La trampa del “final del sexenio”

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Como se he escrito en los últimos días, posiblemente el gobierno de Andrés Manuel López Obrador llegó a su final, entendido como la imposibilidad por cumplir sus promesas de campaña, tras su incapacidad para combatir la corrupción o abatir la inseguridad. Lo anterior, aunado a una crisis económica global. A partir de este momento, como parece ser, el gobierno se dedicará a navegar “de muertito” y tratar de garantizar que al menos Morena repita en 2024.

Sin embargo, esto no significa que vuelvan pronto los políticos que fueron desplazados en 2018. Es más, esperemos que eso no vuelva a suceder. Tampoco se quiere decir que Morena y sus políticos desaparecerán en 2021 como un mal sueño, Mucho menos deberíamos pensar que las cosas serán como hace casi dos años.

Si López Obrador se mantiene gracias a su capacidad para movilizar emociones, sean del orden que sean, y se apoya en un discurso polarizante, la creencia de que el sexenio acabó puede llevarnos a cometer errores catastróficos. Imaginemos, por ejemplo, que comience a convocar consultas de alto impacto mediático, como el juicio a ex presidentes. En este sentido, la revocación del mandato será un gran momento para relanzarse rumbo a 2024, esté o no en la boleta.

Incluso podría acusar a grupos nacionales o extranjeros de boicot. ¿Es la gente demasiado inteligente para creerlo? Maduro mantiene a sus leales en Venezuela haciéndoles creer que Estados Unidos les declaró una guerra económica. Y la izquierda de Iberoamérica sigue creyendo que Cuba está “bloqueada” por nuestros vecinos del norte, cuando en realidad ese país boicoteó a sus empresas para invertir.

Pero por encima de todo, Morena tiene un grupo de fieles que, aunque no mayoritarios, pueden garantizar la victoria en 2024. Gústele a quien le guste, en este partido se están formando cuadros que estarán vigentes en la política nacional durante las próximas décadas, aunque no necesariamente son los perfiles más visibles en este momento. El reto será ayudar a que se afiancen liderazgos moderados, y el primer paso para ello dependerá de reconocer que ese partido no está formado por gente tonta, sino de personas que eligieron a ese instituto político para cumplir sus ambiciones. Sólo así podremos distinguir a los deshonestos y tratar de aislarlos.

La oposición se encuentra en el total descrédito y no han aprendido que la oposición a ultranza es inútil. Por una parte, la tecnocracia aún no describe que sirve de poco tener la razón en un entorno donde imperan las emociones. En este marco, cualquier argumento que no sepa comunicarse, acompañado de la autocrítica, será descalificado como otro intento por “defender privilegios”.

Por más que deseemos creer lo contrario, el sistema de partidos colapsó en 2018, y se irá reconstruyendo a partir de 2022, fundamentalmente a través de las estructuras locales. Ayudará la posibilidad de reelección inmediata de legisladores y autoridades municipales, en la medida que los ciudadanos sepamos aprovechar esta herramienta que nos empodera. También será necesario replantear las reglas electorales, pues ayudaron a entronar a políticos que no ganarían una elección en las condiciones de competencia de otros países.

En todo caso, el pasado está muerto. No sirve esperar a que el presidente cometa un error para sacar a Morena del gobierno. Si no hay una alternativa igual de atractiva, tendremos en el mejor de los casos un gobierno débil y sin una narrativa como el de Macri en Argentina, que llevó al peronismo de vuelta. En el peor, un golpe de péndulo como Bolsonaro en Brasil.

Si queremos salir de esta dinámica, todos tendremos que ceder algo, sea en argumentos o privilegios. El inicio será que cada uno de nosotros comencemos a pensar la política en términos estratégicos y no personalistas. Nada se podrá hacer si no asumimos nuestra responsabilidad individual. De eso se seguirá hablando la próxima semana.

@FernandoDworak