Sociedad descompuesta y gobierno podrido

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La mente humana es un océano de misterios. En todos las tiempos han existido tratadistas intentando descifrar el por qué el ser humano delinque, por qué tiende a la violencia. Hay especialidades en política y psicología criminal.

Y si resultan dolorosas las causas del por qué el ser humano adulto es capaz de cometer crímenes atroces, más dolorosas son las razones que llevan a niños y adolescentes a matar a sangre fría.

Y solo cuando ocurren tragedias como la vivida la semana pasada en el Colegio Cervantes, en Torreón, sociedad y gobierno voltean la mirada y centran la atención, pero después de unas semanas todo queda en el olvido o como una noticia lejana:

“Un menor de 11 años disparara en contra de dos profesores y cinco alumnos para luego suicidarse; una maestra murió en el lugar”.

Así, como mero encabezado, sin que nadie haga algo por frenar la violencia, la cual ya extiende sus tentáculos hacia la población infantil y juvenil. Es como la misma muerte que no distingue clases sociales, ni edad, ni religión, ni nada.

¿Qué está pasando?

¿Acaso es la era digital? Ahora infinidad de niños, niñas, desde cuando empiezan a gatear se la pasan pegados a celulares o tabletas embelesados en todo tipo de juego puesto en los aparatos; incluso, desde temprana edad entran a redes sociales quedando expuestos a bandas criminales cibernéticas.

Los padres de familia complacen a sus hijos comprándoles celulares, tabletas, videojuegos, con tal de que les dejen tiempo para divertirse ellos también o para trabajar. Lo mismo hacen los tutores. En ambos casos con sus excepciones.

Hay programas de televisión dedicados a protagonizar o a narrar historias de drogas, prostitución y violencia de todo tipo, que según sirven para que los televidentes vean ejemplos de cómo terminan tan mal las personas dedicadas a actividades ilícitas y eviten incurrir en conductas similares. Sin embargo, en ocasiones producen el efecto contrario.

Actualmente hasta las canciones son contenidos de sexo y violencia, siendo las de mayor rating en las programaciones de la radio. Imagínense un cerebro bombardeado las 24 horas del día con contenidos de tal naturaleza.

En la conducta de las personas, sobre todo en la niñez y en la juventud, influye también el entorno familiar; su comportamiento suele ser distinto cuando provienen de familias disfuncionales, cuando son hijos abandonos o huérfanos de padre o madre, cuando tienen padrastro o madrastra.

Los riesgos se agravan cuando además viven en un entorno social miserable, acechados siempre por los anzuelos de las redes de delincuencia.

Tampoco los salva un entorno social de clase alta. Cuántos niños, niñas, adolescentes, terminan en clínicas de rehabilitación de personas adictas a drogas o alcohol, o terminan en hospitales, en la cárcel o suicidándose, porque sus padres se desentienden de ellos porque están muy ocupados en sus negocios o porque son políticos (negocio también).

Vaya, los jóvenes ahora no van a tardeadas, a fiestas, sino van a “pedas”; desde el nombre se sabe el tipo de diversión. Incluso, en ocasiones los mismos padres de familia lo festejan.

Se debe poner más atención en los juegos de niños, niñas, jóvenes. Han ocurrido casos donde se divierten tomándose fotos desnudos o aplicando castigos que pasan del beso inocente en la mejilla a “acostoncitos”.

La niñez ha cambiado las pistolas de agua por pistolas de verdad, y la muerte se está convirtiendo en el juego favorito. Cada vez son más frecuentes los casos de balaceras en escuelas protagonizadas por menores de edad, suicidios en las aulas.

¿Qué pasa?

Y en la grave problemática todos tenemos culpa: Los padres de familia, la sociedad y el gobierno. A veces aquellas personas encargadas de llevar el sustento a su respectivo hogar, lo hacen vendiendo drogas, prostituyendo o armando a menores de edad.

Es un círculo vicioso, donde uno envenena al otro, incluso con la complacencia de las autoridades de alguno o todos los órdenes de gobierno, que se hacen de la vista gorda en la venta de drogas al mayoreo y al menudeo, que consienten la proliferación de antros y que permiten el tráfico de armas.

¿Cómo pues las armas llegan a manos de niños y jóvenes? Alguien los provee o se proveen del arsenal familiar. ¿Y cómo es que en los hogares mexicanos existen armas de alto poder? Seguramente ninguna autoridad tiene la explicación porque no investigan o porque no les conviene indagar.

En fin, padres de familia y gobierno, deben poner más atención en la niñez y en la juventud de nuestro país, implementando programas tendentes a garantizar la seguridad y a salud física y mental de niños, niñas, y adolescentes. Urge en una sociedad descompuesta con un gobierno podrido (hablando de los tres órdenes).

Correo: rosyrama@hotmail.com