Cosas del sexo

0
132

Juan José Vijuesca

La búsqueda de lo placentero siempre ha formado parte de nuestro enigmático cuerpo serrano. Somos un rompecabezas a pesar de los rayos X y otras técnicas de prospección que rebuscan en los adentros de nuestra institución corporal; sin embargo, entre el llamado punto G y la estimulación de las zonas erógenas se esconden aleluyas que ninguna prueba de diagnóstico consigue determinar no siendo a través del bálano masculino en sintonía de acople con la parte contraria de la mujer. Otros buscan diferentes peajes alrededor de lo mismo, de ahí que la cosa deleitable pueda supeditarse a la atracción carnal desde diferentes ángulos, sondeos, puntos de acceso y de vista, así como técnicas de gozo.

Les cuento esto porque hace unos días una señora sustrajo al descuido una caja que contenía 40 Satisfyers, que no es otra cosa, según dicen, que unos famosos estimuladores de clítoris. La cosa sucedió en una tienda de Callosa de Sarriá, provincia de Alicante y para sorpresa de la susodicha debió creer que el artilugio podría tener buena acogida por su barrio, pues una parte de la mercancía la entregó a un club de masajes y otra la repartió entre vecinas del municipio. Desconozco si la buena señora lo hizo de manera altruista o con fines lucrativos.

Parece ser que el mencionado estimulador sexual tiene muy buena acogida entre las féminas, aunque según ha trascendido alguna de las señoras agraciadas con el “regalo” lo utilizaron para darse masajes en las varices. Al comprobar que aquello no tenía propiedades excitantes lo tiraron a la basura. Otras, según cuentan, cuando averiguaron cuál era su verdadero uso los arrojaron al suelo escandalizadas. Está visto que la cuestión sexual llevada a la autocomplacencia es una terapia que puede convencer según sea el “aparato”, al igual que si el manual de instrucciones no viene acompañado de ilustraciones puede conducir a usos domésticos de dudosa excitación.

En esta mezcla de hurto de lo ajeno y curiosa manera de consolar a desfavorecidas del sexo, surge doña Clara Serra, exdiputada en la Asamblea de Madrid, por Podemos, quien ha ensalzado la figura de esta heroica mujer autora del robo de los 40 Satisfyers: “Se merece una estatua y una calle”. No obstante, doña Clara ha matizado que robar está mal en general, pero exculpa a dicha infractora si su intención era la de repartir el botín entre sus vecinas. “Es la Robin Hood del feminismo”, ha señalado con entusiasmo.

Como es sabido la figura de este mítico héroe de la Inglaterra medieval viene precedida por su fama de ser el mejor arquero de su época a la vez que un gran defensor de los pobres y oprimidos. Uno de esos luchadores de la justicia que vaciaban las arcas de los ricos para dar de comer a los obligados al ayuno diario. Ahora bien, no me imagino a la hurtadora de Callosa emulando a los arqueros de los bosques de Sherwood desafiando a la actual clase política con toda suerte de vibradores, consoladores o los referidos estimuladores Satisfyers en vez de hacerlo con las flechas de toda la vida, que tan buen resultado les dio a los sajones de Robin Hood frente al malvado sheriff de Nottingham y sus secuaces normandos.

Cabe recordar que entre aquella época tan medieval y nuestro Siglo de Oro, estos entretenidos pasajes me aventuran a la erótica de la sátira que tan buen rédito nos dieron, pues habrá quienes digan cosa contraria, pero la conducta humana no ha evolucionado tanto en lo de dar gusto al cuerpo. El uso de estimuladores no en vano puede redundar en beneficio de la duda, otra cosa distinta nos haría caer en sospecha de desatenciones por parte de ciertos hombres hacia sus mujeres cuando de por medio andan los placeres de lo conyugal. De manera que a día de hoy notorio sea el uso de tantos relicarios modernos para atemperar los calores de ciertas partes del cuerpo. Estimuladores son llamados para llenar espacios en donde otros dejan huecos, y nada de extraño tiene que las féminas tengan a bien compensarlo con dos narices, aunque algunas de ellas crean que son utensilios para aliviar las varices.

De justicia es decir que a partes iguales llegan los desencantos, hay mujeres que reconocen dar a sus maridos ciertos desplantes toreros cuando éstos requieren de carnal ajuntamiento: “Ay qué dolor de cabeza tengo” o “¡En eso estaba yo pensando ahora, con lo que tengo que hacer!” Por eso digo que necesario se hace en encontrar consuelo, de ahí lo del consolador o consoladora, porque lo de las muñecas hinchables también juega un papel importante en la sociedad actual. Pero eso será para otra ocasión, aunque ya verán ustedes como a no tardar estas féminas de silicona terminan cobrando una paga no contributiva gracias a este gobierno. En fin, entre unas cosas y otras estamos en un sinvivir.

Compartir