En defensa del liberalismo

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El fracaso de la justa electoral del lunes, en el estado de Iowa, con el que cada cuatro años arranca la temporada para elegir candidato presidencial en el peculiar sistema político de EU, seguramente evitó que ganara el anciano cascarrabias Bernie Sanders, senador socialista del estado de Vermont.

Resultó que el inescrutable proceso de los “caucuses” de Iowa, un estado poco representativo del mosaico que es EU, no logró ofrecer resultados parciales sino hasta 24 horas luego de cerrar la votación, cuando ya la atención de los medios se centraba en el mendaz informe anual del presidente Trump ante el Congreso, que predeciblemente fue un rollo insufrible, lleno de autoelogios e inventos.

Así, se reforzaron las dudas sobre la calidad del sistema electoral de EU, que ya estaba bajo una negra sombra de duda por la penetración rusa en definir la elección presidencial de 2016 a favor de su títere, Donald Trump, y que según muchos expertos es muy inferior al sistema mexicano, ahora bajo fuego hostil.

El problema de una victoria de “Bernie” o de Elizabeth Warren, que es una calca de su ideario gobernícola y expropiatorio y que encabezaban las encuestas, es que les habría dado un gran impulso a sus aspiraciones, pues las estadísticas muestran que la victoria en Iowa casi siempre lleva a la nominación presidencial del Partido Demócrata.

¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI resurja una propuesta política fallida, que llevó a la esclavitud y muerte de miles de millones de personas? Hay dos razones: la profunda ignorancia de la historia; y que los neosocialistas engañan con sus lindos ideales nórdicos, muy remotos a lo que ellos de hecho proponen.

Por fortuna, la sabia y fecunda mente de la economista Deidre McCloskey (DMc) llega al rescate con un nuevo libro titulado Por qué el liberalismo funciona: Cómo los auténticos valores liberales generan un mundo más libre, equitativo y próspero para todos, un sonoro mentís a los detractores del liberalismo, sean socialistas, populistas o fascistas.

DMc empieza por evocar que el muy denostado liberalismo logró elevar el ingreso real por persona de los más pobres en casi 3,000% desde 1800: comida barata, vivienda cómoda, alfabetismo, antibióticos, aeroplanos, educación generalizada, y tantos otros bienes que no había antes.

Esa época, que el autor bautiza como del Gran Enriquecimiento, no implica que no haya nada más que hacer para acabar con las desastrosas políticas que mantienen a los pobres en su lamentable condición, que son, en esencia, las que condena con vigor el liberalismo.

Se trata de un texto que rechaza las denuncias que oímos a diario que “el neoliberalismo es la fuente de todos los males, sinónimo de corrupción, de que haya tantos pobres, y que sólo funciona en beneficio de una élite deshonesta y voraz y en perjuicio del pueblo.”

En entregas futuras, trataré de desacreditar la falaz demagogia de estos asertos, apoyado en el magnífico texto de quien hace muchos años me dio una gran clase de economía, DMc.