Los tres dilemas del sexenio (1) PIB o no PIB, el gran desafío

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Aunque su compromiso de campaña fue un PIB de 4% promedio anual dejando la expectativa para siguiente administración una tasa de 6% que se deseaba permanente, hacia finales del 2019 hubo un desdén hacia el PIB porque las cifras se desplomaron de 2% a -0.2%. Pero al finalizar el año el presidente López Obrador retomó el reto y anunció un Programa Nacional para el Crecimiento para llevar el PIB en el 2020 a 2%.

La crítica se dedicó sólo a resaltar el incumplimiento de una meta de campaña. Sin embargo, quedó abierto el debate sobre el PIB: sirve o no sirve, es útil como referencia o no, qué quiere decir y qué no, debe ser o no un programa estructural de la administración.

La cifra de PIB promedio anual de 6% en el largo periodo 1934-1982 sirve para todo y no sirve para nada. En 1969 el economista Enrique Padilla Aragón publicó un libro que sacudió la confianza del régimen priísta: México: crecimiento con pobreza; en efecto, esa cifra sorprendía al mundo porque se había logrado con un promedio inflacionario de 3% anual. Pero el lado oscuro de aquel milagro económico mexicano fue el legado de desigualdad social; hubo crecimiento con concentración de la riqueza y multiplicación de la pobreza.

El reto del gobierno de López Obrador para los cinco años que le restan al sexenio será construir una propuesta de desarrollo con bienestar general, no crecimiento con programas asistencialistas dirigidos e improductivos. El desafío es enorme porque tendrá que revertir la estructura de desigualdad del neoliberalismo salinista 1983-2019 en sus principales indicadores sociales: 57% de la planta laboral en la informalidad, 80% de mexicanos con una a cinco restricciones sociales y 70% de la población marginada con el ingreso igual al 30% de los ricos.

En este sentido, el desdén a la sola cifra del PIB es certero: no basta con crecer, sino que se requiere de la rectoría del Estado –conducción, no sustitución de agentes productivos privados– para crear mecanismos productivos de distribución social de la riqueza, a partir del criterio de que las cifras del crecimiento dependen de la demanda, ésta es el mercado interno y éste refiere capacidad de compra social.

Después de su primer estudio, Padilla Aragón publicó en 1981 uno complementario que también sigue vigente: México: hacia un crecimiento con distribución del ingreso. Su propuesta era que el mecanismo de producción debiera de ser articulado con la distribución de la riqueza para revertir las cifras de desigualdad social. El populismo 1970-1983 distribuyó la pobreza, no generó riqueza social.

En el primer año de gobierno, el lopezobradorismo dio continuidad a los mecanismos de estabilidad macroeconómica, pero no generó mayor riqueza socialmente distribuible. Sus programas asistencialistas atendieron sectores vulnerables, pero no dinamizaron la economía productiva-distributiva. Para ello debió de haber reconstruido el modelo de desarrollo y de credo formas de distribución automática de la riqueza –salarios mayores, reparto de utilidades, servicios sociales–.

El desafío de la política económica del gobierno de López Obrador estará en convertirla en una política de desarrollo: producción con distribución de la riqueza y revertir paulatinamente las cifras de pobreza y desigualdad social, Si no, el PIB será… sólo PIB.

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