Se le escurre a Claudia el sindicato

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La tan anunciada batalla campal entre el Gobierno de la Ciudad de México y su sindicato por el control de la burocracia inicia hoy, y se empezará a ver en qué cabeza se acumulan más chichones.

En julio pasado, la administración del Claudia Sheinbaum operó la destitución de Juan Ayala como líder del Sindicato Único de Trabajadores del Gobierno, por haber obtenido, “ilegalmente”, su tercera reelección consecutiva; la verdad, fue por haber apoyado al PRD.

El camino para anular al hoy exdirigente fue una denuncia contra el acto donde Ayala se reeligió, mismo que el Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje calificó de ilegal y ordenó reponer el proceso; en la reposición —el 11 de julio de 2019— fue destituido.

Hasta ahí, la jugada del gobierno capitalino y sus aliados había sido maestra, pero, en lugar de poner a un encargado de despacho para que llamara a nuevas elecciones, se dejaron convencer de nombrar a un interino.

Se les hizo fácil dejar que llegara Héctor Castelán y pensaron que nada pasaría, pues el poder del gobierno nadie lo cuestiona. A lo mejor así es… Pero cuando se cuida el desarrollo del proceso.

Lejos de controlarlo, lo soltaron y, cuando se dieron cuenta, la revuelta estaba en marcha.

No hicieron los amarres para garantizar el triunfo de un candidato propio y Castelán operó para los rebeldes. Fue así como se convocó a elecciones para el 9 de enero, de mero trámite —como se pensaba— pasaría a una derrota monumental para el gobierno.

El equipo de Sheinbaum confió en que con una nueva anulación de la convocatoria —que, evidentemente, haría el TFCA— se acabaría el problema y se podría organizar —ahora sí— la primera elección ejemplar de un sindicato en la etapa de la 4T.

Menospreciaron a sus enemigos y estos se brincaron las trancas, desobedeciendo la orden judicial que impedía la elección. Realizaron un proceso gansito —tan común en estos tiempos— y nombraron como nuevo líder a Hugo Alonso.

Claro que este cuate ni ganó ni es legítimo, pero, para ponerlo en su lugar, el costo político que deberá pagar Claudia aumentó y, en lugar de “elección ejemplar”, tendrá que meter la pierna fuerte y torcer algunas manos para poner en su lugar a los rijosos.

Bastaría con reactivar una de las carpetas contra del propio Alonso, de quien dicen que no podría explicar cómo es que pagaba millones de pesos en efectivo a trabajadores de la nómina ocho. O que el juzgado que canceló la elección reclame el desacato, por ejemplo.

De que habrá chipotes y de que el proceso ya quedó manchado, nadie lo duda. Pero los rebeldes se darán cuenta de que sus abogados sólo les habrán sacado lana; la jefa de Gobierno, de que está rodeada de puros inútiles.

 

CENTAVITOS

Y, como no queriendo la cosa, el único que saldrá ganón con este asunto será el expriista Joel Ayala, a quien el conflicto le cayó del cielo. El líder de la FETSE tiene la misión de entrar al quite, poner un directorio provisional para organizar una nueva elección y ser el salvador de la patria. Hoy mismo recibirá la toma de nota del TFCA, reconociendo a su directorio y, cosas de la vida, le toca salvar a Claudia, justo cuando su influencia en la burocracia nacional venía a la baja. Además, le cae también en el momento en que prepara su propio partido político; con esa suerte, que Joel compre un cachito para rifa del avión presidencial.

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