Davos sin México, la Montaña Mágica del nuevo capitalismo de accionistas

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En el 2013, el periodista Andy Robinson publicó un libro revelador: Un reportero en la Montaña Mágica. Cómo la élite económica de Davos hundió al mundo (Ariel). Ahí demostró que la vieja tesis smithiana del capitalismo de mercado había fenecido y ahora funcionaba el capitalismo de socios como destinatarios de las especulaciones. El motor de la economía no era la producción ni el mercado, sino los accionistas de las grandes corporaciones.

La propuesta del presidente Barack Obama a la crisis de 2008 provocada por decisiones de los presidentes Bill Clinton y George W. Bush fue la de salvar a empresas y bancos, a costa de las mayorías pobres. Los bancos y las grandes corporaciones que se estaban hundiendo en la especulación de la burbuja de Wall Street se consolidaron con dinero fiscal y regresaron a seguir especulando sin ayudar a los pobres.

En este sentido, en efecto el presidente López Obrador nada tiene que hacer en Davos, a donde acuden los países pobres o de desarrollo medio a ofrecerse como economías en busca de explotadores. En todo caso, el verdadero desafío que se debatirá en Davos no será el del modelo económico al servicio de los accionistas de las empresas que seguirá latente, sino la llamada cuarta revolución industrial: la genética, las neurotecnologías y la automatización de la producción vía software, todo ello basado en una verdadera revolución educativa y tecnológica en las grandes potencias.

El dilema de México es el de seguir con modelos productivos de intensa mano de obra humana o apostarle a la capacitación para la automatización, en el entendido de que ese dilema se resuelve no con definiciones políticas o sociales como como competitividad. La negociación del Tratado de Comercio Libre 2.0 tuvo en el centro del debate la opción de México de seguir buscando una nueva etapa de la maquilización productiva que ha bajado la participación nacional en los productos de exportación de 54% en 1993 a 37% en 2018 y al lugar 51en el índice general de competitividad.

Davos es una especie de feria mundial de países en busca de inversiones sin retribución económica o social, sólo con el anzuelo de economías dispuestas a la explotación. Los grandes capitalismos se han negado a gravar la riqueza. De acuerdo con cifras de Oxfam en la actualidad ocho personas poseen la misma riqueza que 3 mil 600 millones de personas, es decir, ocho personas acumulan patrimonio similar a la de la mitad de los habitantes del planeta.

Otro dato de Oxfam revela el escenario de los próximos 20 años: en ese periodo 500 personas heredarán a sus familiares 2.1 miles de millones de dólares, una suma similar al PIB de la India que tiene mil 300 millones de habitantes.

Davos, el escenario central de la gran novela de Thomas Mann La Montaña Mágica, ha sido el lugar ideal para evidenciar la crisis mundial del capitalismo. El protagonista de Mann llega a un hospital en esa montaña de Davos a visitar a un amigo, pero se queda siete días deslumbrado por la tranquilidad y la evasión. Hacia el final, los pacientes se abstraen del mundo con lo que Mann caracteriza como “anestesia de los sentidos” –una metáfora para Davos–, hasta que la Primera Guerra lo atrae y el protagonista decide regresar a la realidad.

Como cada año desde hace 50, los asistentes a Davos aprovechan la altura y el aire limpio para discutir la inevitabilidad del capitalismo, solo que ahora en su fase de capitalismo de accionistas. Las asistencias de México desde Zedillo han servido para poco o nada, toda vez que la capacidad de la economía mexicana no da más que para ofrecer inversiones especulativas o fábricas de desecho que requieren de mano de obra, sin que México pueda catapultar el desafío que representa la posibilidad de mayor industrialización que ha traído el TCL y ahora el TCL 2.0 aprobado apenas en el Senado de los EE. UU.

Davos, en todo caso, sirve para reconocer que México carece de un verdadero modelo de desarrollo para la producción, la distribución y el consumo y que no tiene una relación directa entre su modelo educativo con el modelo productivo. De poco sirve ausentarse en Davos si aquí vamos a seguir igual.

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