Análisis semanal: 27 de enero

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Dos temas se han vuelto la piedra en el zapato de la administración del presidente López Obrador, crecimiento económico y seguridad pública, y en ambas la retórica propagandística busca restar importancia a las críticas.

No obstante lo anterior, queda claro que se trata de asignaturas pendientes o temas con los que el mandatario va a tropezar una y otra vez, pues ante la necia realidad –más de lo que el propio titular del ejecutivo federal dice de sí mismo– el uso de distractores o de propaganda para ocultar las fallas en estos temas salen a relucir con una frecuencia preocupante.

Y es que por más de que se trate de negar que, pese al discurso anterior en su faceta de líder opositor, no sólo se sigue culpando a administraciones pasadas, sino que no se ha hecho algo significativo para resolver alguna de estas problemáticas ya con el poder en la mano.

Y es que anteriormente, tanto se criticaba a los gobiernos de Calderón y de Peña Nieto por el insuficiente crecimiento y la violencia derivada de la inseguridad, que se votó por quien –se pensó– tendría las soluciones, algo que los mexicanos seguimos esperando.

Y no es por atacar –como piensan sus defensores– al mandatario o buscar que su gobierno fracase, pero se le eligió para resolver los problemas que tanto criticó y hasta el momento es lo que menos ha hecho.

Sin duda, se trata de algo que los fanáticos lopezobradoristas no han sabido explicar.

La imagen de la semana

En 2017, AMLO se quejaba del trato que recibían los migrantes centroamericanos que intentaban cruzar México, y ahora…

 

El meme de la semana

Conspiracy theory

Es triste el caso de la investidura presidencial. Se trata de un tema que es poco analizado en las discusiones públicas, prácticamente nadie se queja de que es algo afectado cuando el presidente en turno aparece ataviado con múltiples adornos propios de comunidades en las que esto sólo se utiliza en escasos ceremoniales, ni que decir cuando el actual mandatario se sometió a una “limpia” luego de su toma de posesión.

La cantidad de fotos que muestran a un jefe de Estado con coronas de flores, panes en la cabeza y otros adornos, debería motivar a una reflexión no sólo acerca de si esto es necesario, sino de la imagen que proyectan de la institución presidencial.

Pero para acabarla de completar, es el propio López Obrador quien alude a la defensa de la investidura presidencial para no recibir a los Le Barón y a Javier Sicilia, aunque tampoco se queja por la manera en que dicha investidura se ha visto afectada por tanta parada en las carreteras para comer barbacoa.

Tal parece que la investidura presidencial es algo que ni el propio presidente puede definir con claridad.