde una objetiva postura de gobierno, debería de ser una respuesta contundente. En todos los casos, las mujeres perderán si no se actúa a fondo.

En los detalles, la conferencia mañanera del día después del paro, aborda el tema al minuto 27:57, sin un mensaje puntual, de cambio y ofrecimiento de detalles en el actuar, con frases hechas, desdeñantes, felicitándose de que fueran acciones pacíficas y por el derecho a disentir (con el propio liderazgo convocante desde la presidencia de a República, se entiende) pero hasta allí. El llamado a la no violencia y a recordar sus años de opositor no son la respuesta requerida y esperada, necesaria o útil ante el hecho de que las siguen matando. Ni siquiera hubo una propuesta. Y quede claro a todos: el 9 de marzo ya fue. Tanto activistas, como gobierno, como la sociedad en su conjunto, deberían ya de avanzar en su discurso y algunos actores persisten en no hacerlo. Les reditúa más su ceguera. Algunos no lo han cambiado y siguen repitiendo como tarabillas, axiomas que el 9 de marzo ya superó. Activistas, incluidas. 

El problema es tal que rebasa las instituciones y si estas no lo abordan, es fatal. Y ahí el responsable es el jefe de Estado que encabeza conferencias de prensa en que no posicionó el tema adecuadamente, no lo es de la derecha. Y eso está sucediendo desde la presidencia. Y ahí sí, ya no es cosa de izquierdas o derechas, sino de capacidad de reacción. Mandar el tema que ha paralizado a un país de manera notable enclaustrando a su mujeres el 9 de marzo, al minuto 28 para no formular un posicionamiento puntual e ineludible del gobierno de la República, no de López, de su gobierno al completo que suponga emprender acciones, deja mal parada a una izquierda que supondríamos, por su tradición, que sería sensible y que articulase un plan claro de respuestas. No es el caso. 

Y en efecto, si persiste la mirada lasciva, la idea de minimizar a la mujer, de no respetarla y matarla sin más, o la idea patriarcal de protegerla en vez de atacar el mal sano derecho inexistente a mancillarla, no habrá marcha ni paro que sea triunfante del todo. Ese es el reto.  Que nadie se equivoque: quien escribe también tiene sus muertas, así que de entender el movimiento, lo entiende. Lo que no se entiende es mantener posturas desde aquel, que ya deberían replantearse las cosas.  

Dígase: La gente de a pie vota y lo hace mirando también resultados. Resultados de acciones, no discursos. Que nadie lo olvide. Las mujeres son las más del padr

ón electoral. Convendría no minimizarlas como fuerza política. Al final, las siguen matando, que es lo destacable y eso lo están valorando. 

Que el Ejecutivo no mueve un ápice de su estrategia por combatir causas, dice,  descorazona, porque también la prevención requiere de reacción y de contener el fenómeno. Y no se observa. No hacerlo solo supone que la mujer al completo, es la que pierde. Y arrastrará a este gobierno a que le suceda lo mismo.