Las nuevas máscaras de la corrupción

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Corrupción significa descomposición, es la consecuencia de la perversión per- a través de, por completo) y versus – dado vuelta de algo. Es la modificación equivocada de su origen y objetivo, la corrupción se asocia también con depravación, envilecimiento, desenfreno, lo que es desviado maliciosamente del origen para el que fuere creado – maliciosamente – para distinguirle de las modificaciones bondadosas, cuya diferencia sería, que llevan al mejoramiento constructivo de algo que forman parte de un proceso evolutivo.

La corrupción es el deterioro, descomposición, distorsión, previo a la destrucción, ruina, catástrofe o desastre, de una sociedad o de un pueblo.    

La corrupción, igual que el ser humano, se adapta. Dice la conseja popular, “a todo se acostumbra uno, menos a no comer”, los mexicanos nos acostumbramos a vivir con la corrupción, perdimos nuestra capacidad de asombro y nos acostumbramos a verla, vivir y convivir con ella como parte del paisaje, inmersa en lo cotidiano, aprendimos a sortearla a enfrentarla, y en ocasiones – las más – a beneficiarnos de ella, cuando así convenía a nuestros intereses, pero también aprendimos a identificarla, a señalarla, también cuando así nos convenía, nos arrancamos las vestiduras en un alarido de denuncia, a tal grado que surgieron instituciones que atendían esas quejas, convenientemente para el Estado, en un ejercicio de catarsis curativa para la sociedad, no pocas veces surtió su efecto y de vez en cuando nos ofrecieron chivos expiatorios para satisfacer la demanda de pan y circo que forma parte del habitual escenario nacional. Pero la corrupción se ha adaptado a las nuevas circunstancias y sobrevive. La corrupción ha aprendido a disfrazarse, a enmascarar su rostro y a veces hasta cambiarlo y tornarse en otro, ingenuo y amable, hasta bondadoso rostro, que pretende parecer cándido e inofensivo, para develarse como todo lo contrario.

Por ahí encontramos ahora a la corrupción, encarnada en ignorancia, al frente de grandes responsabilidades, en incompetencia porque, no cuenten con las habilidades, conocimientos o pericia para trabajar en una responsabilidad, cuyas consecuencias, pueden manifestarse en gastos inútiles o superfluos.

Parálisis administrativa por incompetencia o capacidad de decisión, tan maligna como la acción u omisión en temas que demandan respuestas con eficiencia, rapidez y destreza.   

Corrupción por la falta de oficio o vocación de servicio, es también encerrarse a piedra y lodo en los lujosos más de cien metros cuadrados de lujosas oficinas ejecutivas palaciegas – oficinas fifís, pero en eso no se repara porque son oficinas – atornillados a las sillas giratorias de sus escritorios, sin recibir a nadie, a nadie y menos a Juan Pueblo, no vaya a ser que se cuele alguno para pedir trabajo, algún periodista inoportuno, alguien que interrumpa la tranquilidad y el silencio de su despacho, con las evidencias de sus despilfarros y las pésimas decisiones que le cuestan mucho a México.  

Corrupción es también correr a los que saben, para colocar en los mejores puestos y sueldos, a sus cuates, cuyo único mérito fue, endulzarles el oído con alabanzas y lisonjas de augurios de que ¡ya ves! Tenía razón, llegaste a donde te dije que llegarías o a donde quisiste llegar, y seguirás hasta la gubernatura de tu Estado.

Corrupción es pagarles menos o poco, a quienes más saben, para que hagan el trabajo, mientras los zánganos burócratas arribistas recién llegados, disque aprenden a hacer su trabajo, que ni les interesa aprender, mientras los de abajo hagan caminar la rueda de la burocracia.

Corrupción y robo del gobierno, es cuando les pagan nominalmente menos a sus trabajadores o cuando les pagan por honorarios, para pagar menos de cuotas al ISSSTE, para ahorrarse las prestaciones, a que tienen derecho todos los trabajadores, y los fondos que acumulan para cuando soliciten su retiro o un crédito para casa, eso es la mayor corrupción gubernamental, porque no solo es fraude a los trabajadores, también es al fisco y a la seguridad social, la impunidad de robar a sus empleados sin ninguna responsabilidad, recato o remordimiento.

Corrupción es mentir con datos que no se tienen, encubrir los que demuestran a los corruptos y aún así, voltear la mirada, simulando que no se enteran de las evidencias.

Es corrupción aderezada con cobardía, guardar silencio ante las evidencias, y la realidad la derrumba, y se enterca en negarlo, eso hace más hace daño, porque ofende, porque falsea, porque miente y porque cínicamente se sostiene en el engaño.

Mientras se continúe ejerciendo la corrupción impunemente, con estas y otras máscaras, con distintos rostros, la corrupción será la especialidad de la casa y el cambio esperado nunca llegará.

Corrupción es incompetencia, corrupción es no estudiar para aprobar los exámenes de admisión, corrupción y robo es entrar a una institución de educación pública y tardarse más de diez años en terminar una carrera ocupando un espacio de los que si estudian.

Corrupción es sustituir personas y repetir los mismos vicios que se critican.

Corrupción es guardar silencio y encubrir los actos de corrupción de sus líderes y correligionarios.

Cuando se terminen con esa simulaciones, se terminará con la corrupción, mientras, nos dirán eternamente, que estamos en la transición del exterminio de la corrupción, pero nunca con la intención de terminar con ella. Que los lectores digan qué oficina, no es así hoy.  

sadot16@hotmail.com

@EduardoSadot