Mortadelo y Filemón, en La Moncloa

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Joaquín Vila

Los guionistas que habitan La Moncloa han escrito un relato de las populares andanzas de José Luis Ábalos que nadie podía imaginar. Parece una historieta de Mortadelo y Filemón, pero sin gracia. Según ellos, el dirigente socialista concertó una cita con su gran amigo, el ministro de Turismo de Venezuela, aprovechando que venía a Fitur. Y se les ocurrió que lo mejor era reunirse en el aeropuerto de Barajas en la madrugada del domingo. Un agradable lugar y una buena hora para una noche gélida, negra y con el viento aullando. Y para allá se fue nuestro ministro tan ufano. Nada más llegar, se llevó la primera sorpresa. Un grupo de policías españoles discutía con los asesores de Delcy Rodríguez, la mano derecha de Nicolás Maduro, de la que parece ser, nadie conocía su presencia en la terminal de Barajas. Todavía se desconoce oficialmente el motivo. La bronca se produjo porque la vicepresidenta chavista pretendía darse un garbeo por las instalaciones aeroportuarias, pese a tener prohibido pisar suelo europeo tras la sanción del Parlamento europeo por atentar contra los derechos humanos. Si lo hubiera hecho, cosa aún sin aclarar, la policía española tendría que haberla detenido. El “conflicto diplomático” podía estallar. Se mascaba la tragedia, según las novelescas fuentes de La Moncloa.

Siguiendo con el relato del Gobierno, José Luis Ábalos, al encontrarse con el bochinche, se vio obligado a intervenir. Llamó a Grande Marlaska para que le asesoraran los expertos policiales. Y luego, en un gesto heroico, se encaminó a pecho descubierto al avión privado de la ya conocida Delcy Rodríguez para impedir que incumpliera la ley. El ministro español desparramó todos sus encantos y parabienes sobre la vicepresidenta venezolana, lo que atemperó sus nervios. Y es que la pobre mujer se había quedado muy afectada al no poder hacer unas compras por el aeropuerto. Luego se acomodaron en los mullidos sofás de cuero del jet. Y entre refresco y refresco y, tal vez, algún chupito de ron cubano, la amistosa charla duró más de hora y media. Se desconoce de qué hablaron, pues no se trataba de un encuentro oficial, fue una “mera casualidad”. Siempre según el épico relato de La Moncloa, fue un mero “accidente fortuito” que un ministro de total confianza de Sánchez hablara largamente con la vicepresidenta de Venezuela, mientras Guaidó, de gira por Europa, estaba a punto de llegar a España. Se desconoce también si Ábalos llegó a saludar a su “amigo personal” venezolano, después de su estancia en el jet.

Pedro Sánchez ha querido escribir el último capítulo de esta historieta cómica protagonizada por su Gobierno y la vicepresidenta venezolana. Y con la solemnidad que le acompaña, ha declarado que su fiel ministro “logró evitar una crisis diplomática”. Será con sus amigos chavistas, porque las cancillerías occidentales, con EEUU a la cabeza, han tachado el encuentro entre José Luis Ábalos y Delcy Rodríguez como “un grave error”. Tan grave como la actitud de Pedro Sánchez al rechazar reunirse con Guaidó, a quien Felipe González, Vargas Llosa, más de sesenta democracias occidentales, los dirigentes socialistas más sensatos y toda la oposición española reconocen como el presidente legítimo de Venezuela. Y también así le consideraba Sánchez antes de que Podemos tomara el Consejo de Ministros.

El relato de La Moncloa resulta ridículo. Hay que desmentir que su autor haya sido Francisco Ibáñez. Ni a él se le hubieran ocurrido tales disparates. Aunque resulta evidente que los guionistas se han inspirado en las andanzas de Mortadelo y Filemón. Se desconoce si Ábalos es uno u otro. Pero se sabe que las ocurrencias de Pedro Sánchez han sido el hilo argumental del ridículo guión. La comedia que ha escrito el presidente del Gobierno es falsa, chunga y no tiene gracia. Ha intentado ocultar un gravísimo error, “una crisis diplomática” provocada por él, con una retahíla de tonterías y mentiras. Y ha evitado entrevistarse con el presidente encargado de Venezuela por miedo a que Iglesias le diera una colleja. Ni España ni Venezuela se merecen protagonizar un cómic como este. Pero el Gobierno de coalición va como la seda. Viento en popa hacia el futuro.