La oportunidad perdida de los demócratas

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Hay un libro que despertó mi interés por la comunicación política: The Political Brain, del neurólogo Drew Westen. Entre las cosas que aprendí fue que no existe un debate exclusivamente racional en temas públicos, y si uno desea ganar debe también ser emotivo.

Entre otras cosas, planteaba que quizás los estadounidenses no votarían por los republicanos si supieran lo que proponen, pero lo hacen porque se dan a entender ante la población. Al contrario, prosigue Westen, los demócratas se pierden entre programas de 10 puntos y asumir que su votante es inteligente. Escrito en 2006, el libro y su autor fueron relevantes para la campaña y el triunfo de Barak Obama en 2008.

Sin embargo, pareciera que hoy los demócratas han vuelto a perder la brújula. En vez de contrarrestar a un demagogo que vive de la polarización a través de un discurso de odio, se han refugiado en el buenismo de un lenguaje incluyente, que termina siendo más segregacionista. Han confundido la creación de liderazgos alternativos con políticos “disruptivos” que sólo son capaces de generar espectáculos y videos de 30 segundos para redes sociales.

Lamentablemente este problema lo comparten la gran mayoría de los partidos políticos a nivel mundial frente a la amenaza del populismo. Tienden a creer que sus posturas algún día triunfarán porque son las correctas, sin molestarse a divulgarlas. En vez de aceptar las fallas del liberalismo y la democracia y apostar por la calibración, hacen como si nada hubiera pasado. Ante la claridad y contundencia de la demagogia, siguen apostando por un lenguaje técnico o simplemente buenista. Y siguen creyendo que los populistas son un mal sueño que pronto desaparecerá, en vez de la realidad: son la cara oculta de toda democracia y se le debe enfrentar mientras se reforma lo que hay que reformar.

Esta semana vimos dos acontecimientos que muestran el agotamiento de los demócratas estadounidenses. Primero, Nancy Pelosi rompiendo el discurso que le entregó Trump. Cierto: habrá sido un agravio el que no la hubiera saludado, pero contestar con un desplante idéntico al del ejecutivo la rebaja a su nivel. De esa forma, si el ciudadano percibe que son iguales, votará por el que perciba como más auténtico.

¿Pudo haber hecho Pelosi algo distinto? Sabiendo que el “hubiera” no existe, era posible dar un mensaje contundente después del discurso a la nación, mostrando extrañeza por los modales de Trump, llamando a la civilidad y proyectándose como una alternativa. Pero bueno… su imagen sigue circulando en memes que representa una victoria pírrica.

Quizás lo mejor que le pueda pasar hoy a los demócratas es que Bernie Sanders ganase la candidatura presidencial, para acabar de acelerar la debacle de ese partido y ver qué tanto puede reconfigurarse con otra generación. ¿Confío en los disruptivos como Alexandra Ocasio-Cortes? Veamos si logra reelegirse para ver si logra tener algo de influencia real.

Pero esto no tendría relevancia si lo que viven los demócratas no fuera una advertencia para nuestra oposición, que sigue la misma ruta de colapso. Y si no hay algún aprendizaje, seguirán por esa vía.