La ingenuidad romántica

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Fiel a su tradición, el gobierno ya ensució el proceso de selección de los cuatro futuros consejeros electorales.

Y lo hizo por medio de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la cual agrega a los cuestionamientos de ilegalidad de su actual presidencia, las evidentes torpezas en la operación cotidiana.

Con ánimo de benevolencia, podríamos decir que la CNDH está en manos de una mujer inexperta en asuntos jurídicos, administrativos y del servicio público. Otros diagnósticos sobre su comportamiento y estilo personal, su lenguaje, su escasa articulación, llegarían mucho más allá. Pero no tiene caso mojar sobre lo llovido.

Cuando se anunció con platillos y tambores la composición de un Comité Técnico para revisar las propuestas de candidatos (as) a las posiciones pronto vacantes en el INE, muchos se creyeron —con ingenuo romanticismo—,  la posibilidad verdadera de una conducta democrática, estéril,  aséptica, limpia como una patena. Otros descreímos del procedimiento.

La imaginaria abolición  de las cuotas de partidos en la selección de los candidatos, simplemente se desplazó a la imposición no de los partidos, sino de EL partido, para conformar el comité y después incidir en  sus decisiones. Fue una forma de revolcar a la gata. Y la intención quedó comprobada con la propuesta de ­John Ackerman, quien es un activo incansable en la promoción propagandística de la Cuarta Transformación.

Pero si la intención resulta de suyo censurable porque se trata de un militante incrustado además en la formación de cuadros y otras labores en los medios, siempre en favor de una idea política (a lo cual tiene derechos plenos), la forma como hacen las cosas, entre la torpeza y el cinismo, resulta todavía peor.  Sus intenciones preocupan, sus torpezas, dan risa.

Este comunicado (fragmentos, debido a su extensión), es de carcajada:

“Respetuosa de los principios rectores de la función electoral del país, como la certeza, legalidad, independencia, imparcialidad, máxima publicidad y objetividad, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), nombró a Sara Lovera López y a John Mill Ackerman Rose, como integrantes del Comité Técnico de Evaluación del Instituto Nacional Electoral (INE), que será el responsable de calificar la idoneidad de los cuatro nuevos consejeros con los que se renovará el Consejo General de ese Instituto, el próximo mes de abril.

“Este Organismo Nacional Autónomo mantiene y refrenda su compromiso con la democracia participativa y la aspiración de favorecer a un mejor ejercicio democrático con las personas que designó.

“La presidenta de la CNDH, María del Rosario Piedra Ibarra, se ha manifestado no sólo dispuesta y comprometida en asumir como suyos los criterios de selección señalados en la Convocatoria de la Cámara de Diputados al hacer la designación de sus dos propuestas, sino que también planteó agregar dos elementos más, fundamentales y que incluso deberían ser extensivos a los consejeros electorales a elegir.

“Propuso que se acredite su participación y compromiso en la defensa del sufragio y la transparencia electoral, y en general en la defensa de los derechos civiles y políticos; y no haberse desempeñado en algún cargo en el Instituto Federal Electoral, ni el Instituto Nacional Electoral, en los últimos 14 años.

“Sostiene que la idea no es sólo participar, en el marco de la Ley y de la Convocatoria, proceso de suyo fundamental, sino aportar a ese llamado y al proceso mismo de selección de las y los Consejeros del INE para que de verdad se garantice, con quienes resulten finalmente electos, unas elecciones libres, transparentes y confiables.

El compromiso democrático de la CNDH no se agotará en la elección de sus dos integrantes del Consejo, sino que será vigilante en su desempeño del papel al que están llamados a cumplir, y garanticen no sólo un absoluto apego a la legalidad en su actuar, sino que además promuevan la participación ciudadana en todas sus decisiones…”

Ya, hasta el diafragma duele.

Sara Lovera, antigua compañera de redacción hace 40 años, apareció propuesta tras el rechazo de la señora Carla Humprey (quien quiere ser consejera, no calificadora de consejeros), lo cual la matiza con la poco honrosa distinción del plato y la segunda mesa.

Un  ridículo más para la inquilina de San Jerónimo, quien ha batido las marcas de dislates de la señora Rocatti y el doctor (con) Plascencia en un tiempo extraordinariamente corto. Si empieza mal… acabará mal.

UNAM. Y mientras, sin nadie para exhibir, detener o castigar a la “mano negra” (AMLO dixit) tras las agresiones a la UNAM, un batallón de anarquistas toma las instalaciones del CCH Azcapotzalco. Y no ocurre nada.

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